El Evangelio de la Prosperidad


 

EL EVANGELIO DE LA PROSPERIDAD

Una Breve Historia!!! (Enfasis a√Īadido por AAMCEPS)

 


A. LOS INICIOS

Es dif√≠cil determinar cronol√≥gicamente el g√©nesis de este movimiento. La mejor manera de contemplarlo es a trav√©s de una observaci√≥n de la manera en que algunos ministerios norteamericanos evolucionaron hasta convertirse en exponentes de estas nuevas ense√Īanzas.

1. LA ENSE√ĎANZA SOBRE LA SEMILLA DE FE

Durante los a√Īos cincuenta, en los Estados Unidos de Norteam√©rica, aparecieron varios evangelistas capacitados con el don de sanidad. El √©xito de sus cruzadas se pod√≠a apreciar en las multitudes que llegaban hasta los m√°s grandes recintos del pa√≠s, para recibir la curaci√≥n de sus enfermedades. La figura m√°s sobresaliente en este √°mbito fue Oral Roberts, quien transmit√≠a sus campa√Īas por televisi√≥n a muchas partes. Debido a los altos costos que demandaba esta empresa, el evangelista se vio en la obligaci√≥n de implementar m√©todos cada vez m√°s eficaces para levantar fondos.

De este modo Roberts elabor√≥ el concepto de que el dar es como sembrar una semilla, que despu√©s al cosecharla, producir√° una abundante prosperidad material. Como la semilla sembrada en el terreno f√©rtil se multiplica en la siega, as√≠ se multiplican las ofrendas de los creyentes que dan generosamente. El desarrollo de esta doctrina qued√≥ en manos de otros l√≠deres de organizaciones semejantes, que requer√≠an millones de d√≥lares anualmente para funcionar. Kenneth Hagin (padre), Jim Bakker, Kenneth Copeland y otros, se encargaron de buscar en la Biblia todas las referencias relacionadas con el t√©rmino ‚Äúsemilla‚ÄĚ para apoyar sus conceptos. El arte de levantar fondos se fue perfeccionando gradualmente hasta convertir a sus cultores en verdaderos millonarios.

2. EL DETERIORO DOCTRINAL

Algunos afirman que los or√≠genes del evangelio de prosperidad no s√≥lo se encuentran en este despertar de la avaricia humana, sino que adem√°s las creencias tradicionales de la fe evang√©lica sufrieron algunos deterioros, durante este per√≠odo. Para el Presidente del Instituto de Investigaciones Cristianas, Hank Hanegraaff, la teolog√≠a del Movimiento de Prosperidad comienza a gestarse a partir de la infiltraci√≥n de algunas doctrinas her√©ticas en la iglesia. Su teolog√≠a puede ser asociado directamente con la ense√Īanza cultista de la metaf√≠sica del Nuevo Pensamiento. Gran parte de la teolog√≠a del movimiento de la Fe puede ser tambi√©n descubierta en tales cultos como la Ciencia Religiosa, la Ciencia Cristiana y la Escuela Unitaria de Cristianismo.[1]

Este tipo de infiltraciones se habrían hecho patentes durante la época en que los grandes evangelistas llevaban a cabo sus multitudinarios cultos de avivamiento. El énfasis era correcto, se hacía necesario anunciar un mensaje optimista y lleno de amor y compasión por las necesidades humanas.

Lamentablemente, no todos siguieron una ortodoxia correcta y se provocaron muchos excesos en los p√ļlpitos, motivados por las excentricidades de los ministros.

El fruto de estas desviaciones se hizo patente en algunos ministerios norteamericanos de renombre. Hanegraaff denuncia el caso de A. A. Allen: Allen defraud√≥ a sus seguidores dici√©ndoles que √©l pod√≠a mandar a Dios que ‚Äúcambiara los billetes de un d√≥lar por billetes de veinte‚ÄĚ. Tambi√©n se le conoce por haber instado a sus seguidores a que le solicitaran ‚Äúlos retazos de tela para orar ungidos con aceite milagroso‚ÄĚ y ofreci√≥ la ‚ÄúCuenta individual de milagros‚ÄĚ como puntos de contacto para la obtenci√≥n de milagros personales. Allen incluso ‚Äúlanz√≥ un breve programa para la resurrecci√≥n de muertos‚ÄĚ. Desde luego muri√≥.

Allen fue finalmente expulsado de la denominación de las Asambleas de Dios cuando violó su fianza después de haber sido arrestado por conducir bajo los efectos del alcohol.[2]

Los exponentes contempor√°neos del evangelio de prosperidad validan algunas de las pr√°cticas de estos predicadores fraudulentos. Los √©nfasis en sanidad, recaudaci√≥n de grandes sumas de dinero y la oferta de milagros de todo tipo constituyen el marco de referencia de esta corriente de pensamiento y acci√≥n. No obstante, es innegable que el evangelio de prosperidad logr√≥ configurarse a partir de las ense√Īanzas de la popularmente llamada ‚ÄúConfesi√≥n positiva‚ÄĚ. Su principal exponente fue Essek William Kenyon, nacido en Nueva York en 1867, quien ha legado conceptos tales como ‚Äúlo que yo afirmo, eso poseo‚ÄĚ, tan conocidos hoy entre los cultores del movimiento de la super fe. Entre sus disc√≠pulos se destacan Kenneth Hagin y Kenneth Copeland, quienes lograron estructurar este movimiento, del cual se desprende la teolog√≠a del evangelio de prosperidad.

B. EXTENSI√ďN DEL MOVIMIENTO

La r√°pida difusi√≥n de las ense√Īanzas de estos predicadores, a trav√©s los medios de comunicaci√≥n escritos y audiovisuales, signific√≥ que sus ideas cruzaran las barreras nacionales y se proyectaran buscando adeptos y colaboradores alrededor del mundo. En este sentido es muy interesante notar que los proponentes de estas doctrinas afirman que sus ense√Īanzas no son aplicables a los pa√≠ses que tienen una econom√≠a pobre. Por ende, la selecci√≥n de los nuevos mercados se realiz√≥ con un riguroso control de calidad, eligi√©ndose aquellas naciones que manifestaban mejores √≠ndices macroecon√≥micos, econom√≠as en v√≠as de desarrollo o aquellas que hubiesen experimentado un crecimiento sostenido.

1. INCURSIONES EN SUDAM√ČRICA

Am√©rica del Sur no qued√≥ ajena al impacto de estas ense√Īanzas materialistas. El auge econ√≥mico, la solidificaci√≥n de los procesos democr√°ticos y la explosi√≥n de las comunicaciones, provocaron que pa√≠ses como Argentina, Chile, Costa Rica y otros, tuvieran un acceso casi inmediato a la nueva evangelizaci√≥n tecnol√≥gica que viv√≠a Am√©rica del norte. Los grandes ministerios comenzaron a transmitir sus cultos y marat√≥nicas recaudaciones de dinero primero en las radioemisoras y canales de televisi√≥n tradicionales, y luego en los medios de comunicaci√≥n que los evang√©licos nacionales adquirieron.

2. INCURSIONES EN CHILE

Varios factores se conjugaron para que el evangelio de prosperidad se hiciera popular entre los latinos. En Chile, el Gobierno militar de Augusto Pinochet echó las bases de la aplicación de un modelo económico social que luego, con la llegada de la democracia, reportó un progreso financiero impresionante. Logros similares a este, situaron al país en un alto nivel de desarrollo y competitividad en el contexto latinoamericano. Este proceso, unido a un aumento significativo en el mejoramiento de la calidad de vida de la población, permitió que también los evangélicos comenzaran a ver grandes avances en sus perspectivas económicas.

C. EFECTOS PRIMARIOS

Ahora el ser evangélico no constituía un signo de ignorancia o pobreza. Los descendientes de los primeros pentecostales se educaron, y por lo tanto, la vieja prédica que exaltaba la pobreza como una cualidad propia de un buen cristiano y condenaba a los ricos e intelectuales, tuvo que reformarse. Los hermanos que mantuvieron un rechazo categórico a la instrucción teológica, después de haber experimentado estos cambios socioeconómicos, fueron el terreno fértil de un evangelio que exalta el materialismo, envolviéndolo de un manto de dudosa espiritualidad.

La nueva forma de ver la iglesia gener√≥ diversos cambios en el quehacer evang√©lico. La liturgia de los cultos se moderniz√≥, integr√°ndose toda suerte de adelantos tecnol√≥gicos. Las viejas guitarras, acordeones y panderos fueron desplazados por guitarras el√©ctricas, bajos, bater√≠as y teclados, semejantes a los que usaban los hermanos de la TV. Los antiguos y abandonados teatros o cines de las ciudades principales se transformaron en templos evang√©licos, ya que estaban ubicados en lugares m√°s estrat√©gicos, ofrec√≠an mejor espacio y comodidad y sobre todo, se parec√≠an m√°s a los recintos empleados por los grandes telepredicadores. La tradicional predicaci√≥n callejera tuvo que dar paso a la difusi√≥n radial y televisiva del mensaje evangel√≠stico, para as√≠ ‚Äúponerse al d√≠a‚ÄĚ.

Esta revolución tuvo dos efectos principales. En primer lugar el evangelismo masivo cosechó excelentes frutos, las estructuras tradicionalistas que se hacían cada vez más legalistas se ventilaron un poco y el rostro del evangelio se hizo más alegre y festivo. No obstante, el otro efecto no fue tan alentador. Todos estos cambios tuvieron un costo económico demasiado alto, para un grupo no muy numeroso de la población. Arriendos de locales de predicación, publicidad televisiva, uso de espacios radiales y la compra de medios de comunicación propios, se convirtieron en las razones principales para levantar ofrendas o pagar los diezmos. Cuando los excesivos montos no lograban cubrirse, había que echar mano de lo que fuera para generar los fondos. Es aquí donde las promesas de los maestros de la prosperidad, al igual que en los inicios del movimiento, sirvieron como una herramienta para obtener los recursos que el nuevo sistema necesitaba para mantenerse en pie.

La generosidad del pueblo cristiano despert√≥ ambiciones oscuras de inescrupulosos, que no dudaban en ofrecer impresionantes divisas a los que se desprendieran de sus bienes materiales para apoyar su ‚Äúministerio‚ÄĚ. Sin solicitarlo, el evangelio de la prosperidad hab√≠a llegado a Am√©rica del Sur.

II. LOS PRINCIPALES POSTULADOS DEL EVANGELIO DE LA PROSPERIDAD

Un predicador de radio intentaba recoger una buena ofrenda para su ministerio. Mientras expon√≠a la par√°bola del sembrador dec√≠a: ‚ÄúLa semilla que el sembrador esparc√≠a es una representaci√≥n espiritual de tus diezmos y ofrendas. Los cuatro tipos de terrenos, son cuatro clases de iglesias. Tu prosperidad econ√≥mica depende del terreno en el cual tu deposites la semilla. Si lo haces en una iglesia peque√Īa, poco importante vas a obtener un treinta por ciento de ganancias … pero si siembras en nuestro ministerio recibir√°s el ciento por uno, porque el ministerio XX es buena tierra‚ÄĚ.

¬ŅCu√°les son los fundamentos del evangelio de prosperidad? ¬ŅQu√© pretenden ense√Īar? ¬ŅSon b√≠blicas sus ense√Īanzas? A continuaci√≥n presentamos un resumen de lo que creen los promotores de este movimiento.

A. LA POBREZA, LA ENFERMEDAD Y LA MUERTE SON UNA MALDICI√ďN.

Kenneth E. Hagin en un folleto titulado: ‚ÄúRedimido de la pobreza, enfermedad, y la muerte espiritual‚ÄĚ intenta se√Īalar que la redenci√≥n de Cristo ten√≠a por objeto librar al hombre de una maldici√≥n triple, que estar√≠a contenida en lo que √©l considera la ley:

Cristo nos ha redimido de la maldici√≥n de la ley. ¬ŅCu√°l es la maldici√≥n de la ley? La √ļnica manera de averiguar lo que es la maldici√≥n de la ley es volver a la ley. En el Nuevo Testamento la expresi√≥n ‚Äúla Ley‚ÄĚ generalmente se refiere al Pentateuco, o sea los primeros cinco libros de la Biblia. Al estudiar los libros que son la ley, hallamos que la maldici√≥n o pena por haber quebrantado la ley de Dios es triple: la Pobreza, la Enfermedad y Muerte Segunda.[3]

La base bíblica que emplea es Gálatas 3:13,14,29

Cristo nos redimi√≥ de la maldici√≥n de la ley, hecho por nosotros maldici√≥n (porque est√° escrito: Maldito todo el que es colgado de un madero), para que en Cristo Jes√ļs la bendici√≥n de Abraham alcanzase a todos los gentiles, a fin de que por la fe recibi√©semos la promesa del Esp√≠ritu … Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos seg√ļn la promesa.[4]

A pesar de que el planteamiento resulta bastante l√≥gico, la declaraci√≥n de Hagin carece de precisi√≥n exeg√©tica. La bendici√≥n de Abraham se interpreta como prosperidad econ√≥mica. Esto significar√≠a que los creyentes heredan de Abraham la capacidad de hacerse ricos. ¬ŅEs correcta esta conclusi√≥n? ¬ŅNo se refiere m√°s bien a que la bendici√≥n de Abraham consist√≠a en que el patriarca fue justificado por creer?. El ap√≥stol Pablo, al emplear el ejemplo del padre de la fe, ilustra el hecho de que los creyentes son herederos de la justificaci√≥n por la fe; ‚ÄúCrey√≥ Abraham y le fue contado por justicia (Ro. 4; G√°l. 3:6-9).

La implicaci√≥n de estas ense√Īanzas es obvia. Si la enfermedad, la muerte y la pobreza son una maldici√≥n, entonces el Hijo del hombre que no ten√≠a donde recostar su cabeza, los santos m√°rtires de Hebreos 11 o el misionero m√°s grande de todos los tiempos, Pablo, estar√≠an bajo maldici√≥n. Es m√°s, los millones de creyentes de los pa√≠ses pobres vivir√≠an enga√Īados, pensando que son bienaventurados, en cambio, los ricos terratenientes, los emires de la droga y los corruptos pol√≠ticos que poseen grandes sumas de dinero en cuentas bancarias, ser√≠an los benditos del Padre Celestial. Sin duda alguna, la premisa de vincular la posesi√≥n de bienes econ√≥micos con el favor divino es incorrecta.

B. LA MOTIVACI√ďN PARA DAR CONSISTE EN INVERTIR EN EL REINO DE DIOS.

La promesa fundamental del evangelio de prosperidad consiste en que Dios aumentará milagrosamente los recursos económicos de sus hijos. El predicador de esta doctrina, John Avanzini, relata una impresionante visión en la que Dios le revela este principio.

El me dijo, ‚ÄúMi pueblo hace otra cosa por cuya raz√≥n no puedo multiplicarles su dinero. La mayor√≠a de ellos ofrendan sin pedirme un resultado espec√≠fico, no esperan nada a cambio de su ofrenda o regalo. John, la multiplicaci√≥n de dinero que yo le devuelvo al dador siempre va acompa√Īada de un milagro. Todos los milagros operan por fe. Cuando mi pueblo da sin esperar nada, no se est√°n moviendo en fe‚ÄĚ

Entonces me cit√≥ la escritura en Hebreos 11:1, ‚ÄúLa fe es, pues, la sustancia de las cosas que se esperan… Es imposible darme en fe si no esperan nada como resultado de tu ofrenda‚ÄĚ

‚ÄúDile a mi pueblo que tienen que seguir estos dos pasos importantes siempre que den. Primero, que den la cantidad exacta que yo les digo. Segundo, tienen que dar con la expectativa de recibir de M√≠ la multiplicaci√≥n. Tienen que dar sus ofrendas o regalos en obediencia y en fe‚ÄĚ.[5]

La ense√Īanza es clara, dar por inter√©s en lo que se obtendr√°. Para que esta inversi√≥n no se vea muy fr√≠vola o calculadora, los proponentes de este ‚Äúnuevo evangelio‚ÄĚ vinculan este principio con la sana ense√Īanza de dar para sostener la obra de Dios. De este modo aparece la idea de ‚Äúinvertir en el Reino de Dios‚ÄĚ Instar a los cristianos para que apoyen la obra del Se√Īor es algo muy loable. Se debe ense√Īar a cada congregaci√≥n a que sea fiel en sus ofrendas, diezmos y donativos. La Biblia presenta ejemplos notables de personas que se desprend√≠an de sus recursos econ√≥micos para extender el Reino de Dios. La viuda que dio su sustento, los creyentes de Macedonia que daban ‚Äúaun m√°s all√° de sus fuerzas‚ÄĚ (2 Co. 8:3), Bernab√©, quien vendi√≥ su heredad para apoyar la naciente iglesia (Hch. 4:36-37) y tantos otros casos dignos de ser imitados, abundan en las Escrituras. Sin embargo la motivaci√≥n que el Nuevo Testamento se√Īala para dar no es el inter√©s en recompensas.

En un art√≠culo de futura publicaci√≥n, el presidente del Instituto B√≠blico Pentecostal de Chile, Rvdo. Pablo Hoff, explica c√≥mo los exponentes del evangelio de prosperidad aplican este principio: ‚ÄúEl motivo no es tanto dar a Dios sino invertir dinero en el reino de Dios para recibir mucho m√°s, prosperar y llegar a ser ricos.‚ÄĚ[6]

En otras palabras ‚Äúdar‚ÄĚ se transforma en ‚Äúinvertir‚ÄĚ. El peligro est√° en perder de vista los verdaderos objetivos que debe perseguir esta acci√≥n: extender el Reino de Dios, manifestar agradecimiento al Se√Īor, bendecir a los hermanos en la fe o ayudar a los pobres y despose√≠dos.

Sin duda alguna el materialismo que vivimos a diario ha provocado un alto grado de egoísmo, aun entre los fieles de las congregaciones. Cada vez se hace más difícil incentivar a las personas a colaborar económicamente con una obra evangelística, o apoyar financieramente al pastor local. No obstante, esto no es una excusa para justificar el empleo de tácticas comerciales o pseudoreligiosas nocivas, para levantar fondos. Es triste escuchar promesas que van desde la tergiversación del correcto sentido de ciertos pasajes bíblicos, hasta el ofrecimiento de multiplicaciones millonarias de fondos, por el sólo hecho de hacerse colaborador de tal o cual ministerio.

No estamos diciendo que es malo contribuir con los nuevos ministerios evangel√≠sticos, o que es indebido ayudar a sostener un programa cristiano de radio o televisi√≥n. Sino que intentamos se√Īalar que las motivaciones para desprenderse de los recursos o bienes materiales deben estar dentro del contexto de la generosidad y la gratitud. De lo contrario, con tanto manejo sucio, alguien podr√≠a llegar a tener la funesta idea de resucitar las odiadas bulas papales, que siglos atr√°s se vend√≠an a los creyentes para comprar el perd√≥n de Dios o mitigar los sufrimientos del purgatorio.

C. LA FE ES UNA FUERZA

Uno de los principios m√°s llamativos de este movimiento es el que tiene que ver con la fe. Para provocar multiplicaciones de dinero o milagros econ√≥micos tan espectaculares es necesario un recurso espiritual tremendamente poderoso; la fe. Al leer lo que creen los ide√≥logos del evangelio de prosperidad, de inmediato se puede reconocer que el concepto que ense√Īan sobre esta materia es fundamental para entender su filosof√≠a. ¬°Todo es posible! Parece que la fe es como el combustible que hace andar toda la maquinaria teol√≥gica de estos predicadores.

Una de las declaraciones m√°s contundentes la conocemos a trav√©s de la pluma de Kenneth Copeland: ‚ÄúLa fe es una poderosa fuerza. Se trata de una fuerza tangible.‚ÄĚ[7]

Esta fuerza positiva posee su contraparte, el temor, el cual ser√≠a la parte negativa. Al manifestar fe, Dios se ‚Äúactiva‚ÄĚ, en cambio, al manifestar temor, el diablo se activa. Para ilustrar esta extra√Īa din√°mica Hanegraaff cita a Charles Capps:

Job activ√≥ a Satan√°s por su miedo cuando dijo, ‚Äúporque el temor que me espantaba me ha venido‚ÄĚ (Job 3:25). Una fe activa en la Palabra coloca a Dios en la escena. Y el temor, trae a la escena a Satan√°s.[8]

Tal vez una de las razones por las cuales se ha llegado concebir la fe en t√©rminos f√≠sicos, provenga de algunas traducciones del conocido texto de Hebreos 11:1. En la versi√≥n Reina – Valera de 1909, podemos leer ‚ÄúEs pues la fe la sustancia de las cosas que se esperan, la demostraci√≥n de las cosas que no se ven‚ÄĚ (Las negrillas son nuestras). El uso de la palabra ‚Äúsustancia‚ÄĚ tambi√©n ocurre en la versi√≥n inglesa King James, que Juan R Capurro traduce as√≠: ‚ÄúLa fe es la sustancia de las cosas que se esperan, la evidencia de las cosas que no se ven‚ÄĚ.[9]

La comprensión de la fe como una sustancia ha derivado en una gran cantidad de especulaciones. El mismo Capurro lleva muy lejos esta idea al afirmar que el propio Dios necesitó de la fe en su obra creadora. Al comentar el capítulo 11 de Hebreos, este hombre pregunta:

El sujeto de este vers√≠culo 3, es Dios. El fue el que cre√≥ el universo y no nosotros. Y si cada uno de los personajes utiliz√≥ su fe para realizar su haza√Īa, ¬Ņno ser√° acaso que fue Dios quien us√≥ fe para crear el universo? Pues la realidad de esto se hace evidente.[10]

Capurro no trepida reinterpretar y unir los versículos 1 y 3 del aludido pasaje de Hebreos para afirmar su postura:

Dicho de otro modo: Es, pues, la fe, la certeza de recibir lo que se espera, aun cuando no haya motivo aparente para que esto suceda; es estar convencido de que sucederá lo que esperamos, aunque no lo podamos ver. Nosotros entendemos, que usando la fe, Dios creó el universo por medio de su palabra, haciendo todo lo que podemos ver, de la nada, de lo que no se veía ni existía.[11]

Sin embargo, esta grandiosa fuerza creativa debe ser canalizada. Se requiere un veh√≠culo que le de direcci√≥n, destino y prop√≥sito. El medio a trav√©s del cual la fe se conduce son las palabras. Seg√ļn los maestros de la prosperidad, as√≠ es posible entender mejor las expresiones de los primeros cap√≠tulos de G√©nesis, o la manera en que Dios cre√≥ todas las cosas.

El le puso el marco al mundo con sus palabras. No se puede construir sin sustancia. El tom√≥ palabras‚ÄĒpalabras llenas de fe fueron la sustancia de Dios. Dios llen√≥ sus palabras con fe. El us√≥ sus palabras como recipiente para retener su fe y contener esa fuerza espiritual y transportarla hacia afuera a la vasta oscuridad por el hecho de decir ‚Äú¬°sea la luz!‚ÄĚ. As√≠ es la manera en la cual Dios transport√≥ Su fe‚ÄĒy as√≠ caus√≥ la creaci√≥n y la transformaci√≥n.[12]

Del mismo modo los creyentes pueden utilizar su fe en forma creativa. Al apreciar esta ense√Īanza, es posible encontrar una conexi√≥n directa entre la teolog√≠a de la prosperidad y las ense√Īanzas de la confesi√≥n positiva. Esta ideolog√≠a consiste en declarar ciertas √≥rdenes para que se ejecuten milagros, sanidades o deseos de prosperidad material. En otros t√©rminos lo que ocurre es una ‚Äúliberaci√≥n de fe‚ÄĚ a trav√©s de las palabras. ‚ÄúCuando sus palabras sean palabras de fe, Dios podr√° confiar a usted Su poder en las palabras de su boca. Lo que diga, sea bueno, sea malo, ser√° lo que recibir√°.‚ÄĚ[13]

La clave para obtener resultados, activando este tipo de fe, generalmente se relaciona con la aplicaci√≥n de una especie de f√≥rmulas, que indican la manera en que se debe proceder correctamente al orar. A modo de ilustraci√≥n, nuevamente citamos a Hanegraaff, quien sintetiza una de estas formulaciones, elaborada por el pastor de la iglesia m√°s grande del mundo, Paul Yonggi Cho. Primero, hazte una meta bien clara, entonces dibuja un cuadro mental que sea v√≠vido y gr√°fico y visualiza el √©xito. Entonces, ‚Äúincuba‚ÄĚ esa meta hasta su realizaci√≥n, tray√©ndola finalmente a su existencia mediante ‚Äúel poder creativo de la palabra hablada‚ÄĚ[14]

Hay que ser muy espec√≠fico, puesto que lo que se recibe es exactamente lo que se pide. De lo contrario los resultados pueden ser muy desagradables. En esto consiste la bendici√≥n de Abraham, seg√ļn este nuevo evangelio; fe para prosperar materialmente. S√≥lo hay que dar para el Reino de Dios, esperando recibir a cambio una contundente multiplicaci√≥n ‚Äú Y, ‚Äú…lo que diga le ser√° hecho‚ÄĚ (Mr. 11:23)

D. LA VOLUNTAD DE DIOS ES QUE SUS HIJOS SEAN PROSPERADOS ECON√ďMICAMENTE.

Tal vez este principio sea la base sobre la cual descansan todas las creencias de este movimiento. Cientos de libros, folletos y sermones tratan de aclarar el asunto. La argumentación empleada, para apoyar esta idea, intenta defenderse bíblicamente y para ello se recurre a todo tipo de pasajes, al parecer sin considerar su género literario, trasfondo o contexto.

Uno de los pasajes b√≠blicos m√°s mal interpretado por los maestros del evangelio materialista es 3¬™ de Juan 2. ‚ÄúAmado, yo deseo que t√ļ seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, as√≠ como prospera tu alma‚ÄĚ. Dicen que esto es la voz de Dios, quien principalmente desea sus hijos sean prosperados materialmente. Esta salutaci√≥n es usada como un principio de aplicaci√≥n universal para todos los cristianos, en la cual, supuestamente Dios est√° dando a conocer su voluntad de que todos sean ricos y sanos. Pero, ¬ŅEs Dios quien habla? Lamentablemente no. Estas son las palabras que el ap√≥stol Juan dirige a Gayo, su colaborador. Y lo que Juan desea para su amigo es que tenga √©xito en las actividades que emprenda, no que se convierta en un magnate.

La clave para comprender c√≥mo es que Dios prospera econ√≥micamente a sus hijos, seg√ļn los adherentes del evangelio de prosperidad, es la hist√≥rica figura de Abraham. En la misma forma que Dios bendijo al patriarca, los contempor√°neos hijos de Dios deben ser bendecidos. Consideremos la explicaci√≥n de un promotor de la teolog√≠a de la riqueza:

La primera promesa de Dios a Abraham fue que iba a hacerle rico. ¬ŅQuiere decir entonces que Dios va a hacernos a todos ricos? S√≠ eso es lo que quiero decir. ¬ŅQuiere decir que a todos nos har√° millonarios? No, no es lo que dije. Pero va a hacernos ricos. Ud. no entiende bien lo que significa la palabra ‚Äúrico‚ÄĚ. Seg√ļn el diccionario, ‚Äúrico‚ÄĚ significa ‚Äúcon abundancia‚ÄĚ, ‚Äúcon cantidad‚ÄĚ, o ‚Äúbien provisto‚ÄĚ. Bendito sea Dios, en Cristo hay abundancia.[15]

La riqueza entonces, no s√≥lo es sin√≥nimo de la bendici√≥n y el amor de Dios a sus hijos, sino que adem√°s es la caracter√≠stica de los que honran a Dios. Es m√°s, el hecho de que los recursos econ√≥micos no est√©n en posesi√≥n de los cristianos, sino en manos de los inconversos, se debe a que los creyentes no honran a Dios como es debido. Hagin lo expresa de la siguiente manera: ‚ÄúAmigos, la mayor√≠a somos pobres, no por haber honrado a Dios, sino por haberle deshonrado. Uds. pueden decir: ‚Äú¬°Am√©n!‚ÄĚ, porque es la verdad.‚ÄĚ Y continua argumentando su posici√≥n:

La Biblia dice que la plata y el oro son de Dios. Tambi√©n ‚Äúlos millares de animales en los collados‚ÄĚ son de Dios. ¬ŅPara quien ha dispuesto Dios todo eso? Por cierto no para el diablo y los suyos. ¬°Am√©n! Eso ser√≠a amar m√°s a los hijos del diablo que a los suyos propios, ser√≠a como si un hombre dejara sin comer y sin casa a sus hijos, para pagar el alquiler y la comida de otra mujer e hijos. Es a nosotros a quien Dios ama, no al diablo. ¬ŅNo es verdad?[16]

Resulta entonces muy comprensible darse cuenta que toda la riqueza del mundo debe ser de la iglesia. Simplemente hay que reclamarla por fe. Dios no tardar√° en cumplir con su voluntad de bendecir a aquellos que le honren. Para este caso, honrar a Dios se traduce en ofrendar y pagar fielmente los diezmos al evangelista o ministro de turno, elegido por Dios.

Uno de los casos m√°s sobresalientes, en cuanto a evangelistas de la prosperidad, lo constituye John Avanzini, autor del libro ‚Äú30, 60, ciento por uno‚ÄĚ (que ya hemos citado anteriormente). Seg√ļn este predicador, a trav√©s de una visi√≥n Dios le comision√≥ para predicar el mensaje de las finanzas, dot√°ndole adem√°s con el extraordinario poder de multiplicar las ofrendas de los fieles.

‚ÄúLos que se sientan capacitados para participar en esta ofrenda especial, tienen que hacer algo m√°s. Tienen que creer junto contigo, que cuando tu pongas tus manos sobre la ofrenda, se les multiplicar√° a ellos al ciento por uno‚ÄĚ[17]

La fama de este contempor√°neo ‚ÄúRey Midas‚ÄĚ es incre√≠ble. Quinientas cincuenta cadenas de televisi√≥n transmiten cinco veces al d√≠a su programa ‚ÄúPrincipios de econom√≠a b√≠blica‚ÄĚ en todo Estado Unidos. Este tipo de resultados se interpretan hoy como ‚Äú√©xito ministerial‚ÄĚ, sin embargo, ¬Ņno estaremos en presencia de uno de aquellos personajes de quienes profetiz√≥ el ap√≥stol Pedro en 2¬™ Ped. 2:2-3?

III. IMPACTO PROVOCADO POR EL EVANGELIO DE PROSPERIDAD

La mayor√≠a de las innovaciones teol√≥gicas contempor√°neas nacen como un intento de mejorar el estado actual de la comunidad cristiana. En un sentido se convierten en la expresi√≥n pr√°ctica de una cr√≠tica del sistema. Esta cr√≠tica generalmente ataca el esquema teol√≥gico-filos√≥fico, el comportamiento lit√ļrgico, la pasividad evangel√≠stica, el retroceso de la conducta santificada de las congregaciones u otro de los cl√°sicos problemas enfrentados por la iglesia. Esta situaci√≥n nos hace afirmar que las modificaciones teol√≥gicas se pueden analizar desde la perspectiva del √©nfasis que el grupo reformador desea implementar.

En el caso de la teología de prosperidad, los énfasis que han configurado su manera de actuar nos permiten identificar dos tipos de impactos (positivos y negativos), provocados entre los evangélicos latinos. Los efectos más nocivos, requieren una corrección definitiva, de lo contrario, algunas tendencias heréticas podrían comprometer peligrosamente las convicciones más profundas de la fe cristiana. Sin embargo, hay algunos aspectos valiosos de este movimiento, cuyos efectos en la iglesia sudamericana, trataremos de analizar en su justa medida.

A. EFECTOS POSITIVOS

1. Restaura la relevancia de la mayordomía.

Es indudable que Dios ha establecido pautas b√≠blicas para la administraci√≥n de las finanzas. En t√©rminos concretos el plan b√≠blico involucra diezmos, ofrendas y donativos en general. √Čstos deben ser manejados con sabidur√≠a y prudencia por personas capacitadas para ello, en el seno de la iglesia. Los √≠temes de gastos deben dar prioridad a la extensi√≥n del reino de Dios y al adecuado sostenimiento de los ministros.

El evangelio de la prosperidad hace bien al enfatizar la mayordom√≠a cristiana. Es saludable ense√Īar estos temas en las congregaciones, en forma equilibrada y sistem√°tica. De lo contrario los presupuestos o salarios de ministros pueden llegar a convertirse en motivos de frustraci√≥n. Son muchos los casos de pastores que para lograr sostener a su familia adecuadamente, se han visto en la obligaci√≥n de trabajar tanto en el ministerio como en un empleo secular, disminuyendo as√≠ sus posibilifdades de realizar un ministerio efectivo. S√≥lo cuando la iglesia entiende la relevancia de aplicar una mayordom√≠a responsable, los objetivos de la iglesia se cumplen satisfactoriamente.

Una mayordom√≠a b√≠blicamente desarrollada cuenta con el benepl√°cito de Dios. Es una manera de aceptar la soberan√≠a del Se√Īor y un acto de gratitud y reconocimiento hacia el Creador. Es t√©rminos simples, la mayordom√≠a es un acto de adoraci√≥n.

Lo importante en cuanto a la manera de dar los diezmos y ofrendas al Se√Īor, radica en la motivaci√≥n del oferente. Un coraz√≥n agradecido no espera recompensas a cambio. El √°nimo que empuja al dador alegre es la realidad de que Dios le ama (2¬™ Co. 9:7)

2. Enfatiza los resultados de la generosidad.

‚ÄúEl alma generosa ser√° prosperada…‚ÄĚ (Prov. 11:25) Esta premisa es destacada por la teolog√≠a de la prosperidad con mucha fuerza. Dios mira con buenos ojos a los que se desprenden de sus bienes para bendecir a otros. El ap√≥stol Pablo tambi√©n es categ√≥rico al afirmar que: ‚Äú… el que siembra generosamente, generosamente tambi√©n segar√°…‚ÄĚ (2¬™ Co. 9:6b). Al considerar estas verdades resulta evidente que hay una relaci√≥n de causa – efecto en la ense√Īanza b√≠blica de la siembra y la cosecha. La generosidad de los redimidos es una de las dimensiones del amor que ha sido derramado en ellos (1¬™ Co. 13:3) Esta idea es sintetizada en la ‚ÄúRegla de oro‚ÄĚ (Lc. 6:31), donde Cristo rompe con el ego√≠smo humano, al ense√Īar que lo que deseamos para nosotros, lo procuremos para el pr√≥jimo.

3. Enfatiza la experiencia carismática en la época contemporánea.

Dios no cambia y su poder es el mismo de antes. Los optimistas sermones de los predicadores de la prosperidad, han permitido recordar a la iglesia de esta centuria que es posible esperar que Dios act√ļe hoy como lo hac√≠a en los tiempos b√≠blicos. La abundancia de testimonios de milagros son una prueba de que el Todopoderoso sigue obrando en medio de sus hijos.

B. EFECTOS NEGATIVOS

1. Sobrevalora la posesión de bienes materiales en la experiencia cristiana.

La aplicaci√≥n de los principios del evangelio de la prosperidad provoca un retroceso hacia los primitivos conceptos de los ‚Äúamigos de Job‚ÄĚ. Para estos personajes, la pobreza, enfermedad y sufrimiento del patriarca eran producto del pecado y la maldici√≥n, por el contrario, las riquezas y salud eran consideradas como el favor del Alt√≠simo. Asimismo, los maestros materialistas hacen absoluto el bien econ√≥mico, present√°ndolo como el ente que determina el favor o el desagrado de Dios hacia sus hijos.

Esta perspectiva empuja a los cristianos a adoptar formas de vida materialistas. Los p√ļlpitos comienzan a lanzar declaraciones tales como: ‚ÄúSi eres hijo del Rey, debes vivir como un hijo del Rey‚ÄĚ, lo cual se traduce en t√©rminos pr√°cticos en vestir trajes costosos, conducir autom√≥viles sofisticados o vivir en lujosas casas. Lo mejor del mundo deben disfrutarlo los creyentes. Cuando este est√°ndar de vida no se logra, la insatisfacci√≥n, la frustraci√≥n y el sentimiento de culpa se apoderan de los defraudados creyentes.

2. Practica una hermenéutica por conveniencia.

Una doctrina es b√≠blica cuando est√° apoyada por una sana interpretaci√≥n del texto sagrado. No basta citar porciones aisladas, para forjar ense√Īanzas cristianas. Hablando de la manera en que los te√≥logos de la prosperidad usan la hermen√©utica, Pablo Hoff declara: Aunque predican preciosas verdades b√≠blicas, tambi√©n sacan pasajes de su contexto y les dan un nuevo sentido, reinterpretan partes de la Biblia para que est√© de acuerdo con sus nuevas ense√Īanzas, ponen demasiado √©nfasis en algunas doctrinas. En s√≠ntesis tergiversan la Palabra de Dios para poder desarrollar sus nociones.[18]

Tomado de: Radio Betsaida

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