Apostasía según Wikipedia La enciclopedia libre


Para aquellos de nuestros visitantes que todavía no se familiarizan con el término. Sean o llámense Apóstoles, Profetas, Evangelistas, Ministros, Pastores y Maestros que actualmente se encuentran militando en las diversas filas de Ministerio, tengan un llamamiento genuino de lo Alto o no!!!!!!! o te encuentras inquietado o considerando la alternativa o posibilidad de integrarte al Ministerio Cristiano Evangélico, les compartiré primero una definición  secular, como veremos a continuación:

Apostasía

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Apostasía (del latín apostasĭa, y éste del griego ἀπoστασία) es la negación, renuncia o abjuración a la fe en una religión. La misma palabra tiene otras significaciones:[1] es también la salida o abandono irregular de una orden religiosa o instituto; el acto del clérigo que prescinde usualmente de su condición, incumpliendo sus obligaciones clericales; o, de modo más general, el abandono de un partido para entrar en otro, o el cambio de opinión o doctrina.

La palabra apostasía tiene su origen en dos términos griegos: απο (apo), que significa “fuera de”, y στασις (stasis), que significa “colocarse”. En idioma griego moderno el término equivalente Αποστασία (apostasía) no siempre implica connotaciones religiosas, como puede verse en el caso de la apostasía de 1965 (en griego: Αποστασία του 1965), en un uso no religioso.

Hoy en día, la apostasía es reclamada como un derecho por una pequeña parte de la ciudadanía, como parte integrante del derecho a la libertad de conciencia[2] y a la libertad de culto. [3] [4] Estas personas piden constar como apóstata, o que se elimine todo registro de pertenencia a un determinado grupo de creyentes y dejar de ser contado, a los efectos pertinentes, como miembro del grupo, sobre todo en aquellos casos en que la adscripción se produjo sin contar con la opinión del sujeto.[5] [6]

La apostasía religiosa en el siglo XXI

La palabra apostasía en castellano tiene en el lenguaje común un sentido limitado a la religión aunque la definición del diccionario de la Real Academia la aplica de igual manera al ámbito de las opiniones y doctrinas en general.[1] Apostatar formalmente consiste en seguir un trámite cuya finalidad es el borrado de los datos de los apóstatas de todos los registros religiosos, para que ya no estén contabilizados como miembros de esta religión. Se aplica en particular a la cancelación de los datos recogidos en los registros de bautismos, debido a que es el sacramento que sella la adhesión de las personas a la Iglesia Católica; en este caso se habla a veces de desbautizo o desbautismo.[7] [8] El trámite de apostasía puede también consistir en añadir una nota en el margen del libro de bautismos, que haga constar la condición de apóstata del bautizado.[9]

El acto formal en sí no suele estar previsto por las religiones, lo que impide a menudo que la apostasía se formalice mediante un proceso interno a la religión. La doctrina católica prevé un acto formalizado de apostasía al que no otorga valor de no pertenencia a la Iglesia Católica,[10] y existen diócesis que niegan la posibilidad de apostatar.[11] En consecuencia, en la época contemporánea, las personas deseosas de apostatar sólo pueden recurrrir al amparo de las leyes del Estado en el que residen para formalizar su desafiliación de la religión de la que son miembros. Las nuevas leyes sobre protección de datos[12] han supuesto la única vía legal para que se pudiera hacer efectiva la apostasía frente a las religiones.

La apostasía en documentos de la Iglesia Católica

Observamos una línea general de significado de la palabra “apostasía” en todas las acepciones ofrecidas por la RAE. Frente a la herejía, la apostasía supone un abandono o negación total de la doctrina original. Es decir, en lugar de negar un dogma o idea determinada se niega la doctrina completa. Por otro lado, mientras que el apóstata o el hereje niegan o modifican la doctrina, el pagano es aquel que nunca ha pertenecido formalmente a dicho conjunto doctrinal o a las instituciones que lo representan.

Encontramos referencias al término apostasía en el Catecismo de la Iglesia Católica, entre las que destaca el número 817, en el que se describe como una ruptura que lesiona la unidad de la Iglesia, junto con la herejía y el cisma. La Iglesia lo considera un pecado de extrema gravedad, pues no rechaza un dogma de fe concreto, como es el caso de la herejía, sino que rechaza voluntariamente la fe cristiana por completo. [1].

El propio Catecismo, en el número 2089, lo incluye entre los pecados contra la virtud de la fe: La incredulidad es el menosprecio de la verdad revelada o el rechazo voluntario de prestarle asentimiento. Se llama herejía la negación pertinaz, después de recibido el bautismo, de una verdad que ha de creerse con fe divina y católica, o la duda pertinaz sobre la misma; apostasía es el rechazo total de la fe cristiana; cisma, el rechazo de la sujeción al Sumo Pontífice o de la comunión con los miembros de la Iglesia a él sometidos.

La definición de apostasía se encuentra en el Código de Derecho Canónico, canon 751: Apostasía es el rechazo total de la fe cristiana. Como delito, en el canon 1041.2 se establece que la apostasía implica por sí misma la inadecuación para la ordenación sacerdotal.

Es posible la defección de la Iglesia Católica por «un acto formal» (cánones 1086 y 1124 del Código de Derecho Canónico). La naturaleza de tal acto está explicada claramente en la carta circular 10279/2006[10] del Pontificio Consejo para la Interpretación de los Textos Legislativos a los Presidentes de las Conferencias Episcopales. El acto debe implicar:

a) la decisión interna de salir de la Iglesia Católica por un acto de apostasía, herejía o cisma;
b) la actuación y manifestación externa de esta decisión;
c) la recepción por la autoridad eclesiástica competente de la decisión.

Sin este acto formal de defección de la Iglesia Católica, nadie queda excluido de ella, ni siquiera por los actos más graves de infidelidad: “la herejía formal o (menos aún) herejía material, el cisma y la apostasía no constituyen a solas un acto formal de defección, si no son concretizados externamente y si no son manifestados en la debida manera a la autoridad eclesiástica”.[10]

Pero la apostasía manifestada debidamente por ese acto formal tampoco constituye una exclusión de la Iglesia. Esa misma comunicación 10279/2006 del Vaticano afirma en su punto 6 que la apostasía será anotada mediante la expresión defectio ab Ecclesia catholica actu formali en el libro de bautismos (cfr. can. 535, § 2). En el punto siguiente aclara: Queda claro, en cualquier caso, que el vínculo sacramental (…) de pertenencia a la Iglesia (…) es una unión ontológica permanente y no se pierde con motivo de ningún acto o hecho de defección.[10]

La excomunión, en cambio, es una pena medicinal (canon 1312 del Código de Derecho Canónico), una medida que tiene por fin la conversión, no a la exclusión. Por eso sólo inhabilita para tomar parte de lleno en las actividades de la comunidad.

Con o sin apostasía (o siendo ésta formal o informal), debido al carácter sacramental del bautismo, según la Iglesia católica aún los apóstatas permanecen bautizados y no pueden, en caso de arrepentimiento, ser nuevamente bautizados. Como efecto del bautismo, son considerados miembros de la Iglesia, aunque en rebeldía; pero no fuera de la Iglesia.[13]

El sociólogo Lonnie D. Kliever, catedrático de la Southern Methodist University, compara la dinámica de separación del apóstata de un grupo religioso al que antes amaba con un divorcio lleno de amargura. “Tanto el matrimonio como la religión requieren un alto grado de compromiso e implicación; cuanto mayor sea la implicación, más traumática la ruptura; cuanto más haya durado el compromiso, más urgente es la necesidad de culpar al otro del fracaso de la relación.[14]

La apostasía en otras religiones

Desde un punto de vista religioso, las distintas religiones consideran la apostasía un acto de vicio, una corrupción de la virtud de la piedad [cita requerida], en el sentido de que, al fallar ésta, la apostasía es su consecuencia.

Islam

Artículo principal: Apostasía en el islam

En concreto, la apostasía del Islam es objeto de controversia, pues mientras que para muchos musulmanes, sobre todo desde una perspectiva rigurosa, es condenable con la pena de muerte según la Sharia o ley islámica, aplicable en varios países (Arabia Saudí, Kuwait, Mauritania, Sudán, Afganistán hasta el 2001…); para otros no debe ser castigada.[15] Hay más países que sancionan penalmente la apostasía, aunque no prevén el recurso a la pena de muerte.[16]

Apostasía en las Iglesias protestantes

Para las Iglesias Protestantes, la apostasía significa cualquier doctrina que se aparte de las Escrituras (Biblia), dado que si se cambia la Escritura Inspirada por mandamientos de hombres, se dará lugar a controversias y tergiversación. La doctrina mormona, católica y musulmana, es considerada apóstata por las Iglesias Protestantes en general. Si desea conocer más del tema en las Iglesias Protestantes visite Estudio sobre Apostasía en las Iglesias Protestantes (Parte I)

Apostasía en las Iglesias Mormonas

Por otro lado la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días sostiene que la apostasía bíblica se refiere, en tiempos de las Escrituras, a otras religiones y a los falsos profetas, asociados al oscurantismo. [17]

La apostasía en la legislación

En la legislación española

El Estado español garantiza tanto el derecho fundamental a la libertad religiosa y de culto como el derecho a la apostasía. La Ley Orgánica 7/1980, de 5 de julio, de libertad religiosa (B.O.E. de 24 de julio) en su artículo segundo, apartado 1, epígrafe a, estipula: “La libertad religiosa y de culto garantizada por la Constitución comprende, con la consiguiente inmunidad de coacción, el derecho de toda persona a profesar las creencias religiosas que libremente elija o no profesar ninguna; cambiar de confesión o abandonar la que tenía; manifestar libremente sus propias creencias religiosas o la ausencia de las mismas, o abstenerse de declarar sobre ellas.”[18]

El derecho de cancelación, conocido como “derecho de oposición”, se extiende a las bases de datos y registros de cualquier organismo, incluído las religiones. En ese sentido, la Agencia Española de Protección de Datos ampara a los ciudadanos en virtud de la Ley Orgánica 15/1999, de 13 de diciembre, de Protección de Datos de Carácter Personal. Si un organismo se niega a dicho borrado, vulnera el artículo 16 de la referida Ley Orgánica, así como los artículos 31, 32 y 33 del Real Decreto 1720/2007, de 21 de diciembre, que la desarrolla.[19] Esta postura fue apoyada por una sentencia de la Audiencia Nacional el 23 de octubre de 2007,[20] pero el Tribunal Supremo en una sentencia del 19 de septiembre de 2008 rechazó estos argumentos afirmando que los registros de la Iglesia Católica no constituyen bases de datos propiamente dicho, y que por lo tanto la legislación sobre protección de datos no les es aplicable.[21]

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Archivado bajo Alerta Roja en el Cristianismo, Apostasía, Recursos para Pastores

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