Seis enemigos del compromiso con la Apologética Por Douglas Groothius


Excusas para no Defender la Fe Cristiana

Introducción

El mundo evangélico de hoy sufre de anemia apologética. A pesar del hecho de que las Sagradas Escrituras llaman a los creyentes a dar razón de la esperanza que tenemos en Cristo (1 Pedro 3:15; ver también Judas 3), carecemos tristemente de una voz pública a favor de la verdad y de la razón en el mercado de las ideas. No tenemos una fuerte presencia intelectual en la cultura popular o académica (aunque algunas áreas, como la filosofía, están más influidas por los evangélicos que otras). Las razones de esta anemia son multidimensionales y complejas.

Tres libros recientes exploran la falta de una “mente cristiana” en el evangelicalismo contemporáneo, y yo los recomiendo fuertemente. The Scandal of the Evangelical Mind (El Escándalo de la Mente Evangélica – Eerdmans, 1994), de Mark Noll, explora las raíces históricas del anti-intelectualismo evangélico. Fit Bodies, Fat Minds (Cuerpos en Estado, Mentes Obesas – Baker Books, 1994), de Os Guinness, trata algunos de los problemas históricos y también bosqueja cómo debería ser una mente cristiana. Love Your God with all of Your Mind (Ama a Tu Dios con toda Tu Mente – NavPress, 1997) explica por qué no piensan los cristianos, desarrolla una teología bíblica de la mente y ofrece argumentos y estrategias apologéticos útiles para darle más poder intelectual a la iglesia.

Mi propósito modesto es exponer brevemente seis factores que inhiben en forma ilegítima el compromiso apologético hoy. Si se quitan estas barreras, nuestro testimonio apologético podrá crecer hasta la medida de lo que debería ser en Cristo.

1. Indiferencia

Hay demasiados cristianos a los que no les importa que el cristianismo sea ridiculizado rutinariamente en nuestra cultura como desactualizado, irracional y de mente estrecha. Podrán quejarse de que esto los “ofende” (así como todo el resto del mundo se queja de que una cosa u otra los “ofende”), pero hacen poco para enfrentar estos cargos ofreciendo una defensa de la cosmovisión cristiana en una diversidad de contextos. Y, sin embargo, las Escrituras ordenan a todos los cristianos a tener una razón para la esperanza que está dentro de ellos y a presentarla con mansedumbre y reverencia (1 Pedro 3:15). Nuestra actitud debería ser la del apóstol Pablo, cuyo espíritu “se enardecía” viendo la idolatría de la sofisticada Atenas. Este celo por la verdad de Dios lo condujo a un encuentro apologético fructífero con los pensadores reunidos para debatir nuevas ideas (ver Hechos 17). Tendría que pasar lo mismo con nosotros. Así como “Dios amó de tal manera al mundo” que envió a Jesús para ponernos en paz con Dios (Juan 3:16), los discípulos de Jesús tendrían que amar de tal manera al mundo que intenten llegar a los perdidos presentándoles el Evangelio y contestando las objeciones a la fe cristiana (Juan 17:18).

2. Irracionalismo

Para algunos cristianos, la fe significa creer ante la ausencia de evidencia y de argumentos. Peor aún, para algunos la fe significa creen a pesar de la evidencia en contra. Cuanto más irracionales sean nuestras creencias, mejor-serán más “espirituales”. Si bien Pablo enseña en 1 Corintios 1 y 2 que Dios enloquece la “sabiduría de este mundo” (porque es una sabiduría falsa), la revelación de Dios no es irracional; ni debe sostenerse la fe en ella en forma irracional.{1} Dios no requiere de nosotros que suspendamos nuestras facultades críticas a fin de creer en lo que él ha revelado. A través de Isaías, Dios le declara a Israel: “Vengan, vamos a discutir este asunto” (Isaías 1:18, VP). Dios nos ordenó amar a Dios con todas nuestras mentes (Mateo 22:37). Cuando los cristianos optan por el irracionalismo, se convierten meramente en otra “opción religiosa,” y son clasificados junto con los de la Puerta del Cielo, la Sociedad de la Tierra Plana y otros grupos intelectualmente deficientes. A la luz del suicidio de los miembros de la Puerta del Cielo, varias de la revistas más importantes, como Esquire, Newsweek y US News and World Report afirmaron que la fe de los que pusieron fin a sus vidas siguiendo la religión de ciencia-ficción de Marshall Applewhite no eran más extraños que los cristianos que también creen cosas ridículas. Tristemente, el comportamiento de algunos cristianos le dio respaldo a tales acusaciones.

3. Ignorancia

Muchos cristianos no son conscientes de los tremendos recursos intelectuales que están a su disposición para defender “la fe que ha sido una vez dada a los santos” (Judas 3). Esto es en gran medida porque muchas de las principales iglesias y organizaciones paraeclesiásticas prácticamente no toman en cuanta a la apologética. Uno de los principales ministerios entre universitarios, con una gran historia y un programa espléndido en los demás aspectos, no ofrece ningún material para ayudar a los estudiantes a tratar con la incredulidad que emana de sus profesores seculares. Pocos sermones evangélicos se ocupan de las evidencias a favor de la existencia de Dios, la resurrección de Jesús, la justicia del infierno, la supremacía de Cristo o los problemas lógicos que tienen las cosmovisiones no-cristianas. Los libros cristianos de mayor venta, con raras excepciones, se dedican a especulaciones apocalípticas sin fundamento, exaltan a celebridades cristianas (cuyas personalidades a menudo no condicen con su fama), y se deleitan en métodos para lograr cosas. Uno puede darse cuenta de muchas cosas acerca de un movimiento por lo que lee, y por lo que no lee.

4. Cobardía

En nuestra sociedad pluralista, una actitud de “vive y deja vivir” es la norma, y una capitulación a la presión social amenaza al evangelicalismo y la vacía de sus convicciones. Hay demasiados evangélicos que están más preocupados por ser “agradables” y “tolerantes” que por ser bíblicos o fieles al Evangelio exclusivo que se encuentra en sus Biblias. No hay suficientes evangélicos que estén dispuestos a presentar y defender su fe en situaciones desafiantes, sea en la escuela, en el trabajo o en otros contextos públicos. La tentación está en privatizar la fe y aislarlo y confinarlo fuera de la vida pública por completo. Sí, somos cristianos (en nuestros corazones), pero tenemos dificultad para conectar a alguien con lo que creemos y explicarle por qué lo creemos. Esto no es más que cobardía y una traición a lo que decimos que creemos. Considere la oración inspirada de Pablo y su admonición para nosotros: “Manténganse constantes en la oración, siempre alerta y dando gracias a Dios. Oren también por nosotros, a fin de que el Señor nos abra las puertas para predicar el mensaje y hablar del secreto de Cristo, pues por este secreto estoy preso. Oren para que yo lo dé a conocer tan claramente como debo hacerlo. Pórtense prudentemente con los no creyentes, y aprovechen bien el tiempo. Su conversación debe ser siempre agradable y de buen gusto, y deben saber también cómo contestar a cada uno” (Colosenses 4:2-6).

Podremos experimentar rechazo; pero Jesús llamó a aquellos que son perseguidos por su causa “bienaventurados.” “Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo. Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos; porque así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros” (Mateo 5:11-12).

El apóstol Pedro se hace eco de su Maestro: “Si sois vituperados por el nombre de Cristo, sois bienaventurados, porque el glorioso Espíritu de Dios reposa sobre vosotros” (1 Pedro 4:14).

Por otro lado, cuando el Espíritu Santo bendice nuestros esfuerzos, las personas van a responder con interés y hasta con una fe salvadora (Romanos 1:16). Nunca debemos olvidarnos que Jesús tiene toda autoridad en los cielos y en la tierra, y que él nos ha comisionado a declarar y defender su Evangelio (Mateo 28:18-20).

5. Arrogancia y vanidad intelectual

En el otro extremo del espectro del error yace la arrogancia del apologista sabelotodo, que está más interesado en mostrar su arsenal de argumentos que en defender la verdad de una forma piadosa. El pecado que acosa a la apologética es el orgullo intelectual, y debe ser evitado a cualquier precio. La verdad que defendemos es un don de la gracia y no nuestro logro intelectual. Desarrollamos nuestras habilidades apologéticas para santificarnos en la verdad, para ganar almas para Cristo y para glorificar a Dios. Debemos hablar “la verdad en amor” (Efesios 4:15). La verdad sin amor es arrogancia; el amor sin verdad es sentimentalismo.

La arrogancia también ocurre cuando algún apologista acusa a otros creyentes de herejía sin evidencia suficiente. Pablo les dijo a los primeros líderes de la iglesia que debían esperar la herejía en medio de la iglesia y que debían estar en guardia ante ella. (Hechos 20:28-31) Nosotros debemos hacer lo propio. Sin embargo, debemos estar alertas para no calumniar a camaradas cristianos o suponer lo peor acerca de ellos. ¡Conozco este error de primera mano, habiendo sido yo mismo acusado de ser de la Nueva Era porque un crítico leyó erróneamente una parte de mi libro en contra de la Nueva Era, Unmasking the New Age (Desenmascarando la Nueva Era)! No malgastemos nuestras energías apologéticas atacando a otros creyentes cuando los verdaderos herejes e incrédulos están clamando por la refutación y la corrección.

6. Técnicas superficiales o apologética facilista

Algunos que se entusiasman con la apologética pueden contentarse con tener respuestas superficiales a preguntas intelectuales difíciles. Nuestra cultura se deleita en respuestas rápidas para casi todo, y la técnica es lo más importante. Algunos cristianos memorizan respuestas correctas a preguntas apologéticas-tales como el problema del mal o la controversia sobre la creación/evolución-que difunden sin el compromiso adecuado sobre los temas y sin una preocupación empática para el alma que presenta la pregunta. Una vez vi un librito llamado algo así como The Handy, Dandy Evolution Refuter (El Práctico Refutador de la Evolución). Sí, la macroevolución es falsa, y se han levantado buenos argumentos en contra de ella tanto desde la naturaleza como desde las Escrituras, pero el tema no es tan simplista como lo hace aparecer el
título de ese libro. La apologética debe ser hecha con integridad intelectual.

El lema apologético de Francis Schaeffer era que debemos dar “respuestas honestas a preguntas honestas.” Primero, debemos realmente escuchar la pregunta que se nos hace o la objeción que se nos levanta. Debemos meternos dentro de las mentes de aquellos que están dando razones para no seguir a Cristo. Cada persona es diferente, no importa cuán comunes puedan ser algunas objeciones escépticas. No reduzcan a las personas a frases hechas.

Segundo, conteste a lo que escucha. No conteste una pregunta que no fue hecha. Tal enfoque superficial no impresionará a un incrédulo pensante. Si usted no puede producir una respuesta sólida a la objeción en el momento, no trate de esconder su ignorancia o incapacidad. El admitir honestamente sus limitaciones es mejor que dar una respuesta de mala calidad. Dígale a la persona que es un buen punto y que necesita pensar más acerca de él. El cristianismo es absolutamente verdadero; pero esto no implica que cada cristiano en particular puede manejar en forma absoluta cualquier objeción que se levante en contra de él.

Debemos evitar las técnicas apologéticas y, en cambio, desarrollar recursos intelectuales y cultivar un diálogo real con los incrédulos.

Bien ha dicho Walter Martin que la iglesia evangélica es un gigante dormido, y él luchó vigorosamente para despertarla a su potencial dado por Dios para presentar el Evangelio y defenderlo contra objeciones de los escépticos y de las sectas. Con este legado en mente, que podamos nosotros reavivar esta visión y encontrar la pasión y sabiduría para concretarla mediante el poder del Espíritu Santo (Hechos 1:8).

Enviado por correo electrónico por uno de nuestros mejores Ministros en entrenamiento!

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