“Los buenos deseo de Dios y mis buenos deseos para mí” por Ps. Osvaldo Paiva


“Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová pensamientos de paz y no de mal, para daros el fin que esperáis” Jeremías 29:11.

Dios desea buenas cosas para nosotros, eso no se puede dudar: “Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan?” Mateo 7:11.

Existe desde hace tiempo en la iglesia una enseñanza muy difundida que afirma que Dios desea darme todo lo bueno que yo quiero para mi vida. Todas las cosas buenas que yo deseo para mí en esta vida, Dios también desea dármelas. Tengo nada más que pedirlas y las voy a tener. Y el pasaje por excelencia usado para afirmar esta enseñanza es Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma” 3Juan 2.

¿Cuáles son las cosas buenas para mí? ¿Y cuáles son las cosas buenas para ti? Bueno, es posible que coincidamos en algunas cosas importantes, por ejemplo: La prosperidad material “…deseo que tú seas prosperado en todas las cosas” Muchas personas cuando escuchan a un pastor decir: “Hermanos, Dios quiere que todos ustedes sean ricos, que tengan abundancia de todo, que sus negocios prosperen, que seas promocionado a un cargo superior, que seas un líder de éxito, para la gloria de Dios, ¡aleluya!” Eso suena maravilloso y muy motivador ¿Verdad? Porque cuando lo lees en la Biblia y te lo explican de esa manera no puedes dudar. Y si te ponen como ejemplo la prosperidad de Abraham, David y Salomón, no puedes más que saltar dándole gloria a Dios.

Otra de las cosas que Dios quiere es que todos podamos gozar de buena salud: “…Y que tengas salud” Los cultos y campañas de sanidades y milagros tienen un atractivo muy grande sobre la gente, especialmente aquellas que sufren enfermedades crónicas o están impedidas físicamente ¿Quién es la persona que no tiene algún familiar enfermo? Entonces cuando se oye la siguiente publicidad: “Venga por su milagro… venga y sea sano por el poder de Dios” muchos son irresistiblemente atraídos y cuando escuchan: “Ciertamente él llevó nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores…” ¿Quién resistiría no entregarse completamente al Señor?

También Dios desea que disfrutemos del amor, comenzando por Él mismo, el amor de nuestro cónyuge, de nuestros hijos, hermanos, padres y amigos. Las personas que se sienten incomprendidas, rechazadas, heridas y maltratadas necesitan palabras de aliento, de amor, de esperanza, que les levanten el ánimo, que les den nuevas motivaciones en sus vidas. Un hábil predicador debe saber cómo aprovechar al máximo los problemas inherentes con la falta de amor de las personas: Dios te ama…desea restaurar tu matrimonio…desea sanar tus heridas…quiere abrazarte, consolarte y darte un lugar de honra…etc.” Palabras más, palabras menos, pueden obrar un efecto mágico en el corazón de la gente: “Porque de tal manera amó Dios al mundo….

Según la forma en que se usen las palabras, el tono, las repeticiones y afirmaciones, acompañadas del ambiente y la música apropiada, ellas pueden fácilmente manipular las emociones de las personas predispuestas a ser sugestionadas, para que lleguen a sentir cosas que el orador o predicador desea que sientan. Para lograr el efecto deseado se pueden usar como respaldo frases, o pensamientos inspirados de personas famosas, incluyendo también palabras de la Biblia. Este poder persuasivo se ha usado siempre y con gran éxito por los grandes ilusionistas y líderes carismáticos de todas las épocas.

Si usted es una persona observadora y un poco estudiosa del tema, fácilmente se dará cuenta de cómo usan estas técnicas algunos grandes predicadores de multitudes, llamados apóstoles y profetas. Ellos pueden manipular con extraordinaria habilidad las emociones y las necesidades del público que los oye, haciéndoles creer que es el Espíritu Santo el que está obrando. El éxito de los mismos es seguro porque es muy difícil para las personas no espirituales o inmaduras darse cuenta del engaño.

Porque la base del engaño está en hacer que nuestros deseos sean exactamente iguales a los deseos de Dios. Es decir, que si alguien me puede convencer de que Dios me quiere ver rico, pues lo voy a seguir ciegamente, y por supuesto voy a hacer lo que me diga, hasta que los buenos deseos de Dios se cumplan en mi vida, y él se glorifique en ellos. Si la buena voluntad, agradable y perfecta de Dios para mi vida es que sea siempre sano, y un predicador me convence de que puedo por la fe recibir sanidad completa y para siempre de cualquier dolencia, pues es lógico que lo siga y le obedezca en todo lo que me mande, especialmente si padezco de alguna enfermedad.

Un predicador elocuente y hábil en el uso de pasajes claves de las Escrituras, puede fácilmente persuadir a sus oyentes de que Dios desea cumplir exactamente todos los buenos deseos que ellos tienen para sus vidas. Con esto no es difícil entender por qué tanta gente hoy se ha hecho cristiana, pero con un arrepentimiento falso, por conveniencia, para que Dios les cumpla todos sus buenos deseos, porque esa es su voluntad.

“¿Cuántos quieren ser sanos; cuántos quieren ser prosperados; cuántos desean tener éxito en todo lo que emprendan?” Todos “¿Y qué tienen que hacer para recibir todo eso? Solo deben recibir a Cristo como Señor y Salvador, pidiendo perdón por sus pecados y ya está” Con este tipo de predicación miles han entrado por la puerta ancha a las filas del cristianismo. Sin embargo este tipo de oferta del evangelio no tiene ningún sustento bíblico, porque no es el evangelio. El verdadero evangelio solo promete salvación por la fe al pecador arrepentido, sin ninguna otra promesa, ni de sanidad, ni de prosperidad, ni de solución a sus problemas terrenales que siempre son sus deseos más fervientes “Al oír esto, se compungieron de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles; Varones hermanos, ¿qué haremos? Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo; y recibiréis el don del Espíritu Santo” Hechos 2:37-38 ¿Qué iban a recibir? Es obvio que nada de sus buenos deseos.

Es interesante ver que algunas personas luego de convertirse a Cristo, en lugar de recibir todos sus buenos deseos para sí mismos, al contrario perdieron cosas buenas que tenían; unos perdieron a sus familias y amistades, otros se empobrecieron perdiendo sus bienes materiales, otros perdieron la salud y hasta algunos perdieron la vida por causa de Cristo. Vamos a ver algunos ejemplos:

La promesa de Jesús para Pablo: “El Señor le dijo: Ve, porque instrumento escogido me es éste, para llevar mi nombre en presencia de los gentiles, y de reyes, y de los hijos de Israel; porque yo le mostraré cuánto le es necesario padecer por mi nombre” Hechos 9:15-16. Con seguridad los buenos deseos de Pablo para su vida no eran en ese momento iguales a los del Señor.

Moisés era un príncipe en Egipto, pero por causa de su llamamiento lo perdió todo, riquezas, prestigio y respeto. “Por la fe Moisés, hecho ya grande, rehusó llamarse hijo de la hija de Faraón, escogiendo antes ser maltratado con el pueblo de Dios, que gozar de los deleites temporales del pecado, teniendo por mayores riquezas el vituperio de Cristo que los tesoros de los egipcios, porque tenía la mirada puesta en el galardón” Hebreos 11:24-26. Moisés jamás recuperó la gloria que tuvo en Egipto, sino que descendió hasta la humillación total y el despojo absoluto de todos sus bienes.

Pablo una vez más nos relata el precio de ser cristiano. “Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo. Y ciertamente, aún estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo” Filipenses 3:7-9.  ¿Es lícito presentar el evangelio a los incrédulos acomodando sus deseos a los deseos de Dios? Vemos que no, porque es mentira, es pecado.

Jesús mismo nunca prometió a sus oyentes darles lo que ellos deseaban, al contrario les dijo muy bien lo que les pasaría si le seguían: “No penséis que he venido para traer paz a la tierra; no he venido para traer paz, sino espada. Porque he venido para poner en disensión al hombre contra su padre, a la hija contra su madre, y a la nuera contra su suegra; y los enemigos del hombre serán los de su casa” Mateo 10:34-36.

El verdadero evangelio nos demuestra cuán diferentes son los buenos deseos de Dios comparado con los buenos deseos que tenemos para nosotros mismos. Aunque ciertamente las cosas buenas que deseamos las recibimos según la voluntad de Dios por añadidura, cuando aprendemos a buscar primeramente el reino de Dios y su justicia. Mateo 6:33.

Es absolutamente imposible manipular las emociones y necesidades de las personas con el verdadero evangelio. Porque es imposible que la gente lo acepte como algo bueno para sus vidas. Dios estableció que su evangelio sea una ofensa y locura para todos los que se pierden. Lo hizo de esa manera para que solo sus escogidos oigan con fe, se salven y los demás lo rechacen y sean condenados.Porque la palabra de la cruz es locura a los que se pierden, pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios” 1Corintios 1:18.

Hermanos, pastores, maestros, y evangelistas prediquemos el verdadero evangelio, dejemos de engañar a la gente haciéndoles creer que Dios desea darles una gran vida aquí en la tierra, cumpliendo todos sus deseos para gloria suya, con el propósito malvado de llenar nuestras iglesias. Prediquemos la verdad sin manipular las emociones y deseos de la gente para forzarlos a aceptar a un falso Cristo, haciéndolos entrar por la puerta ancha de la perdición ¡Arrepintámonos del falso evangelio que hemos estado predicando, mientras aún hay tiempo, antes que venga el juicio de Dios sobre todos nosotros!

Prediquemos las buenas nuevas del evangelio que incluyen primero la salvación absoluta y eterna, y secundariamente la posibilidad de sanidad física, riquezas y bienestar familiar, que son relativos, según la voluntad de Dios para cada uno de sus hijos. Prediquemos para que la gente vaya al cielo, no para que se deleiten en los placeres terrenales.

SOLO LOS DESEOS DE DIOS SON BUENOS, SOLO LOS DESEOS DE DIOS SON IMPORTANTES, Y TODOS MIS DESEOS AHORA SON SECUNDARIOS Y ESTAN SUJETOS A LA VOLUNTAD DE DIOS.

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