La amargura Por Jaime Mir√≥n


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La amargura

Posted: 25 Nov 2011 03:18 PM PST

I. LA AMARGURA, EL PECADO MAS CONTAGIOSO

Por Jaime Mirón Guatemala, America Central

Hace tiempo prediqué en una iglesia donde el pastor deseaba que yo hablase con Alberto, uno de los diáconos de su congregación.

Tres a√Īos antes la esposa de Alberto hab√≠a hecho abandono del hogar y se hab√≠a ido con otro hombre a la ciudad capital, dejando a su marido y a sus dos hijos. Me explic√≥ el pastor que los esposos eran buenos cristianos y que ‚Äúno hab√≠a motivo‚ÄĚ para que ella abandonara a su familia. Aproximadamente seis semanas despu√©s, la mujer entr√≥ en raz√≥n y volvi√≥ a casa arrepentida. En forma inmediata, pidi√≥ perd√≥n a Alberto, a los hijos y hasta se present√≥ ante la congregaci√≥n para mostrar p√ļblicamente su arrepentimiento y su disposici√≥n a sujetarse a la disciplina de la iglesia.

Alberto me explic√≥ en palabras terminantes que aunque hab√≠a permitido que su esposa regresara al hogar, no la hab√≠a perdonado y no la perdonar√≠a. Peor todav√≠a, declar√≥ que estaba dispuesto a esperar el tiempo necesario (hasta que los hijos de 6 y 9 a√Īos crecieran y se hicieran mayores) para entonces vengarse de ella. Aunque hab√≠a transcurrido poco tiempo desde el incidente con su esposa, ya se ve√≠an huellas de amargura en el rostro de Alberto.

La amargura no se ve solamente en casos tan extremos. Conozco centenares de otros ejemplos de personas que sufrieron ofensas por cosas que parecieran triviales. Menciono s√≥lo tres: (1) Una mujer se ofendi√≥ porque el pastor no estaba de acuerdo con su definici√≥n de ‚Äúalabanza‚ÄĚ, y desde aquel momento empez√≥ a maquinar para sacarlo de la iglesia; (2) un hombre vivi√≥ amargada desde que lo pasaron por alto para un ascenso en su empleo. (3) El intercambio de cartas con una profesora de Centroam√©rica ilustra cu√°n sutil puede ser la amargura en la vida del creyente. El problema de presentaci√≥n era que esta mujer se sent√≠a solay triste porque su hija, yerno y nietos se hab√≠an mudado a los Estados Unidos de Am√©rica. En su segunda carta no utiliz√≥ la palabra ‚Äúsola‚ÄĚ sino ‚Äúabandonada‚ÄĚ, y en lugar de ‚Äútriste‚ÄĚ surgi√≥ el t√©rmino ‚Äúenojada‚ÄĚ. En las siguientes misivas se hizo evidente que estaba sumergida en autocompasi√≥n y amargura. No s√≥lo se sent√≠a herida porque su hija viv√≠a en otro pa√≠s, sino adem√°s resentida porque (seg√ļn ella) los otros familiares que viv√≠an cerca no la tomaban en cuenta ‚Äúdespu√©s de todo lo que ella hizo por ellos‚ÄĚ.

En lo personal, empec√© a estudiar el tema de la amargura poco despu√©s de un grave problema que tuvimos en la iglesia a que asistimos desde hace varios a√Īos. La dificultad radicaba en una seria diferencia de filosof√≠a de ministerio entre los di√°conos y los ancianos. Pero lo que caus√≥ la desuni√≥n no fue el problema en s√≠ ‚Äďque se habr√≠a podido resolver buscando a Dios en oraci√≥n, en su Palabra y con un franco di√°logo entre las partes ‚Äď sino las personas ofendidas, los chismes, y la amargura resultante.

En medio de esa crisis en nuestra iglesia, tuve que viajar a otro pa√≠s para ense√Īar sobre el tema ‚ÄúC√≥mo aconsejar empleando principios b√≠blicos‚ÄĚ. Era domingo por la ma√Īana y esperaba que me pasaran a buscar para llevarme a la iglesia. Puesto que el culto comenzaba tarde contaba con un par de horas para descansar, y prend√≠ la televisi√≥n para escuchar la transmisi√≥n del serm√≥n del pastor de la iglesia m√°s grande de la ciudad. No pod√≠a creer lo que o√≠a: ese pastor estaba predicando sobre el tema que yo hab√≠a ense√Īado el d√≠a anterior, el perd√≥n. Como si un rayo penetrara en mi coraz√≥n, el Esp√≠ritu Santo me mostr√≥ que yo tambi√©n era culpable de estar dejando crecer una ra√≠z de amargura en mi vida por lo que ocurr√≠a en nuestra congregaci√≥n. En forma inmediata me arrodill√© para confesar el pecado, recibir el perd√≥n de Dios y perdonar a los que me hab√≠an hecho da√Īo. ¬°Qu√© alivio trajo a mi alma! Era como si alguien sacara un peso enorme de mis hombros.

Ese problema que viv√≠ en la iglesia tiene todos los elementos que este libro desea tratar. Quiz√° por esa raz√≥n el Se√Īor me permiti√≥ experimentarlo.

La amargura es el pecado m√°s f√°cil de justificar y el m√°s dif√≠cil de diagnosticar porque es razonable disculparlo ante los hombres y ante el mismo Dios. A la vez, es uno de los pecados m√°s comunes, peligrosos y perjudiciales y ‚Äďcomo veremos‚Äď el m√°s contagioso.

Al escribir este libro, es mi esperanza y oración que la persona amargada no solamente se dé cuenta de que en verdad eso es pecado, sino que además encuentre la libertad que sólo el perdón y la maravillosa gracia de Dios le pueden ofrecer.

II. LA¬†DEFINICI√ďN¬†DE LA AMARGURA

En el griego del Nuevo Testamento, ‚Äúamargura‚ÄĚ proviene de una palabra que significa punzar. Su ra√≠z hebrea agrega la idea de algo pesado. Finalmente, el uso en el griego cl√°sico revela el concepto de algo fuerte. La amargura, entonces, es algo fuerte y pesado que punza hasta lo m√°s profundo del coraz√≥n.

La amargura no tiene lugar autom√°ticamente cuando alguien me ofende, sino que es una reacci√≥n no b√≠blica (es decir pecaminosa) a la ofensa o a una situaci√≥n dif√≠cil y por lo general injusta. No importa si la ofensa fue intencional o no. Si el ofendido no arregla la situaci√≥n con Dios, la amargura le inducir√° a imaginar m√°s ofensas de la misma persona. La amargura es una manera de responder que a la larga puede convertirse en norma de vida. Sus compa√Īeros son la autocompasi√≥n, los sentimientos heridos, el enojo, el resentimiento, el rencor, la venganza, la envidia, la calumnia, los chismes, la paranoia, las maquinaciones vanas y el cinismo.

La amargura es resultado de sentimientos muy profundos, quiz√° los m√°s profundos de la vida. La raz√≥n por la que es tan dif√≠cil de desarraigar es triple: En primer lugar, el ofendido considera que la ofensa es culpa de otra persona (y muchas veces es cierto) y razona: ‚ÄúEl/ella debe venir a pedirme disculpas y arrepentirse ante Dios. Yo soy la v√≠ctima‚ÄĚ.

El cristiano se siente culpable cuando comete un pecado. Sin embargo, no nos sentimos culpables de pecado por habernos amargado cuando alguien peca contra nosotros, pues la percepción de ser víctima eclipsa cualquier sentimiento de culpa. Por lo tanto este pecado de amargura es muy fácil justificar.

En segundo lugar, casi nadie nos ayuda a quitar la amargura de nuestra vida. Por lo contrario, los amigos m√°s √≠ntimos afirman: ‚ÄúT√ļ tienes derecho‚Ķ mira lo que te ha hecho‚ÄĚ, lo cual nos convence aun m√°s de que estamos actuando correctamente.

Finalmente, si alguien cobra suficiente valor como para decirnos: ‚ÄúAmigo, est√°s amargado; eso es pecado contra Dios y debes arrepentirte‚ÄĚ, da la impresi√≥n de que al consejero le falta compasi√≥n (recuerde, que el ofendido piensa que es v√≠ctima). Me pas√≥ recientemente en un di√°logo con una mujer que nunca se ha podido recuperar de un gran mal cometido por su padre. Ella lleva m√°s de 30 a√Īos cultivando una amargura que hoy ha florecido en todo un huerto. Cuando compasivamente (G√°latas 6:1) le mencion√© que era hora de perdonar y olvidar lo que queda atr√°s (Filipenses 3:13), me acus√≥ de no tener compasi√≥n. Peor todav√≠a, m√°s tarde descubr√≠ que se quej√≥ a otras personas, diciendo que como consejero carec√≠a de ‚Äúsimpat√≠a‚ÄĚ y compasi√≥n.

Hasta es posible perder la amistad de la persona amargada por haberle aconsejado que quite la amargura de su vida (Efesios 4:31). El siguiente ejemplo ilustra c√≥mo la amargura puede dividir a amigos y familiares. Florencia, una joven de 21 a√Īos, pertenece a una familia que durante a√Īos ha sufrido una contienda familiar. Ella es la √ļnica que no desea culpar a los dem√°s ni demostrar que tiene raz√≥n sino que anhela ver reconciliaci√≥n. La pelea comenz√≥ poco despu√©s del nacimiento de Florencia, sobre lo que al principio fue algo insignificante. Veinte a√Īos m√°s tarde, alimentada por imaginaciones vanas, rencor y paranoia, existe una gran brecha entre dos grupos de la familia. A pesar de que casi todos son cristianos, la lucha es m√°s fuerte que nunca. Florencia, tomando en serio lo que dice la palabra de Dios sobre la amargura, con toda el alma quiere que la familia se reconcilie. Se siente impotente, sin embargo, porque est√° bajo la amenaza de no poder volver a casa de sus padres si pisa la propiedad de su hermana y su cu√Īado.

Finalmente, el lector notará una característica interesante en casi todos los ejemplos de este libro: por regla general nos amargamos con las personas más cercanas a nosotros.

III. LAS CONSECUENCIAS DE LA AMARGURA

Para motivar a una persona a cumplir con el mandamiento b√≠blico ‚Äúdespr√©ndanse de toda amargura‚Ķ‚ÄĚ (Efesios 4:31 NVI), veamos las m√ļltiples consecuencias (todas negativas) de este pecado.

1) El espíritu amargo impide que la persona entienda los verdaderos propósitos de Dios en determinada situación. Job no tenía la menor idea de que, por medio de su sufrimiento, el carácter de Dios estaba siendo vindicado ante Satanás. Somos muy cortos de vista.

2) El esp√≠ritu amargo contamina a otros. En uno de los pasajes m√°s penetrantes de la Biblia, el autor de Hebreos exhorta: ‚ÄúMirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna ra√≠z de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados‚ÄĚ (12:15). La amargura nunca se queda sola en casa; siempre busca amigos. Por eso es el pecado m√°s contagioso. Si no la detenemos puede llegar a contaminar a toda una congregaci√≥n, o a toda una familia.

Durante la celebraci√≥n de la pascua, los israelitas com√≠an hierbas amargas. Cuando un huerto era invadido por estas hierbas amargas, no se lo pod√≠a limpiar simplemente cortando la parte superior de las plantas. Cada pedazo de ra√≠z deb√≠a extraerse por completo, ya que de cada peque√Īa ra√≠z aparecer√≠an nuevos brotes. El hecho de que las ra√≠ces no se vean no significa que no existan. All√≠ bajo tierra germinan, se nutren, crecen, y los brotes salen a la superficie y no en un solo lugar sino en muchos. Algunas ra√≠ces silvestres son casi imposibles de controlar si al principio uno no las corta por lo sano. El escritor de Hebreos advierte que la amargura puede quedar bajo la superficie, aliment√°ndose y multiplic√°ndose, pero saldr√° a la luz cuando uno menos lo espera.

Aun cuando la persona ofendida y amargada enfrente su pecado de la manera prescrita por Dios, no necesariamente termina el problema de la contaminaci√≥n. Los compa√Īeros han tomado sobre s√≠ la ofensa y posiblemente se irriten con su amigo cuando ya no est√© amargado.

Hace poco un m√©dico muy respetado y supuestamente cristiano hab√≠a abandonado a su esposa y a sus tres hijos, y√©ndose con una de las enfermeras del centro m√©dico donde trabajaba. Despu√©s de la sacudida inicial, entr√≥ en toda la familia la realizaci√≥n de que el hombre no iba a volver. Puesto que era una familia muy unida, se enojaron juntos, se entristecieron juntos, sufrieron juntos y planearon la venganza juntos, hasta que sucedi√≥ algo sorprendente: la esposa, Silvia, perdon√≥ de coraz√≥n a su (ahora) ex esposo y busc√≥ el consuelo del Se√Īor. Ella todav√≠a tiene momentos de tristeza y de soledad, pero por la gracia de Dios no est√° amargada. Sin embargo, los dem√°s familiares siguen amargados y hasta molestos con Silvia porque ella no guarda rencor.

3) El esp√≠ritu de amargura hace que la persona pierda perspectiva. N√≥tese la condici√≥n del salmista cuando estaba amargado: ‚Äú‚Ķ entonces era yo torpe y sin entendimiento; era como una bestia delante de ti‚ÄĚ (Salmo 73:21, 22 BLA). La persona amargada toma decisiones filtradas por su profunda amargura. Tales decisiones no provienen de Dios y generalmente son legalistas. Cuando la amargura echa ra√≠ces y se convierte en norma de vida, la persona ve, estima, eval√ļa, juzga y toma decisiones seg√ļn su esp√≠ritu amargo.

Nótese lo que pasó con Job. En su amargura culpó a Dios de favorecer los designios de los impios (Job 10:3). Hasta lo encontramos a aborreciéndose a sí mismo (Job 9:21; 10:1).

En el af√°n de buscar alivio o venganza, quien est√° amargado invoca los nombres de otras personas y exagera o generaliza: ‚Äú‚Ķtodo el mundo est√° de acuerdo‚Ķ‚ÄĚ o bien ‚Äúnadie quiere al pastor‚Ķ‚ÄĚ Las frases ‚Äútodo el mundo‚ÄĚ y ‚Äúnadie‚ÄĚ pertenecen al l√©xico de la amargura.

Cuando la amargura llega a ser norma de vida para una persona, ésta por lo general se vuelve paranoica e imagina que todos están en su contra. Un pastor en Brasil me confesó que tal paranoia tomó control de su vida, y empezó a defenderse mentalmente de adversarios imaginarios.

4) El esp√≠ritu amargo se disfraza como sabidur√≠a o discernimiento. Es notable que Santiago emplea la palabra ‚Äúsabidur√≠a‚ÄĚ en 3:14‚Äď15 al hablar de algunas de las actitudes m√°s carnales de la Biblia. La amargura bien puede atraer a muchos seguidores. ¬°Qui√©n no desea escuchar un chisme candente acerca de otra persona!5La causa que present√≥ Cor√© pareci√≥ justa a los oyentes, tanto que 250 pr√≠ncipes renombrados de la congregaci√≥n fueron enga√Īados por sus palabras persuasivas. A pesar de que la Biblia aclara que el coraz√≥n de Cor√© estaba lleno de celos amargos, ni los m√°s preparados lo notaron.

5) El esp√≠ritu amargo da lugar al diablo (Efesios 4:26). Una persona que se acuesta herida, se levanta enojada; se acuesta enojada, y se levanta resentida; se acuesta resentida, y se levanta amargada. El diablo est√° buscando a quien devorar (1¬™ Pedro 5:8). Pablo nos exhorta a perdonar ‚Äú‚Ķpara que Satan√°s no gane ventaja alguna sobre nosotros; pues no ignoramos sus maquinaciones‚ÄĚ (2 Corintios 2:11). Satan√°s emplea cualquier circunstancia para dividir el cuerpo de Cristo.

6) El esp√≠ritu amargo puede causar problemas f√≠sicos. La amargura est√° ligada al resentimiento, t√©rmino que porviene de dos palabras que significan ‚Äúdecir de nuevo‚ÄĚ. Cuando uno tiene un profundo resentimiento, no duerme bien o se despierta varias veces durante la noche, y vez tras vez en su mente repite la herida como una grabadora. Es un c√≠rculo vicioso de no dormir bien, no sentirse bien al siguiente d√≠a, no encontrar soluci√≥n para el esp√≠ritu de amargura, no dormir bien, ir al m√©dico, tomar pastillas, etc. Algunas personas terminan sufriendo una gran depresi√≥n; otros acaban con √ļlceras u otras enfermedades.

7) El espíritu amargo hace que algunos dejen de alcanzar la gracia de Dios (Hebreos 12:15). En el contexto de Hebreos, los lectores estaban a punto de volver al legalismo y a no valerse de la gracia de Dios para su salvación. La persona amargada sigue la misma ruta porque la amargura implica vivir con recursos propios y no con la gracia de Dios. Tan fuerte es el deseo de vengarse que no permite que Dios, por su maravillosa gracia, obre en la situación.

IV. UN EXAMEN

‚ÄúEl coraz√≥n conoce la amargura de su alma‚ÄĚ

(Proverbios 14:10).

Antes de exponer el antídoto bíblico para la amargura, tomemos un examen para averiguar si ha brotado raíz de amargura en la vida. Recomiendo que, en oración, el lector medite sobre cada pregunta.

1) ¬ŅExiste una situaci√≥n en su vida que aparece frecuentemente en la mente o le despierta durante la noche?

2) ¬ŅEst√° maquinando maneras de vengarse si tan s√≥lo tuviera oportunidad de hacerlo? Varias personas me han dicho que estas maquinaciones son, precisamente, lo que les privan del sue√Īo.

3) ¬ŅRecuerda hasta los m√°s √≠nfimos detalles de un evento que sucedi√≥ hace tiempo? La amargura tiene una memoria de elefante, y recuerda hasta los detalles m√°s oscuros de un incidente. Tiempo atr√°s dos vecinas nuestras, cristianas, tuvieron una fuerte ri√Īa en plena calle. Fue sorprendente que una de las contrincantes, sin sacar apuntes pero con lujo de detalles, nombr√≥ cada vez que su vecina le hab√≠a pedido prestado algo durante los √ļltimos cinco a√Īos. Despu√©s de haber sembrado resentimiento, √©ste brot√≥ en amargura cuando se present√≥ el ambiente apropiado.

¬ŅPor qu√© recordamos ese tipo de detalles con tanta facilidad? En primer lugar, porque tal como mencionamos en la secci√≥n I siempre recordamos las heridas y las ofensas. Pero la raz√≥n principal es que repasamos y repasamos los detalles.

Cuando yo era estudiante en la secundaria, un maestro nos ense√Ī√≥ cu√°l era, seg√ļn √©l, la mejor manera de recordar el material del curso: repasar, repetir y repasar. ¬°Si pudi√©ramos recordar los buenos momentos o aun los pasajes de la Biblia tanto como recordamos las ofensas!

4) ¬ŅSe siente ofendido y, debido a que usted estima es v√≠ctima, est√° justificando el resentimiento? Aqu√≠ la frase clave es ‚Äúpero yo tengo raz√≥n‚ÄĚ. No hay situaci√≥n m√°s dif√≠cil de solucionar que cuando la persona ofendida tiene raz√≥n.

Carlos, un brillante y joven empresario, ascendi√≥ r√°pidamente en la empresa y a los 36 a√Īos lleg√≥ a ser vicepresidente con miras a llegar aun m√°s arriba. Aunque el mismo director y fundador de la organizaci√≥n lo hab√≠a empleado, lleg√≥ a sentir que Carlos era una amenaza y busc√≥ motivos para despedirlo. Este, un creyente en Cristo, ignoraba el complot que se gestaba en la oficina a s√≥lo cinco metros de la suya. Finalmente, un viernes por la tarde el director comunic√≥ a Carlos en palabras terminantes que no ten√≠a que volver a trabajar el lunes. Cuando pregunt√≥ por qu√©, el director, tambi√©n cristiano, present√≥ una serie de mentiras y medias verdades.

Carlos encontró otro empleo pero sigue amargado. Envenenó de amargura a su esposa (que, por supuesto, tomó sobre sí la ofensa y está más amargada que él) y a sus mejores amigos.

Ahora bien, Carlos ten√≠a toda la raz√≥n. Cada vez que escucho la historia yo mismo me enojo, porque era y sigue siendo injusto. Admito que es dif√≠cil quitar la amargura de la vida de quien fue ofendido, herido, pisoteado, marginado, pasado por alto, o algo similar. Es dif√≠cil porque esa persona es v√≠ctima. Sin embargo, la Santa Palabra de Dios interviene con el mandamiento ‚Äúqu√≠tense de vosotros toda amargura‚Ķ‚ÄĚ (Efesios 4:31).

5) ¬ŅHay explosiones desmedidas en cuanto a incidentes que de otra manera tendr√≠an menor importancia? Sucede a menudo en la vida matrimonial cuando uno de los c√≥nyuges por alg√ļn motivo est√° amargado. Tal amargura se entremete en todas las contiendas con el c√≥nyuge, y es como un volc√°n esperando el momento de erupci√≥n. S√ļbitamente y sin previo aviso, comienza a salir todo tipo de veneno antes escondido bajo la superficie. El c√≥nyuge se sorprende por la reacci√≥n violenta y se pregunta cu√°l es la raz√≥n.

6) ¬ŅLe sucede que al leer la Biblia casi inconscientemente aplica la Escritura a otros en vez de a s√≠ mismo? Muchas personas amargadas hallan en la Biblia ense√Īanzas que aplican a otros (en forma especial al ofensor).

Una de las pruebas de que yo me libr√© de la amargura fue que al leer el libro de Proverbios me encontr√© aplicando sus ense√Īanzas a mi propia vida en vez de a la vida de otros involucrados en el incidente en la iglesia.

7) Por lo general ¬Ņusa usted expresiones que incluyen ‚Äúellos‚ÄĚ o ‚Äútodo el mundo‚ÄĚ para apoyar sus argumentos? Durante el problema que experimentamos en nuestra iglesia entr√≥ en combate uno de los amigos m√°s √≠ntimos de la amargura: el chisme. La persona amargada piensa que tiene raz√≥n (y probablemente sea cierto), busca a otros, comparte su experiencia, fundamenta su actitud con exageraciones y generalizaciones refiri√©ndose a ‚Äútodo el mundo‚ÄĚ. Para poder enterrar el problema en nuestra congregaci√≥n, entre otras cosas tuvimos que disciplinar a una dama que cay√≥ en el pecado de ser chismosa.

Enfrentada con los pecados de la amargura y el chisme, se justific√≥ diciendo que ‚Äúten√≠a raz√≥n‚ÄĚ, y junto con su esposo se fueron de la iglesia ofendidos.

8 ) Cuando se refiere a su iglesia local, ¬Ņhabla de ‚Äúellos‚ÄĚ o de ‚Äúnosotros‚ÄĚ? La persona amargada empieza a distanciarse de la congregaci√≥n, cuando dice ‚Äúellos‚ÄĚ al referirse a otros miembros de la iglesia.

V. MANERAS NO¬†B√ćBLICAS¬†DE TRATAR CON LA AMARGURA

‚ÄúQu√≠tense de vosotros toda amargura‚Ķ‚ÄĚ

(Efesios 4:31).

La amargura es uno de los pecados m√°s comunes no solamente en el mundo sino tambi√©n entre el pueblo cristiano evang√©lico. Casi todos hemos sido ofendidos, y una u otra vez hemos llegado al punto de la amargura. Muchos no han podido superar una ofensa y han dejado crecer una ra√≠z de amargura en su coraz√≥n. Debido a que es dif√≠cil (si no imposible) vivir amargado y en paz, el hombre maquina maneras para tratar de resolver su problema de amargura y as√≠ menguar el dolor, pero sin embargo la amargura queda intacta. Para poder extirpar de manera b√≠blica la amargura del coraz√≥n, es imperioso comprender y desenmascarar las varias formas mundanas de ‚Äúsolucionar‚ÄĚ el problema, para que no quede otra alternativa que la b√≠blica.

1. Vengarse. La manera no b√≠blica m√°s com√ļn es tomar venganza. Hace poco escuch√© una entrevista con un escritor de novelas policiales, quien coment√≥ que s√≥lo existen tres motivos para asesinar a una persona: amor, dinero, y venganza. En un pa√≠s centroamericano asolado por la guerrilla, me comentaron que muchos se aprovechan de tales tiempos para vengarse y echar la culpa a los guerrilleros. Con raz√≥n Pablo exhorta: ‚Äú‚Ķno os vengu√©is vosotros mismos, amados m√≠os, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito est√°: M√≠a es la venganza, yo pagar√©, dice el Se√Īor‚ÄĚ (Romanos 12:19).

A pesar de las circunstancias, la Biblia sostiene que jam√°s es voluntad de Dios que nos venguemos nosotros mismos.

Julia y Roberto son hermanos; ambos est√°n casados y tienen 4 y 3 hijos respectivamente. Cuando viv√≠an en la casa paterna sufr√≠an con un padre borracho y perverso. No s√≥lo los trat√≥ con violencia y con las palabras m√°s degradantes, sino que tambi√©n se aprovech√≥ sexualmente de sus hijos. Pasaron los a√Īos y Roberto ‚Äďya adulto, herido, con muchos malos recuerdos y profundamente amargado‚Äď odia a su padre. ¬ŅQui√©n lo puede culpar por sentirse profundamente herido? Otra vez podemos decir que ‚Äútiene raz√≥n‚ÄĚ. No es cuesti√≥n de minimizar el pecado de la otra persona ni el da√Īo o la herida, sino es cuesti√≥n de qu√© hacer ahora, y magnificar la gracia de Dios.

Buscando alivio, Roberto, acudi√≥ a un psic√≥logo no cristiano que le ayud√≥ a descubrir la profundidad de su odio y amargura, y sugiri√≥ como soluci√≥n la venganza. Durante los √ļltimos a√Īos Roberto ha estado llevando a cabo el dictamen. Principi√≥ con llamadas telef√≥nicas insultando a su padre con las mismas palabras degradantes que √©ste hab√≠a empleado. Cuando las llamadas dejaron de tener el efecto deseado, empez√≥ a sembrar veneno en su hermana Julia y los dem√°s familiares para que hicieran lo mismo. No es de extra√Īar que cada reuni√≥n familiar termine en un espect√°culo como la lucha libre. Hoy d√≠a Roberto es un hombre amargado y cada d√≠a m√°s infeliz.

Por su parte Julia ‚Äďadulta y tambi√©n herida, y con muchos malos recuerdos pero sin amargura‚Äď ama a su padre. Es cristiana, esposa de un pastor, y opt√≥ por perdonar a su padre e intentar ganarlo para Cristo. Dos personas de la misma familia y que experimentaron las mismas circunstancias, eligieron dos caminos distintos: uno la venganza y la otra el perd√≥n.

Cuando intento vengarme por mi propia cuenta…

a) Me pongo en el lugar de Dios. De acuerdo a la Biblia la venganza pertenece a Dios. Entonces, la venganza es el pecado de usurpar un derecho que sólo le pertenece a El. Querer vengarnos por nosotros mismos es asumir una actitud de orgullo, el mismo pecado que causó la caída de Lucero (Isaías 14:13, 14). Por lo tanto, al tratar de vengarnos (aunque tan sólo en nuestra mente), estamos pisando terreno peligroso.

Por otra parte, la ira de Dios siempre es ira santa. Dios no obrará hasta tanto yo deje la situación en sus manos. No puedo esperar de mi parte la solución que solamente el Dios soberano puede llevar a cabo.

b) La venganza siempre complica la situación. Mi propia venganza provoca más problemas, más enojo, envenena a otros y deja mi conciencia contaminada.

c) Sobre todo, tomar venganza por nuestros medios es un pecado contra el Dios santo. Es una gran lecci√≥n ver como el ap√≥stol Pablo dej√≥ lugar a la ira de Dios cuando dijo: ‚ÄúAlejandro el calderero me ha causado muchos males; el Se√Īor le pague conforme a sus hechos‚ÄĚ (2 Timoteo 4:14).

2. Minimizar el pecado de la amargura. Minimizo un pecado cuando por alg√ļn motivo puedo justificarlo. Existen, por lo menos, tres maneras de minimizar el pecado de la amargura:

a) Llamarlo por otro nombre, alegando que es una debilidad, una enfermedad o desequilibrio qu√≠mico, enojo santo, o sencillamente afirmando que ‚Äútodo el mundo lo est√° haciendo‚ÄĚ. Hay quienes dicen ser muy sensibles y como resultado est√°n resentidos pero no amargados. ¬°Cuidado! Existe una relaci√≥n muy √≠ntima entre los sentimientos heridos y la amargura.

b) Disculparse por las circunstancias y as√≠ justificar la amargura. ‚ÄúEn estas circunstancias Dios no me condenar√≠a por guardar rencor en mi coraz√≥n.‚ÄĚ B√°sicamente, lo que estamos diciendo es que hay ocasiones cuando los recursos espirituales no sirven, y nos vemos obligados a pecar. Juan dice a tales personas: ‚ÄúSi decimos que no hemos pecado, le hacemos a El mentiroso, y su palabra no est√° en nosotros‚ÄĚ (1¬™ Juan 1:10).

c) Culpar al otro. Esta es, sin duda, la manera m√°s frecuente de eludir la responsabilidad b√≠blica de admitir que la amargura es pecado. Cuando de amargura se trata, el ser humano generalmente culpa a la persona que le ofendi√≥. En casos extremos algunos se resienten contra Dios. ‚ÄúNo s√© porque Dios me hizo as√≠‚Ķ‚ÄĚ ‚Äú¬ŅD√≥nde estaba Dios cuando me sucedi√≥ esto?‚ÄĚ

3. Desahogarse. Ultimamente se ha popularizado la idea de que ‚Äúdesahogarse‚ÄĚ sanar√° la herida. Ahora bien, es cierto que desahogarse tal vez ayuda a que la persona sobrellevar el peso que lleva encima (G√°latas 6:2). Sin embargo, es factible que (a) termine esparciendo la amargura y como resultado contamine a muchos; (b) le lleve a minimizar el pecado de la amargura porque la persona en quien se descarga contesta: ‚ÄúT√ļ tienes derecho‚ÄĚ; (c)¬†no considere la amargura como pecado contra Dios.

4. Una disculpa de parte del ofensor. Muchos piensan que el asunto termina cuando el ofensor pide disculpas a la persona ofendida. De acuerdo a la Biblia efectivamente esto forma parte de la soluci√≥n porque trae reconciliaci√≥n entre dos personas (Mateo 5:23‚Äď25). Sin embargo, falta reconocer que la amargura es un pecado contra Dios. S√≥lo la sangre de Cristo, no una disculpa, limpia de pecado (1¬™ Juan 1:7). La soluci√≥n radica tanto en la relaci√≥n horizontal (con otro ser humano) como en la vertical (con Dios).

5. Perdonar a Dios. Despu√©s de presentar estos principios en una iglesia, de dos fuentes diferentes escuch√© que la soluci√≥n para la amargura era ‚Äúperdonar a Dios‚ÄĚ. Cuando una persona no est√° conforme con su apariencia f√≠sica o con un suceso que dej√≥ cicatrices emocionales o f√≠sicas en su vida, se le aconseja que perdone a Dios por haber permitido que sucediera.

En Rut 1:13 Noemí estaba amargada contra Dios y hasta explicó a sus dos nueras que tenía derecho a estar más amargada que ellas porque se habían muerto su esposo y sus dos hijos. Es la clase de situación donde hoy día se aconsejaría perdonar a Dios por haberlo permitido.

Estoy convencido de que hablar de ‚Äúperdonar a Dios‚ÄĚ es blasfemia. Dios es bueno (Salmo 103); Dios es amor (1¬™ Juan 4:8); Dios est√° lleno de bondad (Marcos 10:18); Dios es esperanza (Romanos 15:13); Dios es santo (Isa√≠as 6:3); Dios es perfecto (Deuteronomio 32:4; Hebreos 6:18). Jam√°s habr√° necesidad de perdonarlo.

Este concepto de perdonar a Dios es uno de los intentos del ser humano de crear a Dios a imagen del hombre. Demuestra una total ignorancia e incomprensi√≥n de que Dios en su amor tiene m√ļltiples prop√≥sitos y lleva a cabo tales prop√≥sitos por medio de las experiencias que atravesamos. ¬°S√≠ pudi√©ramos aprender la realidad: ‚ÄúB√°state mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad‚ÄĚ (2¬™ Corintios 12:9)!

VI. LA¬†SOLUCI√ďN¬†DIVINA PARA LA AMARGURA

Hace tiempo una mujer de 43 a√Īos vino a consultarnos. Hac√≠a 23 a√Īos que estaba en tratamiento m√©dico y siqui√°trico por su depresi√≥n. Era una triste historia que cada vez escuchamos con m√°s frecuencia. El padre de esta mujer se hab√≠a aprovechado de ella desde los 5 hasta los 14 a√Īos de edad. Tiempo despu√©s ella recibi√≥ al Se√Īor como Salvador de su vida, lo cual trajo alivio al comienzo, pero meses despu√©s volvi√≥ a caer en un estado depresivo. Vino a verme como un √ļltimo recurso. ‚ÄúDesempacamos‚ÄĚ el problema y descubrimos varios asuntos que solucionar, entre ellos como era l√≥gico, un profundo resentimiento hacia su padre.

¬ŅCu√°l fue la ayuda para esta pobre mujer y para los miles que cuentan con experiencias similares?

Si hasta el momento usted no ha tenido que luchar con la amargura, tarde o temprano le acontecer√° algo que lo enfrentar√° cara a cara con la tentaci√≥n de guardar rencor, de vengarse, de pasar chismes, de formar alianzas, de justificar su actitud porque tiene raz√≥n, etc. Como cristianos hemos de estar preparados espiritualmente. ¬ŅC√≥mo hacerlo?

Establecer la santidad como meta en su vida. Como en todos los casos de pecado, m√°s vale prevenir que tener que tratar con las consecuencias devastadoras que el pecado siempre deja como herencia. El escritor de Hebreos, dentro del contexto de la ra√≠z de amargura, exhorta: ‚ÄúSeguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie ver√° al Se√Īor‚ÄĚ (12:14). La mejor manera de prevenir la amargura es seguir o buscar la paz y la santidad; asumir un compromiso con Dios para ser santo (puro) pase lo que pasare. Cuando sobrevienen situaciones que lastiman nuestros sentimientos, producen rencor y dem√°s actitudes que forman el c√≠rculo √≠ntimo de la amargura, debemos decir: ‚ÄúHe hecho un pacto con Dios a fin de ser santo, como El es Santo. A pesar de que la otra persona tenga la culpa, entregar√© la situaci√≥n en manos de Dios, perdonar√© al ofensor y buscar√© la paz.‚ÄĚ

N√≥tese la diferencia entre la actitud de David y su ej√©rcito cuando volvieron de una batalla (1 Samuel 30). Encontraron la ciudad asolada y sus familias llevadas cautivas. En vez buscar el consuelo de Dios y por ende Su sabidur√≠a, el pueblo se amarg√≥ y propuso apedrear a David. En contraste, la Biblia explica que ‚ÄúDavid se fortaleci√≥ en Jehov√° su Dios‚ÄĚ (v. 6). En ning√ļn momento es mi intenci√≥n minimizar el da√Īo causado por una ofensa o por el ultraje que experiment√≥ David y su gente, sino que mi deseo es magnificar la gracia de Dios para consolar y ayudar a perdonar.

Consideremos ahora qué hacer cuando estamos amargados.

1) Ver la amargura como pecado contra Dios. En las pr√≥ximas p√°ginas explicaremos la importancia de perdonar al ofensor. Sin embargo, si yo estimara la amargura solamente como algo personal contra la persona que me enga√Ī√≥, me lastim√≥, me perjudic√≥ con chismes o lo que fuere, ser√≠a f√°cil justificar mi rencor alegando que tengo raz√≥n pues el otro me hizo da√Īo. Como ya mencionamos,es posible que no hay nada tan dif√≠cil de solucionar que la situaci√≥n de la persona amargada que tiene raz√≥n para estarlo.

Cuando tengo amargura en mi coraz√≥n, con David tengo que confesar a Dios: ‚ÄúContra ti, contra ti solo he pecado‚ÄĚ (Salmo 51:4). En el momento en que percibo que (a pesar de las circunstancias) la amargura es un pecado contra Dios, debo confesarlo y la sangre de Cristo me lavar√° de todo pecado.18 Pablo instruye: ‚ÄúQu√≠tense de vosotros toda amargura‚ÄĚ. La Biblia no otorga a nadie el derecho de amargarse.

Volvamos al Antiguo Testamento para entender el contexto de la ra√≠z de amargura en Deuteronomio 29:18, donde el pecado principal es la idolatr√≠a. Eso es precisamente lo que pasa en el caso de la amargura. En vez de postrarse ante el Dios de la Biblia, buscando la soluci√≥n divina, uno se postra ante sus propios recursos y su propia venganza. El √≠dolo es el propio ‚Äúyo‚ÄĚ.

2) Perdonar al ofensor. En el mismo contexto donde Pablo nos exhorta a librarnos de toda amargura, nos explica c√≥mo hacerlo: ‚Äú‚Ķperdon√°ndoos unos a otros, como Dios tambi√©n os perdon√≥ a vosotros en Cristo‚ÄĚ (Efesios 4:31‚Äď32).

En junio de 1972, por vez primera en mi vida tuve que enfrentarme con la amargura. Dos ladrones entraron en la oficina de mi padre y lo mataron a sangre fr√≠a, robando menos de 50 d√≥lares. Ni siquiera tuve el consuelo de poder decir, ‚ÄúBueno, pap√° est√° con el Se√Īor‚ÄĚ, porque a pesar de ser una excelente persona, mi padre no ten√≠a tiempo para Dios. ¬ŅCu√°les eran mi opciones? ¬ŅHundirme en la amargura? ¬ŅBuscar venganza? ¬ŅCulpar a Dios? No, ten√≠a un compromiso b√≠blico con Dios de buscar la santidad en todo. La respuesta inmediata era perdonar a los criminales y dejar la situaci√≥n en manos de Dios y las autoridades civiles.

¬ŅTristeza? S√≠. ¬ŅL√°grimas? Muchas. ¬ŅDificultades despu√©s? En cantidad. ¬ŅConsecuencias? Por supuesto. ¬ŅFue injusto? Indiscutiblemente. ¬ŅHubo otras personas amargadas? Toda mi familia. ¬ŅViv√≠ o vivo con ra√≠z de amargura en mi coraz√≥n? Por la gracia de Dios, no.

a) El perdón trae beneficios porque quita el resentimiento. Uno de los muchos beneficios de no guardar rencor es poder tomar decisiones con cordura.

b) El perd√≥n no es tolerar a la persona ni al pecado; no es fingir que la maldad no existe ni es intentar pasarla por alto. Tolerar es ‚Äúconsentir, aguantar, no prohibir‚ÄĚ y lejos est√° de ser el perd√≥n b√≠blico. Permitir es pasivo mientras perdonar es activo. Cuando la Biblia habla de perd√≥n, en el griego original hallamos que esta palabra literalmente significa ‚Äúmandarlo afuera‚ÄĚ. Activamente estoy enviando el rencor ‚Äúafuera‚ÄĚ, es decir estoy poniendo toda mi ansiedad sobre Dios (1¬™ Pedro 5:7).

c) El perd√≥n no es simplemente olvidar, ya que eso es pr√°cticamente imposible. El resentimiento tiene una memoria como una grabadora, y a√ļn mejor porque la grabadora repite lo que fue dicho, mientras que el resentimiento hace que con cada vuelta la pista se vuelva m√°s profunda. La √ļnica manera de apagar la grabadora es perdonar.

Despu√©s de una conferencia, una dama me pregunt√≥: ‚ÄúSi el incidente vuelve a mi mente una y otra vez, ¬Ņquiere decir que no he perdonado?‚ÄĚ Mi respuesta tomaba en cuenta tres factores:

(1) Es posible que ella tuviera raz√≥n. Recordamos que ‚Äúenga√Īoso es el coraz√≥n m√°s que todas las cosas, y perverso‚Ķ‚ÄĚ (Jerem√≠as 17:9). El ser humano har√≠a cualquier cosa para mitigar la verg√ľenza, y es l√≥gico que permanezcan los fuertes sentimientos negativos asociados con una ofensa. Volvamos al caso de la mujer que durante 23 a√Īos hab√≠a estado en tratamiento siqui√°trico a causa del abuso de su padre. Despu√©s de aclarar lo que no es el perd√≥n, y luego de hablar sobre los beneficios que el perd√≥n producir√≠a, le expliqu√© que de acuerdo a Marcos 11:25 ella ten√≠a que perdonar a su padre. Su respuesta inmediata fue: ‚ÄúYa lo he hecho.‚ÄĚ Pero era obvio que estaba llena de amargura y rencor. Mi siguiente pregunta fue: ‚Äú¬ŅCu√°ndo y c√≥mo lo hizo?‚ÄĚ Su contestaci√≥n ilustra otra manera en que el ser humano evita asumir responsabilidad ante el Se√Īor. Me dijo: ‚ÄúMuchas veces he pedido al Se√Īor Jes√ļs que perdonara a mi padre.‚ÄĚ Es posible que la mujer a√ļn no entendiera lo que Dios esperaba con respecto al perd√≥n. O tal vez fuera su manera de no cumplir con una tarea dif√≠cil. Con paciencia volv√≠ a explicarle las cosas, y finalmente ella inclin√≥ la cabeza y empez√≥ a orar. Pronto vi l√°grimas en sus ojos, y de coraz√≥n perdon√≥ a su padre. Al d√≠a siguiente regres√≥ para una consulta y se la ve√≠a con esperanza, con alivio y como una nueva persona.

(2) Hay quienes desean que recordemos incidentes dolorosos del pasado. En primer lugar est√° Satan√°s, que trabaja d√≠a y noche para dividir a los hermanos en Cristo (Apocalipsis 12:10; 1¬™ Timoteo 5:14). En segundo lugar, la vieja naturaleza saca a relucir el pasado. Los mexicanos emplean la frase ‚Äúla cruda‚ÄĚ al referirse a los efectos de la borrachera al d√≠a siguiente. En cierto modo es posible tener una ‚Äúcruda espiritual‚ÄĚ que precisa tiempo hasta no molestar m√°s. Me refiero a ciertos h√°bitos, maneras de pensar que son dif√≠ciles de romper. Si uno en verdad ha perdonado, cada vez que el incidente viene a la memoria, en forma inmediata hay que recordar a Satan√°s y recordarse a s√≠ mismo que la cuesti√≥n est√° en las manos de Dios y es un asunto terminado que s√≥lo forma parte del recuerdo.

(3) Finalmente existe otra persona o grupo que no quiere que usted olvide el incidente: Aquellos que fueron contagiados por su amargura, aquellos a quienes usted mismo infectó y como resultado tomaron sobre sí la ofensa. Por lo general para ellos es más difícil perdonar porque recibieron la ofensa indirectamente. Por lo tanto, no se sorprenda cuando sus amigos a quienes usted contagió de amargura, se enojan con usted cuando, por la gracia de Dios, ha perdonado al ofensor y está libre de dicha amargura.

d) El perd√≥n no absuelve al ofensor de la pena correspondiente a su pecado. El castigo est√° en las manos de Dios, o quiz√° de la ley humana. El salmista nos asegura: ‚ÄúEl Se√Īor hace justicia, y juicio a favor de todos los oprimidos‚ÄĚ (Salmo 103:6 BLA).

Present√© estos principios por primera vez en una iglesia donde no solamente varios de los feligreses estaban resentidos, sino tambi√©n el mismo pastor. Despu√©s del serm√≥n el pastor dividi√≥ a su peque√Īa congregaci√≥n en grupos de 5 √≥ 6 personas para dialogar sobre el tema. Me toc√≥ estar en un grupo que inclu√≠a a una pareja y su hijo adolescente. En forma inmediata not√© la total falta del gozo del Se√Īor en aquella familia. Durante los 20 minutos que tuvimos para compartir me preguntaron c√≥mo era posible quitar la amargura del coraz√≥n por un gran mal que alguien hab√≠a cometido. El hijo mayor hab√≠a entrado en el mundo de la droga a pesar de que sus padres eran cristianos. Un d√≠a no tuvo suficiente dinero para pagar por su dosis regular, y el proveedor lo mat√≥. Desde aquel momento la amargura hab√≠a estado carcomiendo a toda la familia, y alegaban que era imposible perdonar. Ellos cre√≠an que perdonar significaba absolver a los asesinos del crimen que hab√≠an perpetrado.

e) El perdón tampoco es un recibo que se da después que el ofensor haya pagado. Si no perdonamos hasta tanto la otra persona lo merezca, estamos guardando rencor.

f) El perd√≥n no necesariamente tiene que ser un hecho conocido al ofensor. En muchos casos el ofensor ha muerto, pero el rencor contin√ļa en el coraz√≥n de la persona herida. Recuerdo el caso de una se√Īora que con l√°grimas admiti√≥ que su esposo hab√≠a desaparecido con otra mujer de la iglesia. Durante la conversaci√≥n me confes√≥: ‚ÄúLo he perdonado. Hay y habr√° muchas l√°grimas, dolor y tristeza, pero me reh√ļso terminantemente a llegar al fin de mi vida como una vieja amargada.‚ÄĚ El hombre consigui√≥ el divorcio y se cas√≥ legalmente con la otra mujer. Por su parte, esta se√Īora vive con su tres muchachos y sirve a Dios de todo coraz√≥n; sus hijos aman al Se√Īor y oran para que su padre un d√≠a regrese al camino de Dios. Tener que perdonar un gran mal mientras el ofensor no lo merezca, representa una excelente oportunidad para entender mejor c√≥mo Cristo pudo perdonarnos a nosotros (Romanos 5:8; Efesios 4:32).

g) El perd√≥n debe ser inmediato. Una vez me pic√≥ una ara√Īa durante la noche. Tuve una reacci√≥n al√©rgica que dur√≥ casi medio a√Īo. Ahora bien, si hubiera podido sacar el veneno antes de que se extendiera por el cuerpo, hubiera quedado una peque√Īa cicatriz pero no habr√≠a habido una reacci√≥n tan aguda. Algo semejante sucede con el perd√≥n. Hay que perdonar inmediatamente antes de que ‚Äúla picadura empiece a hincharse.‚ÄĚ

h) El perd√≥n debe ser continuo. La Biblia indica que debemos perdonar continuamente (Mateo 18:22). Perdonar hasta que se convierta en una norma de vida. Uno de los casos m√°s dif√≠ciles es cuando la ofensa es continua como en el caso de esposo/esposa, patr√≥n/empleado, padre/hijo, etc. Es entonces cuando el consejo del Se√Īor a Pedro (perdonar 70 veces 7) es aun m√°s aplicable.

i) El perd√≥n debe marcar un punto final. Perdonar significa olvidar. No hablo de amnesia espiritual sino de sanar la herida. Es probable que la persona recuerde el asunto, que alguien le haga recordar o que Satan√°s venga con sus ma√Īas tray√©ndolo a la memoria. Pero una vez que se ha perdonado s√≠es posible olvidar.

Perdonar es la √ļnica manera de arreglar el pasado. No podemos alterar los hechos ni cambiar lo ya ocurrido, pero podemos olvidar porque el verdadero perd√≥n ofrece esa posibilidad. Una vez que hay perd√≥n, olvidar significa:

1) Rehusarse a sacar a relucir el incidente ante las otras partes involucradas.

2) Rehusarse a sacar a relucirlo ante cualquier otra persona.

3) Rehusarse a sacar a relucirlo ante uno mismo.

4) Rehusarse a usar el incidente en contra de la otra persona.

5) Recordar que el olvido es un acto de la voluntad humana movida por el Espíritu Santo.

6) Sustituir con otra cosa el recuerdo del pasado, pues de lo contrario no ser√° posible olvidar. Pablo nos explica una manera de hacerlo: ‚ÄúAs√≠ que, si tu enemigo tuviere hambre, dale de comer; si tuviere sed, dale de beber; pues haciendo esto, ascuas de fuego amontonar√°s sobre su cabeza. No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal‚ÄĚ (Romanos 12:20, 21). Jes√ļs ampl√≠a el concepto: ‚ÄúPero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen‚ÄĚ (Mateo 5:44).

j) El perd√≥n tambi√©n significa velar por los dem√°s. Al finalizar su libro y bajo la inspiraci√≥n del Esp√≠ritu Santo, el escritor de Hebreos exhorta a todos los creyentes a que seamos guardianes de nuestros hermanos. El vers√≠culo que advierte sobre la ra√≠z de amargura comienza con: ‚ÄúMirad bien‚ÄĚ. En el griego original es la palabra episkopeo, de donde procede el t√©rmino obispo o sobreveedor. Esto implica que en el momento en que uno detecta que se ha sembrado semilla de amargura en el coraz√≥n de un hermano en Cristo, la responsabilidad es ir con esp√≠ritu de mansedumbre, y hacer todo lo posible para desarraigarla antes que germine.

Se requiere un compromiso profundo con Dios a fin de no caer en la trampa de la amargura. Cristo mismo nos dar√° los recursos para vivir libres del ‚Äúpecado m√°s contagioso‚ÄĚ.

Fuente: Estudios Bíblicos vía email 

Imagen: Tomada de la  Red

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