La misericordia constante de Dios | 1ra Parte por Alicia Ferreira de Díaz


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Recientemente mientras compartíamos la celebración del día de la independencia estadounidense con hermanos de nuestra iglesia, mi esposo resbaló y se cayó. Como consecuencia de esta caída, se dislocó y fracturó su tobillo en tres lugares, se rompió un ligamento y también fracturó su fíbula. Lo que había empezado como una hermosa velada de verano con barbacoa y un día para compartir entre hermanos, terminó en la sala de emergencia del hospital. Antes de conocer el diagnóstico de las fracturas, todos orábamos para que solo hubiera sido el dislocamiento del tobillo y para que no hubiera mayores complicaciones. Pero Dios tenía otros planes.

El daño resultante de una caída tan simple requería cirugía para reparar las fracturas con 6 tornillos y un hilo metálico que atravesaría la tibia.  Después de conocer el diagnóstico y las implicaciones de los pasos posteriores para su recuperación, solo orábamos para que Dios en su misericordia nos guiara en todo lo que requeríamos para conseguir el centro médico y un cirujano disponible lo antes posible y ¡así lo hizo! La misericordia de Dios no necesariamente se traduce en los resultados que esperamos o pedimos. Los salmos nos recuerdan que:

 “Me gozaré y me alegraré en tu misericordia, porque tú has visto mi aflicción; has conocido las angustias de mi alma” (Salmos 31:7). 

“Sea ahora tu misericordia para consolarme, Conforme a lo que has dicho a tu siervo” (Salmos 119:76 RV60).

Dios nunca ha prometido a sus hijos un camino sin tropiezos, sin pruebas y sin dificultades. Él ha dicho que su obra es perfecta en nuestras vidas, aún si recuerdas estas palabras en la sala de emergencia de un hospital, aún si te resistes a aceptarlo mientras lees tu carta de despido, aún si piensas que has tocado el fondo de tu reserva financiera o emocional. Pero Dios ha prometido ser fiel.  En Deuteronomio 32:3-4 Moisés así lo declara:

“Porque yo proclamo el nombre del Señor; atribuid grandeza a nuestro Dios. ¡La Roca! Su obra es perfecta, porque todos sus caminos son justos; Dios de fidelidad y sin injusticia, justo y recto es Él.”

La misericordia de Dios ya nos abrazó desde antes de que tuviéramos que enfrentar cualquier prueba y su efecto se extiende hasta más allá del término de la misma, ella es constante. El Salmo 103:17 nos dice:

“Más la misericordia del Señor es desde la eternidad hasta la eternidad, para los que le temen, y su justicia para los hijos de los hijos”.

Pero es constante porque es promesa de Dios para nuestras vidas, promesa originada por su amor según Efesios 2:4: “Pero Dios, que es rico en misericordia, por causa del gran amor con que nos amó.”

Nuestra confianza, seguridad y consuelo en medio de esta situación, es que su misericordia, aún sin saber cómo, nos va a sostener, a guiar, a fortalecer y a ayudar para que su propósito, cualquiera que este sea, sea cumplido, Su nombre sea glorificado y nuestro carácter sea moldeado para ser más como Cristo. Mira como el Salmo 146:7-9describe esta promesa:

“Que hace justicia a los oprimidos, y da pan a los hambrientos. El Señorpone en libertad a los cautivos.  El Señor abre los ojos a los ciegos, el Señor levanta a los caídos, el Señor ama a los justos.  El Señorprotege a los extranjeros, sostiene al huérfano y a la viuda, pero trastorna el camino de los impíos.”

¿Sientes hoy que no puedes ver la misericordia de Dios en tu vida?  Recuerda entonces cuando estuviste en cualquiera de estas situaciones y Dios mantuvo su promesa y te levantó, te amó, te guardó, te sostuvo, te consoló y te guió en medio de todo.

“Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación, el cual nos consuela en toda tribulación nuestra, para que nosotros podamos consolar a los que están en cualquier aflicción con el consuelo con que nosotros mismos somos consolados por Dios. Porque así como los sufrimientos de Cristo son nuestros en abundancia, así también abunda nuestro consuelo por medio de Cristo” (2 Corintios 1:3-5).

Fuente: Soldados de Jesucristo

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