EL COMPROMISO SOCIAL DE LA IGLESIA por Mario E. Fumero


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El Evangelio define con dos términos el papel de los cristianos y de la Iglesia en el mundo, cuando Jesús firmó en Mateo 5:12-14 que nosotros somos sal y luz de la tierra. Éste concepto determina que la Iglesia no es una empresa mercantil, ni fue creada para causar escándalos, ni hacer espectáculos, ni conciertos, ni predicar un evangelio de codicia y ambición, lo cual tristemente invade a las mayorías de las iglesias, produciendo una generación de falsos apóstoles y ministros (2 Corintios 11:13). ¡NO!  la Iglesia es la llamada a frenar la corrupción y las tinieblas en un mundo como el nuestro.

Es por ello que hago la pregunta; ¿Para qué sirve la sal y para qué sirve la luz?

La sal sirve para evitar la putrefacción. En la época antigua no había refrigeración y para conservar el pescado y las carnes se usaba la sal, la cual evitaba que las carnes se pudrieran. La luz a su vez sirve para alumbrar, ella tiene el poder de disipar la oscuridad y evitar el tropezar, caerse o errar. Por lo tanto, la iglesia es una comunidad que transforma su entorno, alumbrando en las tinieblas al perdido y evitando la corrupción que produce el pecado. Pero yo pregunto; ¿Es la iglesia moderna en la actualidad un factor determinante en la influencia positiva de nuestra comunidad? ¿Influye la Iglesia en nuestro entorno como luz y sal?

Tristemente la Iglesia ha perdido su enfoque hacia la necesidad que envuelve a nuestra comunidad, e incluso, ignora la misma aun dentro de los mismos miembros que forman nuestras congregaciones. Cuando la violencia, el pecado y la miseria, acompañado de la delincuencia domina nuestro entorno habiendo más de 30 congregaciones en ese barrio ¿De qué ha servido su mensaje y su ejemplo en ese la comunidad?

Si estudiamos detenidamente el libro de los Hechos, encontraremos una iglesia primitiva que era solidaria y preocupada por las necesidades humanas y la cual cambio el mundo. Dice la Biblia que no había en ella ningún necesitado (Hechos 2:45, 4:34), porque los que tenía mucho, ayudaban a los que tenía poco (2 Corintios 8:14) y se atendían (Santiago 1:27, Hechos 6:1,Mateo 25:35) a las viudas, los huérfanos y los desposeídos. Sus ministros eran pobres y humildes, no cargaban ni oro ni plata (Hechos 3:6), y todo lo que recibían lo repartían entre las diversas necesidades existentes en la comunidad. Cuando una iglesia estaba en crisis de hambruna, como ocurrió en Jerusalén, las demás iglesia les ayudaban, y enviaban ofrendas para socorrerlas (1 Corintios 16:1-4).

Actualmente esta dadivosidad hacia los necesitados se ha perdido, el espíritu materialista y de espectáculos se ha adueñado de las iglesias, las cuales vive  dentro de cuatro paredes, buscando inversiones productivas,  mientras el mundo a su alrededor agoniza de miseria y pobreza, y sus pastores se hacen prósperos y lustrosos como lo describe Jeremía 5:28 cuando dice que se; “Engordaron y pusiéronse lustrosos, y sobrepujaron los hechos del malo: no juzgaron la causa, la causa del huérfano; con todo hiciéronse prósperos, y la causa de los pobres no juzgaron”. Tristemente muchos de nuestros nuestro líderes religiosos viven como empresarios, y muchas iglesias ignoran incluso las necesidades que tienen sus propios miembros.

Lo que más me entristece en todo este panorama es el ver a un mundo secular observándonos y unos incrédulos mirándonos y juzgándonos por nuestra falta de amor, porque el amor no es una expresión, sino una acción, y tristemente juzgan y denuncian las acción vergonzosa de estos pastores ambiciosos, que ponen en precario el testimonio evangélico a nivel nacional e internacional, al no identificarse con el dolor humano, y hacerle el juego a los poderes dominantes, buscan reconocimiento y prebendas.

Nunca antes en la historia de la iglesia cristiana se había enfrentado el pueblo de Dios a un mundo tan complejo, injusto, decadente y violento como el que nos ha tocado vivir en estos tiempos, y tampoco, hemos visto una iglesia tan indiferente a la crisis de valores y necesidades humanas como la existente actualmente, en donde todo es un negocio, incluyendo la bendición de Dios, pues estamos regresando a los parámetros de la Edad Media, en donde el don de Dios se mercantilizaba y la salvación de Dios tenía un precio inalcanzable para los pobres, algo nefasto, herético y contario al mensaje de la Cruz, porque; “por gracia soy salvos por la fe” Efesio 2:8. y esto no se compra, ni se vende, tan solo se recibe por fe.

Yo espero que en la medida en que la humanidad se degrade y el mundo se corrompa, la iglesia se despierte, y asuma su papel, dado por Jesucristo, para ser sal y luz de la tierra.

mariofumero@hotmail.com

http://www.contralaapostasia.com

Fuente: Unidos contra la Apostasía

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