EL LÍDER HUMILDE por Kevin DeYoung


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Según Números 12:3, Moisés era más humilde que cualquier otra persona sobre la faz de la tierra. ¿Qué había en Moisés que causó que este escriba (a quien yo considero distinto de Moisés) llegara a esta conclusión tan elevada? Sin duda, hay muchos ejemplos de la humildad de Moisés en el Pentateuco, pero permítame señalar tres que están presentes en Éxodo 18.

  1. El líder humilde muestra respeto a los demás.

Moisés no era cualquier cosa. Era el instrumento elegido por Dios para sacar a los israelitas de Egipto después de cuatro siglos de esclavitud. Se puso de pie cara a cara contra el hombre más poderoso en el mundo (Faraón) y ganó. Él era encargado de 2-3 millones de personas, atendía sus reclamaciones, los llevaba a través del desierto, y actuaba como el Tribunal Supremo en sus conflictos más difíciles. Moisés era el hombre.

Y, sin embargo, cuando se reunió con su familia, le dio a Jetro, su suegro, el debido respeto al verse con él, inclinarse hacia abajo, y besarlo en la mejilla. Entonces Moisés acogió a Jetro en su tienda y le contó todo lo que el Señor había hecho por Israel.

Por supuesto, en un sentido, esto era una pequeña cosa. Moisés estaba haciendo simplemente lo que se hubiera esperado de él como un hijo (o yerno) en esa cultura. Pero el hecho de que Jetro se llamó el “suegro” de Moisés doce veces en capítulo 18 sugiere que el autor quiere que veamos cómo Moisés aceptó de buen grado su papel en relación a Jetro. Los buenos líderes entienden que a pesar de tener poder, prestigio, y posición en ciertas áreas, esto no significa que deban esperar ser celebrados y alabados donde quiera que vayan. Todos habitamos una red de relaciones diferentes. La verdadera humildad entiende que a pesar de cuánta importancia parecemos llevar, aún tenemos que mostrar la debida deferencia y respeto a aquellos cuya edad o posición la requiere.

  1. El líder humilde está dispuesto a cambiar.

Otra vez, estar encargado de tanto como lo estuvo Moisés y aún estar dispuesto a tomar el consejo de otros requiere gran humildad. Cuando se trataba de organizar a Israel para lograr la máxima eficacia (y la mínima frustración), Moisés aceptó el consejo de Jetro con gusto, a pesar de que Jetro no era más que un visitante y un convertido de un sólo día.

Nosotros habríamos tenido la tentación de hablar en secreto con Séfora más tarde esa noche: “Escucha, tu papá me está avergonzando. Él tiene que dejar de tratar de decirme cómo hacer mi trabajo. Según lo que yo sé, ha sido un sacerdote de Madián toda su vida, no el profeta ordenado por el Dios de Israel. Dile que se meta en sus propios asuntos”. Pero Moisés no se quejó, no se puso a la defensiva, y no dio excusas. Tomó el consejo de su suegro e instituyó una revisión masiva de la vida espiritual y judicial de Israel.

Una buen medida para cada líder, o en realidad para cualquiera persona es: ¿Cuándo fue la última vez que dijiste: “Esa es una buena idea, hagámoslo a tu manera”? Dios es el único que nunca cambia de opinión. Él es el único cuyas ideas son perfectas la primera vez. Para el resto de nosotros, tenemos que estar dispuestos a cambiar —no siempre y no cuando se trata de la verdad—, pero probablemente más a menudo de lo que pensamos. Por lo menos, el líder humilde sabe incorporar las buenas ideas de los que le rodean. No es demasiado orgulloso para admitir: “¿Sabes qué?, eso es mucho mejor que la manera en que he estado haciendo cosas”.

  1. El líder humilde no trata de hacer todo por sí mismo.

Me encanta este párrafo de Juan Calvino:

“Por tanto, que todos, sean reyes o magistrados, o pastores de la Iglesia, sepan, que mientras se esfuerzan con cada fibra para cumplir sus deberes, algo siempre les quedará que necesita corrección y mejoramiento. Aquí, también, vale la pena notar, que ningún mortal puede ser suficiente para hacer todo, a pesar de la multitud y la variedad de las dotaciones en las que sobresale. ¿Quién es igual a Moisés, a quien hemos visto ser desigual a la carga, cuando se llevó toda la gobernación del pueblo? Entonces deje que los servidores de Dios aprendan a medir cuidadosamente sus poderes, para que no se agoten, por encargarse ambiciosamente de demasiadas ocupaciones”.

Es interesante, Moisés estaba cansado en capítulo 17, y tomó a dos hombres para ayudarlo a seguir haciendo el trabajo. Ahora está cansado de nuevo en el capítulo 18, pero él necesita hombres para ayudar a aliviar el trabajo. Se necesita sabiduría para conocer la diferencia. ¿Cuándo necesito apoyo para seguir adelante? ¿Y cuándo necesito dejar de fingir que todo depende de mí? Ninguno de nosotros es tan importante que Dios no pueda realizar las cosas sin nosotros. Como Calvino dijo un poco más adelante en su comentario: “un solo rayo del sol no ilumina el mundo”.

La humildad no se trata de fingir ser menor de lo que somos. Se trata de darnos cuenta de que no somos tanto poderosos como pensamos. Cuando entendemos quiénes somos —dotados, amados, y creados en la imagen de Dios, pero también defectuosos, débiles, y totalmente dependientes de Dios— naturalmente mostraremos respeto a los otros, los escucharemos, y desearemos ver florecer a los que nos rodean. Dios es el Soberano definitivo, así que nosotros no tenemos que serlo.

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Kevin DeYoung es el Senior Pastor deUniversity Reformed Church en East Lansing, Michigan. Está casado con Trisha y tienen 5 niños pequeños.

Fuente: Unidos contra la Apostasía 

 

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