UNA TEOLOGÍA BÍBLICA DE LA GUERRA DEL SEÑOR Autor: Cristian Morán 


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INTRODUCCIÓN:

Sin lugar a dudas, uno de los rasgos que llegan a caracterizar la Biblia de manera sistemática es el tema recurrente de la lucha o sus diversos conceptos asociados. El Antiguo Testamento presenta, en concreto, escenas de guerra, pero lo significativo es el hecho de que ésta se halla muchas veces vinculada directamente a la acción de Dios. ¿Justificaría la Biblia, en tales casos, el uso de una frase como «guerra santa»? ¿Es posible emplearla sin caer en una contradicción? Muchos han evitado el uso de ella por medio de otros términos, pero lo cierto es que, independientemente de cuáles sean, esto no elimina el hecho de que a veces Dios parece no sólo aprobarla, sino incluso ordenarla y tomar parte en ella. Diversas alternativas se han expuesto para armonizar la yuxtaposición de estos dos términos, pero me ha parecido especialmente útil la propuesta de Peter Craigie, quien señala dos cosas fundamentales: En primer lugar, que Dios interviene en este mundo usando las actividades humanas existentes ⎯cualesquiera que sean⎯;[1] y en segundo, que la presentación de Dios como un guerrero no es otra cosa que lenguaje antropomórfico para expresar su acción a través de un pueblo[2] (o, agregaría yo, a través de los diversos elementos creados). La pregunta que queda, entonces, es a qué fin conduce esta clase de intervenciones, y este trabajo considerará, como trasfondo de lo que sigue, que lo que Dios está haciendo es extender su soberanía sobre la tierra abriéndose paso en medio de una oposición violenta y constante hacia ella (iniciada por Satanás pero llevada a cabo por sus agentes tanto espirituales como terrenales). Esa es la razón primordial por la cual los actos de Dios se manifiestan como una guerra, y las actividades bélicas dirigidas expresamente por Él se enmarcan de una forma u otra en este esquema. El siguiente estudio parte de la base de que la guerra per se no es una actividad recomendada para los seres humanos, y en línea con esto, veremos que, de hecho, el guerrero por excelencia es Dios.

 


[1] Peter C. Craigie, The Problem of War in the Old Testament (Grand Rapids, MI: Eerdmans, 1978), p. 41.
[2] Craigie, pp. 39-­‐40.
 

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Fuente: Acceso Directo 

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