PORQUE NECESITAMOS UNA SEGUNDA REFORMA -1- por Mario E. Fumero


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La Iglesias cristiana se ha apartado tanto de los parámetros bíblicos en estos tiempos, que requiere una segunda reforma para limpiarla de toda la escoria herética en la cual ha caído. Dentro de las muchas cosas que tenemos que retomar y cambiar, la más importante que hay que reactivar es el primer amor (Apocalipsis 2:4), el cual ha sido destruido por el materialismo y la filosofía humanista que domina la sociedad moderna, ya que por multiplicarse la maldad, el amor de muchos se ha enfriado (Mateo 24:12). Después debemos devolver  a la iglesia a las sendas antiguas (Jeremías 6:16), y para lograrlo necesitamos retomar la historia, tanto dentro del marco bíblico, como de la historia de la  iglesia, porqué cuando ignoramos la misma, terminamos repitiendo los mismos errores del pasado.

No es fácil reparar los daños causados por el tiempo, máxime cuando han ocurrido  lentamente mediante el llamado “efectos cumulativo”[1]. Estos cambios son tan lentos  que se vuelven imperceptibles por los que viven dentro de ellos, y a la vez, se van generalizado. Por ejemplo, empecemos por la fuente de nuestra fe, las Sagradas Escrituras. Los traductores, de buena fe han ido adaptando las traducciones a la evolución lingüística de los tiempos, siguiendo, sin malas intenciones, los cambios de palabras con sinónimos  mas diplomáticos, o buscando  usar un lenguaje inclusivo[2], y sin darse cuenta, modificaron algunos conceptos, originándose la desvirtuación de principios básicos en la doctrina. Es por ello que tenemos muchas palabras que le han quitado a la doctrina su sustancia, pues los términos diplomático le quitan peso a la verdad bíblica.

Partiendo del daño hecho al texto de las Sagradas Escritura, aparecen  corrientes teológicas liberales que dan paso a nuevas revelaciones y enseñanzas heréticas que se esparcen como un SIDA espiritual entre las diversas congregaciones evangélicas. Esto diluye la claridad en algunos conceptos fundamentales dentro del análisis exegético, los cuales  alteran el sentido del texto, adaptándose a la interpretación de las corrientes modernistas, influenciadas por las filosóficas  existencialistas[3], que cada vez son más secularizadas y desposeídas de los valores históricos,  adaptarse a las nuevas corrientes tecnológicas. Un ejemplo de ello lo tenemos en el materialismo práctico, que establece parámetros para medir el éxito por la prosperidad económica, generando el consumismo y bienestar material como objetivo para alcanzar la felicidad.

Estas ideas han desencadenado la teología de la codicia mal llamado teología de la prosperidad”, que genera la ambición y proclama la prosperidad como meta de fe. El deseo de tener convierte el dar en una fórmula para comprar las bendiciones y dones de Dios, adoptándose a toda una retorica de éxito, multiplicación material, y medición de la fe por lo que tengo, y no por lo que soy, vivo y creo.

El forja un concepto errado de la bendición de Dios nos lleva a desvirtuar la espiritualidad, y crear un criterio basado en la apariencia,  donde el “tener” es más importante que el “ser”. Esto hace que se repita la historia de la iglesia católica en la Edad Media,  donde con dinero se compraba bendiciones, posiciones y poder, lo que desencadeno la competencia entre las catedrales y basílicas por obtener  reliquias u osamentas de santos, que le acreditaran que por medio de ellas, a los peregrinos obtenian mas indulgencias, bendiciones y milagros. Hoy luchamos para ver quién tiene la iglesia más grandes, quien canta mejor, quien es mas bendecido y donde se puede obtener una mayor “unción”, además de buscar quien es el más prospero, porque con este parámetros medimos la espiritualidad. ¿Qué produce esto? Envidia, presunción y vanagloria.

La Iglesia moderna ha caído en el error denominado  “La estratificación social”. ¿Qué significa esta terminología?  La forma en que la sociedad se agrupa en estratos sociales  de acuerdo a los diferentes criterios que categorización a las personas según su ocupación e ingreso, riqueza y estatus, poder social, económico o político. La estratificación social es un medio para representar la desigualdad social de una sociedad respecto a la distribución de los bienes y atributos, socialmente valorados fuera del marco bíblico, y clasificándolos según su estatus económica en clases sociales que suele estar relacionada con el tipo de fuente de ingreso que tiene el sistema social en el cual viven.

El concepto de estratificación social establece una jerarquía social que crea desigualdades estructurales que tristemente se manifiesta en el ministerio, creándose títulos que en realidad son funciones, pero también puede implicar relaciones no jerárquicas, produciendo una separación horizontal entre los hermanos, discriminándose a los pobres y apareciendo supuestas iglesias de ricos, pobres, negros, blancos, indios, razas. Las formas de estratificación social, genera discriminación y tiene su origen en los conceptos de la esclavitud, las castas, los estamentos y los grupos privilegiados.

Una vez que estas corrientes entran a la vida de la iglesia, disfrazada con una falsa prosperidad y bendición, se rompen los muros de contención que nos separan del mundo, y comenzamos a adquirir y adoptar métodos mundanos dentro del quehacer de la iglesia. Hacemos el mensaje más ameno, menos confrontativos y más motivacional. Ahora le damos más importancia a lo externos que lo internos. Buena la apariencia física, adoptamos modas, edificios bien acondicionados y cómodos, con programas atractivos, en donde introducimos el arte como esencia del mismo, desplazando la Palabra de Dios a un segundo plano. Esto produce un cambio de liturgia. Todo se vuelve técnico, mecánico, manipulativo y artístico, por lo que el pueblo pierde la espontaneidad para caer en la manipulación.

En las iglesias modernas la apariencia importa mucho. Si no tengo una buena ropa, no voy al culto. Ahora me fijo en la apariencia de los hermanos, y hasta le pongo precio a los asientos, cuanto más cerca del pulpito estemos, mas hay que ofrendas o diezmar, porque estamos más cerca de la unción. La ambición envuelve los mensajes que usan técnicas de intimidación y extorción para dar diezmos y ofrendas, ofreciendo a cambio bendiciones y unciones. Todo esto  está a la orden del día muchas congregaciones.

La teología de la opulencia destruyo la solidaridad y la sencillez haciéndose realidad el mensaje de Santiago 2:2-4 donde nos fijamos más en la apariencia de los que asisten que en la necesidad espiritual de los corazones. El amor se vuelve interesado. Los  pobres son marginados y olvidados (Jeremías 5:28). El concepto de equidad enseñado por la iglesia primitiva se pierde. Los ministros se vuelven lustrosos, magnates, una élite que reclaman títulos y reconocimientos, y algunos se vuelven inaccesibles para sus ovejas. Por eso necesitamos restaurar los valores apostólicos de la iglesia primitiva.

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[1]– Una terminología procedente de la tendencia al incremento aritmético de los factores que intervienen en un proceso. En el sentido teológico se refiere a los daños lentos que se produce en la vida eclesial que por ser tan lentos no se distinguen de inmediato, sino a largo plazo y al cabo de los años produce un efecto leudante de los principios doctrinales.

[2] -El lenguaje inclusivo es un estilo que intenta asegurar que todos los miembros de la sociedad son tratados con el mismo respeto y que ningún individuo o grupo es pasado por alto o denigrado. El lenguaje inclusivo evita los términos que pueden ser considerados ofensivos o en cuyos estereotipos algunas personas se concentran para ver en qué se diferencian de los demás. Por ejemplo, el lenguaje que hace suposiciones sobre los individuos basándose en su raza, discapacidad, sexualidad o género podría no ser considerado inclusivo

[3] -Las tres corrientes que más influyen en la interpretación bíblica son, el relativismo, el pragmatismo, y el humanismo. Tenemos que hacer una investigación directa tres corrientes filosóficas.

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