Doctrina en orden, ¬Ņvidas en desorden? Por Daniel Puerto


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De mis padres y abuelos aprend√≠ el dicho: ‚ÄúEn casa de herrero, cuchillo de palo‚ÄĚ. Se supone que el herrero debe tener el mejor de los cuchillos porque es la persona que trabaja con metal y da filo a los cuchillos de todas las personas en la comunidad. Sin embargo, algunos herreros tienen los peores cuchillos porque descuidan ejercer su experiencia para el beneficio de su propio hogar.

¬ŅEs posible que ese dicho sea realidad en la vida de aquellos que creemos y ense√Īamos la sana doctrina? ¬ŅEs posible que aquellos que creen y ense√Īan buena doctrina lleven vidas que deshonren a Dios?

Siempre he cre√≠do firmemente que tener una doctrina correcta te lleva a vivir una vida correcta delante de Dios. Verdades te llevan a vivir la verdad, pero errores te llevan a vivir en error. Sin embargo, al analizar mi propia vida y al escuchar acerca de muchos hombres y mujeres que, a√ļn creyendo doctrinas correctas, han pecado ‚Äď algunos catastr√≥ficamente, me pregunto si estoy equivocado al pensar que doctrinas en orden producen, autom√°ticamente, vidas en orden.

¬ŅEs posible tener una doctrina correcta y al mismo tiempo vivir deshonrando a Dios? Examinemos tres ejemplos de la Escritura.

  1. Los escribas

Cuando Jes√ļs entr√≥ oficialmente en escena despu√©s de su bautismo (Mateo 4), se encontr√≥ con varios grupos religiosos. Entre otros, podemos mencionar a los escribas, los saduceos y los fariseos. Los saduceos no cre√≠an en la resurrecci√≥n ni en los √°ngeles ni en lo sobrenatural (Lucas 20:27). Su filosof√≠a se resume en esta frase: ‚ÄúVive tu vida, porque cuando mueras todo termina‚ÄĚ.

Un grupo de saduceos lleg√≥ a Jes√ļs unos d√≠as antes de su crucifixi√≥n para preguntarle acerca de la resurrecci√≥n, con el prop√≥sito de atraparlo en una falta y tener razones para acusarle y destruirle. El caso que presentaron a Jes√ļs fue el siguiente: una mujer se cas√≥ siete veces con hermanos que no pudieron tener hijos (cumpliendo as√≠ la ley del levirato de Deuteronomio 25:5). En el cielo, ¬Ņqui√©n ser√° el esposo de la mujer?

Los saduceos estaban, impl√≠citamente, burl√°ndose de la doctrina de la resurrecci√≥n. Pero Jes√ļs les respondi√≥: ‚ÄúErr√°is, ignorando las Escrituras y el poder de Dios‚ÄĚ. Su falsa doctrina apoyada por una mala interpretaci√≥n del Pentateuco les hab√≠a llevado a creer y a vivir en error. Jes√ļs les muestra con una correcta interpretaci√≥n de √Čxodo 3:6 que ‚ÄúDios no es Dios de muertos, sino de vivos‚ÄĚ (Mateo 22:32), afirmando que la resurrecci√≥n es una doctrina correcta.

Los escribas, quienes s√≠ cre√≠an en la resurrecci√≥n, le respondieron a Jes√ļs: ‚ÄúMaestro, bien has dicho‚ÄĚ (Lucas 20:39). ¬°Doctrina en orden!, ¬Ņy qu√© de sus vidas? Jes√ļs mismo nos da la respuesta: ‚ÄúGuardaos de los escribas‚Ķ que devoran las casas de las viudas, y por pretexto hacen largas oraciones; √©stos recibir√°n mayor condenaci√≥n‚ÄĚ (Lucas 20:46-47). ¬°Vidas en desorden!

Jes√ļs expuso la codicia sin escr√ļpulos que practicaban los escribas. Ellos serv√≠an a menudo como planificadores de los bienes de las viudas, lo cual les daba la oportunidad de convencer a estas mujeres angustiadas que ellas servir√≠an a Dios apoyando econ√≥micamente el templo o su propio trabajo santo de copiar la ley de Dios. El escriba se beneficiaba monetariamente y robaba el legado econ√≥mico que los esposos hab√≠an dejado a sus viudas (John MacArthur).

Los saduceos vivían en error porque habían creído error. Los escribas vivían en error, a pesar de que su doctrina acerca de la resurrección era correcta.

  1. Los corintios

Ahora meditemos en la vida de nuestros hermanos corintios. Ellos hab√≠an tenido tres de los m√°s reconocidos maestros de la iglesia primitiva. El Ap√≥stol Pablo, el Ap√≥stol Pedro y Apolos hab√≠an sido algunos de los m√°s notables pastores del primer siglo (pausa por un momento para reflexionar en esto: los corintios hab√≠an estado bajo la ense√Īanza y el liderazgo de Pablo, Pedro y Apolos). Los asistentes de estos tres grandes hombres de la fe¬† en Corinto fueron Silas, Timoteo, Priscila y Aquila, entre otros.

Debido a tan completa ense√Īanza, los corintios eran hermanos que ten√≠an buena doctrina. Su fundamento en la fe estaba bien formado. Aunque los de Corinto ten√≠an dudas y confusi√≥n acerca de algunas doctrinas (los dones espirituales y la resurrecci√≥n, por ejemplo), el mayor problema de la congregaci√≥n en Corinto no era doctrinal (como fue el caso de los G√°latas). El mayor problema de esta iglesia era moral. El pecado, la carnalidad y la mundanalidad estaban ahogando el testimonio de la iglesia, a pesar del gran legado teol√≥gico que hab√≠an recibido.

  1. Satan√°s y sus demonios

Satan√°s tiene buena doctrina. De hecho, √©l conoce la Biblia muy bien ‚Äď su conocimiento de la Escritura es m√°s avanzado que el del creyente m√°s maduro. Pero su buena doctrina no le salva ni le gu√≠a hacia la obediencia a Dios.

Considera estas palabras de Santiago: ‚ÄúT√ļ crees que Dios es uno; bien haces. Tambi√©n los demonios creen, y tiemblan‚ÄĚ (2:19). En las narraciones que nos dejaron Mateo, Marcos, Lucas y Juan, los demonios reconoc√≠an la procedencia de Jes√ļs y su deidad (por ejemplo, Marcos 5:6-7). Creo que esto significar√≠a un 100% en un examen de Teolog√≠a Propia y Cristolog√≠a. Sin embargo, esto no redime a los demonios ni les lleva a vivir en obediencia al Creador.

Sana Doctrina y Obediencia: Estamos llamados a luchar por ambas

Dios nos llama a conocer, amar, ense√Īar y defender la sana doctrina. Al mismo tiempo, el Se√Īor nos ha llamado a luchar en contra del pecado en nuestras vidas y vivir en santidad delante de √Čl y de aquellos que nos rodean.

Satan√°s es muy astuto y puede enga√Īarte llev√°ndote a cualquier extremo: por un lado, puedes olvidarte de la sana doctrina deseando vivir en obediencia ‚Äď lo cual es imposible; por el otro, puedes interesarte por la buena doctrina sin hacer morir el pecado en tu vida ‚Äď lo cual te lleva a la hipocres√≠a.

Las palabras de Pablo a Timoteo resuenan con la misma autoridad para todos nosotros: ‚ÄúTen cuidado de ti mismo y de la doctrina‚ÄĚ (1 Timoteo 6:16). Nunca debemos descuidar nuestra doctrina. Estamos llamados a conocer a Dios, entender la salvaci√≥n, comprender la obra de Cristo, ser capaces de explicar el trabajo del Esp√≠ritu Santo y alegrarnos al recordar las doctrinas de la gracia. Pero al mismo tiempo, debemos cuidar nuestra vida. Estamos llamados a hacer morir la lujuria, el chisme, la falta de contentamiento, la fornicaci√≥n, el lenguaje que no edifica, las detracciones, la glotoner√≠a, la mentira, la procastinaci√≥n, el orgullo y la impaciencia, entre muchos otros pecados.

Algunos Consejos

¬ŅC√≥mo cultivar una vida de obediencia a Dios? Te recomiendo que comiences recordando el evangelio. Cuando est√°bamos muertos en pecados y en la incircuncisi√≥n de nuestra carne, Dios nos dio vida juntamente con Cristo perdon√°ndonos ‚Äútodos los pecados‚ÄĚ (Colosenses 2:13). Tus pecados han sido perdonados por Cristo y Dios te ha adjudicado gratuitamente la justicia, santidad y perfecci√≥n de Su Hijo. No te destruyas bajo la culpa de tu pecado. Corre a Jes√ļs y recuerda que Su obra ya fue completada a tu favor.

Examina tu vida en oración y con la Biblia para que Dios te muestre qué pecados has guardado en tu corazón y qué ídolos han ocupado el lugar de tu Creador. No confíes en tu consciencia. Nuestras consciencias son un buen dispositivo que Dios nos dio para saber cuándo hacemos mal, pero a veces fallan como consecuencia de la caída. Mejor confía en las Escrituras y en la obra del Espíritu Santo que te santifica.

Busca a un creyente maduro y preg√ļntale con humildad c√≥mo ve tu vida.¬† Preferiblemente debes buscar a alguien que te conozca de cerca y que est√© dispuesto a hacer las preguntas dif√≠ciles. Recuerda que es muy f√°cil para nosotros se√Īalar el pecado en otros, pero es dif√≠cil reconocer uno solo en nuestro coraz√≥n. Ac√©rcate a una persona que conozca y ame las Escrituras para rendirle cuentas de tu vida, recibir √°nimo y correcci√≥n. No dejes de hacer esto por el resto de tus d√≠as, porque tu coraz√≥n es demasiado enga√Īoso como para tratar de vivir en obediencia a Dios en soledad.

Por √ļltimo, cuando Dios te haya mostrado un pecado, arrepi√©ntete y haz la guerra contra esa desobediencia en tu vida. Mata el pecado, antes que √©l te destruya a ti. Esto traer√° gozo a tu vida y ser√°s fruct√≠fero para tu Se√Īor y Salvador.

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