PORQUE NECESITAMOS UNA SEGUNDA REFORMA -2- por Mario E. Fumero


EL CONCEPTO ERRADO SOBRE EL MINISTERIO

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No cabe duda que la causa del deterioro doctrinal  y vivencial en la iglesia evangélica se ha debe a los ministros que las presiden, y a la permisividad de sus autoridades denominacionales, porque no han sabido mantener y transmitir la Palabra de Dios  coherentemente, y  han mezclado  la misma con sus propias revelaciones e interpretaciones, manipulándolas para hacerle decir lo que ellos han querido enseñar.

Se fiel a la doctrina y a los principios históricos es el fundamento para no adulterar la verdad y caer en herejías. La Palabra de Dios podemos complementarla, pero no anularla ni distorsionar en su sentido  histórico, como se hace hoy día. Es por ello que debemos definir los cuatros conceptos básicos de las enseñanzas de Jesucristo sobre los cuales podemos definir las funciones de los ministros del evangelio.

LOS CUATROS PRINCIPIOS BÁSICOS DEL EVANGELIO

Para atender  claramente la concepción de los principios básicos del ministerio, debemos establecer los fundamentos sobre los cuales descansan el evangelio de Jesucristo. He aquí la definición de los cuatro principios básicos para interpretar el propósito de Dios a través de el quehacer de la iglesia.

SEÑOR  (KYRIO)- El título dado por Dios a Jesucristo fue el de SEÑOR (KYRIOS) Filipenses 2:11, Hechos 2:36. La expresión usada en el texto bíblico fue de Kyrios, una expresión de origen griego que significa “Señor”, “Maestro” “Amo”, “Dueño” “Soberano”. Por parte de los cristianos, el término Kyrios era usado como sinónimo de Dios o Jesús. La palabra Kyrios aparece más de 600 veces en el Nuevo Testamento, principalmente  en la versión de la Septuaginta, (traducción de la Biblia hebrea al griego) y también en el Nuevo Testamento griego. Por su parte, en el Antiguo Testamento se usaba tres expresiones principales para referirse a Dios: Elohim, Jehová o Yahve, o Adonai, es por ello que el uso de la palabra Kyrios era para sustituir las identificadas en el A.T.

Este concepto establece el principio del Señorío de Cristo, el cual es el dueño de todos aquellos que forman su reino y se someten a su llamado aceptando sus demandas Juan 15:14. Es bueno entender que los que forman su reino fueron rescatado y comprados a precio de su sangre 1 Pedro 1:18-19, ofrendando su vida en propiciación por nuestros pecados 1 Juan 4:10, razón por lo cual le proclamamos el Señor.

REINO- Si Jesús es el Señor, indudablemente tiene un reino. El término procede del latín “regnum”, define aquel territorio cuyos habitantes están sujetos a un rey con poderes soberano. Se trata de un Estado regido por una monarquía, que rige un gobierno en la que el cargo supremo es unipersonal, vitalicio y, por lo general, hereditario, ejerciendo los tres poderes: ejecutivo, legislativo y judicial.  Jesús vino a establecer “el reino de Dios en la tierra” del cual Él es el Señor o soberano. Así fue anunciado por Juan el Bautista en Mateo 3:2, y después Jesús comenzó a predicar un evangelio definido como “el evangelio del reino” Mateo 4:23. Este término aparece más de 360 veces en el Nuevo Testamento y define claramente el marco de la Iglesia en su quehacer durante el periodo de la gracia.

SIERVOS– Todo se complementa. Si Jesús es soberano de un reino ¿Qué son los que viven dentro de este reino? Sus súbditos, lo cual equivale a ser siervos. ¿Qué significa el concepto de “siervo”?. Según el diccionario de la Real Academia Española (RAE)  el término procede del latín “servus” que en castellano es siervo. Este concepto se emplea para nombrar a un esclavo que de acuerdo al marco histórico de su época era una persona comprada para el servicio de un señor. Este concepto  está bien definido en el relato de Lucas 17:7-10, por lo que se deja ver que dentro del reino todos estamos sujeto a un amo al cual tenemos que servir incondicionalmente, sin esperar nada a cambio, ni siquiera las gracias (Verso 9), y después que hayamos hecho todo lo que el Señor del reino nos ha mandado, tenemos que decir “siervos inútiles somos”  ¿Y porque?  Porque para eso fuimos comprado (Verso 10).

Es bueno entender el concepto del señor feudal en la época bíblica, e incluso en la Edad Media. El  tenía la potestad de decidir en numerosos asuntos de la vida de sus siervos y sobre sus posesiones. El siervo no podía traicionar al señor feudal, ya que él le suministraba vivienda, parte de las cosechas y sus prendas. Así que el siervo depende 100% de su amo en todo. Esto se define claramente en el marco histórico.

MAYORDOMO– Tomando en cuenta los conceptos anteriores, cuando a un siervo se le encomienda  la administración de un área dentro del reino es le da el título de mayordomo. ¿Qué es un mayordomo? Procede del griego  “epítropos, oikonómos” [del verbo oikonomé) e indica una persona empleada para administrar una propiedad o negocios de otra persona, y responsable por ellos ante su Señor. Un ejemplo de ello lo tenemos en José, uno de los hijos de Jacob el cual fue mayordomo sobre la casa de Potifar (Génesis 43:19;)  En el N.T. aparece de forma directa 6 veces, y se refiere a una persona que fue comprada para servir a un amo, el cual le encomienda cierta responsabilidad en su reino para desempeñan una parte importante en el trabajo, y se define claramente sus funciones en las parábolas de Jesús (Mateo 20:8; Lucas 12:42; 16:1-9).

A la mayordomía se le da una aplicación espiritual en dos sentidos; uno relacionado al manejo de nuestros recursos y el apoyo al reino de Dios, y otro en el aspecto relacionado al ministro cristiano, el cual actúa como mayordomo (administrador) del Reino de Dios (Tito 1:7), siendo un “administrador” de los “misterios de Dios” (1 Corintios 4:1, 2) y de la “multiforme gracia de Cristo” (1 Pedro 4:10). Esto establece que los ministros o siervos son llamados para administrar su reino y son responsables ante él por la forma en que enseña y trata a quienes están en oscuridad o forman parte de su grey.

¿QUÉ ES UN MINISTRO?

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En la actualidad los llamados “ministros” buscan actuar como dueños, ilustres, señores del rebaño, buscando títulos de ostentosidad para establecer una casta jerárquicas similar a la de la iglesia Católica. Sobre el concepto de “ministro” hay un  enfoque con un sentido correcto de este término, lo que indica que todos cual somos siervos, puestos por Dios para servir a los demás como administradores de algo que no es nuestro (Marco 10:43, Lucas 6:2), y nos fue dado bajo condiciones especifica (1 Pedro 5:2). En ese escrito encontramos lo siguiente: “Esta última palabra (ministro) viene a su vez de “minister”, vocablo compuesto de “minus”, comparativo de inferioridad, y del sufijo “ter”, que sirve como término de comparación. La etimología de “minister”, es enteramente opuesta a la de “magister”: de “magis”, comparativo de superioridad, y de “ter”. Así magister, indica una función de autoridad, “minister” expresa precisamente lo contrario; subordinación: el que realiza una función bajo el mando de otro; el que presta un servicio a otro. La etimología nos da pues la idea que la administración se refiere a una función que se desarrolla bajo el mando de otro, de un servicio que se presta[1]”. Creo que esta definición se ajusta al sentido de ser siervos de Jesucristo y administradores del Reino del Kyrios.

El llamamiento es la elección por parte de Dios de ciertas personas entre sus siervos para que lleven a cabo la misión de guiar, doctrinar y velar por el rebaño (Juan 21:17)  haciendo discípulos y llevarlos por el camino correcto, que es la obediencia a todo el consejo de Dios (Hechos 20:27). Sin embargo, cuando esos siervos, a los cuales llamamos ministros, se apartan de la Palabra revelada, y toman sus propias visiones o manipulan  la Biblia a su antojo, se vuelven  como los fariseos,  ciegos que guían a otros ciegos (Mateo 15:14, 23:24) y conducen a la iglesia hacia la apostasía.

¿Cómo podemos identificarlos? Por sus frutos y hechos (Mateo 7:20), ya que no viven dentro de los parámetros de la Palabra y se caracterizan por la falta de sencillez y humildad (2 Corintios 11:30), ya que buscan vanagloria y reconocimiento (Filipenses 2:3).

¿Qué debemos de hacer si estamos en su iglesia? Salir corriendo, pues la Biblia dice que con los tales ni aun comáis (1 Corintios 5:11), y debemos evitar a todos aquellos ministros corruptos que se lucran de la fe (2 Timoteo 3:5,) para no ser participes de sus malas obras (Filipenses 3:17-19).

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El pastor que sigue el modelo de Cristo, por lo general no buscar reconocimientos humano, tampoco títulos ni posiciones, simple y llanamente se dedican hacer lo que debe hacer, sin buscar protagonismo ni vanagloria humana. El debería haber aprendido del Divino Maestro las dos cualidades más importantes de un siervo de Dios, la humildad y la mansedumbre (Mateo 11:29). Pero vivimos en un mundo lleno de soberbia y ostentosidad y debemos definir el sentido profundo y bíblico de la humildad.

La palabra “humildad” proviene del latín “humilitas”, que significa “una persona que se humilla y se pega a la tierra”. Es una virtud moral contraria a la soberbia, la cual fue la que dio origen de la caída de Satanás (Isaías 14:13). La humildad se hace evidente en el ser humano cuando reconoce sus debilidades, cualidades y capacidades,  aprovechándola para obrar en servicio a los demás, sin decirlo ni hacer alarde. De este modo mantiene los pies en la tierra, sin buscar sobresalir o llamar la atención.

El humilde reconoce su dependencia de Dios y tiene una característica muy peculiar; no busca el dominio sobre sus semejantes ni abusa de ellos, sino que aprende a darles valor a los demás, por encima de sí mismo. El apóstol Pablo dijo en  Romano 12:3 “Digo pues por la gracia que me es dada, á cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con templanza, conforme á la medida de fe que Dios repartió á cada uno”. El humilde no mira lo suyo propio, sino lo de los demás (1 Corintios 10:24). Sale en ayuda de los afligidos, extiende su mano al menesteroso (Proverbios 31:20). Vive para servir y no para ser servido (Mateo 20:28).

[1] -https://elteologillo.com/2013/01/19/el-pastor-como-administrador/

Fuente: Unidos contra la Apostasía 

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