LA IGLESIA HACIA LA APOSTASÍA -V- por Mario E. Fumero


 

En este capítulo vamos abordar uno de los temas más controversiales del mundo en las iglesias evangélicas, como es la influencia del liberalismo social dentro del concepto doctrinal evangélico. Pero antes de entrar enfundó el tema queremos definir qué significan liberalidad social.”El liberalismo social (no confundir con social liberalismo y radicalismo) es una corriente de pensamiento liberal surgida en Europa a finales del siglo XIX como respuesta a la visión individualista del liberalismo clásico y en contraposición a los movimientos socialistas surgidos en la Revolución industrial”[1]. No debemos ignorar que liberalismo teológico ha tratado de menoscabar el fundamento bíblico, e incluso, llegó a afirmar que Dios está muerto[2].

Vamos en este análisis hacer una reflexión sobre la influencia liberal en relación al fundamento de la autoridad familiar y del quehacer de la iglesia.

 LA INFLUENCIA DEL LIBERALISMO SOCIAL

Vivimos en una época en donde es común la proclama del liberalismo social, razón por lo cual la sociedad vive sin valores. Se ha puesto de moda la igualdad de género, la doctrina de la liberalidad sobre el menoscabo de la autoridad tradicional, y en consecuencia los hogares y las familias actualmente se vienen abajo. Se enfatiza una tolerancia que lleva a una permisividad extrema[3]. La mujer tiene la misma posición que el hombre, no en cuanto a su función solamente, sino en cuanto a la autoridad dentro del hogar. Es por ello que ambos trabajan y cada cual vive su propia vida; no habiendo cabeza en la familia, y si la hay, de acuerdo a la liberación, es una familia con dos cabezas, pues el hombre y la mujer están al mismo nivel y tienen los mismos derechos.

La Biblia establece que no hay acepción de personas en lo que respecta a su dadiva, o sea, la salvación y los dones espirituales. Que en cuanto a la relación entre hermanos en la comunión, debe haber igualdad, que significa en el concepto bíblico “justicia”. Sin embargo, es absurdo creer que no existe autoridad en el orden de la familia, ya que Dios lo estableció cuando creó al hombre y a la mujer como base de una familia y de una sociedad, estableciendo así la sujeción en dependencia.

El Antiguo Testamento establece que el padre de familia es la autoridad de la casa, que cuanto más anciano fuese un hombre, mas respeto y autoridad tiene (sistema patriarcal). El Dios que estableció la igualdad en justicia, también hizo la autoridad para convivencia.

La Iglesia recibió una doctrina que determina el orden de autoridad, tanto en la familia cristiana como en la comunión de los santos; sin embargo, algunos “reformadores” quieren introducir dentro del seno de la iglesia, ideas procedente del liberalismo femenino que contradicen abiertamente la doctrina de los apóstoles.

Tanta libertad se ha predicado en el mundo que actualmente estamos viviendo un completo anarquismo social. Los padres no se sujetan a las leyes, los hijos no se sujetan a sus padres, las esposas no se sujetan a sus maridos, etc. Esta condición social ya está dentro aun de la misma iglesia, llegando a su máxima expresión con la idea de que en las congregaciones debe haber mujeres “APOSTOLAS” y “REVERENDAS” para que estas ocupen la misma posición que los hombres en todos los aspectos. Esta enfermedad que nació en las iglesias tradicionales, ya está, desde hace tiempo, en las iglesias pentecostales norteamericanas, en las iglesias hispanas y se ha extendido a todos los grupos y aun a la América Latina, en donde no ha resultado fácil por el tipo de cultura y estructura familiar.

No estoy contra la función de la mujer dentro de la iglesia, pues en la Biblia aparecieron mujeres de Dios que tuvieron papeles tremendos en el plan del Señor en ciertos momentos específicos de la historia, tales como Débora, Ana, Ruth, Ester, etc. Sin embargo, el hecho de que Dios se valiese y se valga de la mujer para sus planes, jamás derriba el orden divino establecido desde la creación, solo que las circunstancias históricas y los planes divinos así lo ordenan.

La Biblia es clara, y establece el orden de autoridad en la Iglesia y el hogar. Cristo es la cabeza de la Iglesia, así como el marido es la cabeza de la mujer, como la Iglesia se sujeta a Cristo, las mujeres se sujetan a sus maridos aun dentro de la Iglesia. (Ef. 5:21-31). Los que quieren poner a la mujer al mismo nivel que el hombre dentro del ministerio de la Iglesia, promulgan una doctrina o costumbre que no es respaldada por la Biblia.

Estoy seguro que si se nombrara un comité de mujeres liberadas dentro de la Iglesia, para revisar la Biblia, estas harían una versión femenina del Nuevo Testamento, eliminando del canon todas las epístolas de Pablo, para así no tener quien les quite la autoridad.

No existe base bíblica alguna para situar a la mujer al mismo nivel que el hombre en el ministerio de la Iglesia, más bien es todo lo contrario, hay mas base bíblica que le impide a la mujer tomar parte en el culto de la Iglesia; pero, esto fue en sí un extremo aplicado al  desorden existente en Corinto, en donde era costumbre de las mujeres (sacerdotisas) presidir el culto pagano.

Imaginemos a una mujer REVERENDA en un concilio. Por lógica podría llegar a ser presbítero o ejecutiva, así que sentaría a los hombres ministros para enseñarles y dirigirlos; lo mismo que pasó en Corintio en donde estas se impusieron por arriba de los hombres, razón por la cual Pablo les ordena que callen en la congregación y estén sujetas como manda la ley (1ª Corintios. 14:34-35). Recuerden que en las epístolas a los Corintios se enfocan desordenes de varios tipos, a los cuales Pablo trata de dar solucionar.

Sin embargo, la mujer tiene su función en el seno de la Iglesia, aunque Pablo fue tajante en su exhortación a las mujeres “desordenadas” creo firmemente que lo que se buscaba con la epístola no era sentar para siempre a la mujer, como hacen algunas iglesias, sino establecer el orden de Dios. Por otro lado el apóstol reconoce mujeres colaboradoras en el ministerio como Pricila y Aquila (Romano 16:3) y en el mismo capítulo menciona a otras muchas mujeres como María, Trefenia y Trifosa y a la madre de Rufo, todas ellas trabajadoras en la obra de Dios (Romano 16:6,12,13).

Todos los extremos son peligrosos, y no dar parte a la mujer en nada dentro del  culto o en el trabajo de la iglesia está mal. La mujer puede ejercer el ministerio siempre y cuando este bajo autoridad. En el libro de los Hechos se nos habla de Dorcas como una ejemplar discípula (Hechos 9:36-39) y se menciona a mujeres que tenían dones de profecía en la iglesia (Hechos 21:9).

También se enseña que entre los diáconos en la iglesia, podrían haber mujeres, ya que al explicar Pablo la función de estos, menciona a la mujer (1ª Timoteo. 3:8-13), como parte del grupo; pero al enfocar los requisitos del obispo, pastor y ministro de la congregación no da en ningún momento a entender la posibilidad remota de que este puesto pueda ser ocupado por una mujer, lo cual pertenece al hombre no por razones de privilegios, sino por autoridad y orden. Podríamos aceptar aun que en el cuerpo del gobierno local de la Iglesia existieran ancianas que ayudasen al Pastor porque la Biblia menciona la iglesia en casa de una anciana (2 Juan 1,).

Creo que este asunto del ministerio de la mujer en la iglesia está claro, ella puede ejercer todos los privilegios que el marido o pastor le confieran, si permanece en la palabra y la doctrina de los Apóstoles.

Tenemos el ejemplo de misioneras, como la hermana Omega Vega que fue al Perú y estableció varias Iglesias, dedicando toda su vida al ministerio de la Palabra. Fue usada y bendecida y respetada por los ministros de aquel país donde dedicó  su vida, pero ella nunca trató de ser más de lo que Dios mismo quería que fuese, y reconoció su lugar dentro del cuerpo. Recuerdo, cuando estuve con ella; estaba edificando un templo y tenía una obra muy linda en Lautaro, ella tuvo la ayuda de los ministros que impartieron los sacramentos y, al terminar la obra la entrego a un obrero nacional, porque decía ella “así debe ser”.

Creo que la mujer desempeña un gran papel en la iglesia sin que tenga que sentarse al mismo nivel que el hombre, o bautice, o case, o de la Santa Cena; además creo que si hay hombres que lo puedan hacer es ilógico y antibíblico que la mujer lo haga, sin embargo, pueden haber circunstancias que así lo permitan (si no hubieran hombres con ministerio o en emergencia) pudiendo en tal caso ministrar la mujer estas cosas sin que tenga que ser ordenada o llamada REVERENDA o APOSTOL, igualándose en todo momento al hombre.

El aceptar públicamente MINISTRAS ORDENADAS con todos los derechos del hombre no es sino la entrada a aprobar, dentro del seno de la iglesia, otras tantas herejías que vienen detrás de esta, como el recasamiento de divorciados en el ministerio, el derecho de los homosexuales a tener sus iglesias y pastores del mismo tipo, el aborto criminal, el cambio de sexo en pastores, etc.

Dar entrada y legalización a lo no bíblico significa abrir la puerta a otras tantas ideas de LIBERACION que dominan en la sociedad moderna y que son símbolos de la apostasía de los últimos tiempos.

En conclusión: considero que una mujer puede ocupar cualquier puesto en la iglesia, siempre y cuando esté bajo la autoridad de su marido o de un hombre en la Palabra. Que una mujer puede inclusive ser pastora si su marido o los líderes así lo deseen, que el hombre puede darle a la mujer su papel dentro de los ministerios sin que esta jamás llegue a ser más que el hombre o igual que él en cuanto a la autoridad de la Palabra.

La ley de Dios establece el orden de la mujer, la cual tendrá en orden su casa, criará sus hijos y ayudará a su marido sin descuidar lo anterior. Si fuese soltera o viuda, que se someta a los ministerios de la Iglesia y a lo establecido por Dios en su Palabra y así crezca en el seno de la Iglesia; no con jactancia, sino con humildad, para que halle gracia delante de Dios y obtenga bendición, dones y capacidades.

Pablo no solo trató el asunto de la mujer y su sujeción en la Iglesia, sino que también Pedro habló de ello en sus epístolas (1ª Pedro 3:1-7).  Respeto y estimo a la mujer como misionera, maestra, líder, consejera, diaconisa, etc., con tal que ella a su vez reconozca su posición y no quiera ser un como un “hombre” cuando en realidad es una mujer.

Cuando llegue el tiempo de que este espíritu de liberación femenina domine la Iglesia, adiós sujeción bíblica, adiós cabeza, adiós autoridad,… entonces estaremos a un paso de aprobar tantas cosas más que entraran al cuerpo dañando la doctrina, hasta que la iglesia evangélica esté situada junto a la gran ramera.

Tenemos un ejemplo de evolución liberacionista, las iglesias Episcopales de California U. S. A. Empezaron aceptando a las mujeres como reverendas, después aprobaron que podía haber iglesias y pastores homosexuales, ahora aprueban y patrocinan el aborto criminal y mañana… ¿que mas? Si seguimos el camino de ellos, pronto tendremos una iglesia “liberada de principios y poseída de demonios” porque “Un poco de levadura, leuda toda la masa (Gálatas. 5:9).

 

[1] – https://www.google.es/webhp?sourceid=chrome-instant&rlz=1C1CHZL_esUS720US720&ion=1&espv=2&ie=UTF-8#q=liberalismo+social

[2] – En la década de 1960 la mayoría de los liberales había abandonado el optimismo humanista, el inmanentismo cultural progresista y el sueño de un reino terrenal, pero no cedieron en la interpretación no literal de la Biblia. Muchos tenían un renovado interés por la teología natural y destacaron la importancia del cambio social. Teólogos “radicales” y “seculares” hablaron del concepto tradicional de Dios como “muerto” en esta era secular, y se gloriaron en el Dios que viene a nosotros en los eventos de cambio social. Se mostraron optimistas acerca de las posibilidades creativas abiertas al hombre secular; celebraron el amor como norma suficiente de comportamiento ético y reafirmaron el señorío de Cristo y su llamada al discipulado. RV Pierard. (Diccionario Evangélico Elwell)

[3] – El liberalismo es su rechazo de la doctrina religiosa sobre la sola base de la autoridad. Todas las doctrinas deben pasar las pruebas de la razón y la experiencia, y la mente debe estar abierta a nuevos hechos y verdades, independientemente del lugar donde se originen. No hay materias ya cerradas o establecidas y la religión no debe sustraerse al examen crítico. Como la Biblia es obra de autores limitados por su propia época, no es ni sobrenatural ni un registro infalible de la revelación divina y, por tanto, no posee autoridad absoluta. La “esencia del cristianismo” reemplaza la autoridad de las Escrituras y credos, y a la iglesia.  Tomado de: http://mb-soft.com/believe/tsnm/liberali.htm

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