LA IGLESIA HACIA LA APOSTASIA -VII- por Mario E. Fumero

manipulacion-control

MANIPULACION O SANIDAD EMOCIONAL

En la actualidad se ha introducido dentro de las iglesias técnicas y enseñanzas ajenas a la doctrina del Espíritu Santo para resolver los problemas del pecado y de  los daños emocionales que este deja en nosotros. No podemos negar que la psicología y la Nueva Era ha hecho mella a la doctrina de la Santificación mediante la llamada “confesión positiva”, razón por lo  cual necesitamos retomar los principios de la Palabra frente a todas estas ondas existentes, y que cada vez son más fuertes en las iglesias cristianas.

El pecado produce daños físicos y emocionales. Cuando el hombre desobedeció a Dios en el huerto del Edén, el daño ocurrido por el pecado afecto su área emocional (Génesis 3:7) pues se descubrió desnudo, por lo que aparece una tendencias egoístas que genera problemas traumáticos[1], afectando a la persona y a los que le rodean. La solución al sufrimiento físico y psíquico ha dado lugar a que muchos busquen en el misticismo y esoterismo una respuesta al dolor. Actualmente muchos movimientos cristianos, influenciados por estas corrientes, han introducido técnicas regresivas en la solución del pecado y de los traumas y problemas emocionales subsecuentes al mismo. Hay tres formas de introducir técnicas de regresión en la vida de la iglesia:

  • Regresión por medio de las teorías psicológicas, que establecen que en el sub consiente se encuentran los hechos que determinan nuestros problemas psicológicos, y que una vez descubiertos, se resuelven los problemas de conducta.
  • Regresión por medio del ocultismo, que formula la existencia de espíritus guía que nos pueden llevar al pasado, para descubrir las causas de nuestros problemas emocionales. Esta forma nos puede llevar hasta las etapas de las vidas pasadas, pues toda regresión tiene influencias procedente de la pre existencia del alma, o sea, una vidas anterior a la de ahora, lo que se llama reencarnación[2].
  • Regresión por medio del auto-examen. Este método acude al análisis de los hechos pasados, retrocediendo en los recuerdo, y si fuera posible, hasta el vientre materno. Dentro de esta técnica se puede desarrollar el hipnotismo, relajamiento o visualización de las diferentes etapas anteriores de la vida, para ello se puede usar psicodramas.

Todos estos métodos trabajan en la mente mediante dinámicas manipulativas que tratan de activar los recuerdos negativos, para crear en las personas un complejo de culpa que produzca inseguridad, y así tener el terreno abonado para introducir en la mente métodos sugestivos, usándose diferentes dinámicas que van desde el fetichismo, hasta practicas inductivas de acciones a las cuales se les concede poderes mágicos, tales como confesión, simulación de hechos, objeto portadores de bendición, liturgia que da poderes mágicos a  objetos, mantras, técnicas de psicodramas, autosugestión positivista, exorcismo, etc.

Toda metodología regresiva en la vida de la iglesia es inaceptable a la luz de las enseñanzas bíblicas, pues la doctrina de la expiación y del Espíritu Santo abre un camino para obtener el perdón y la sanidad, sin tener que acudir a esfuerzos humanos y manipulación mental.

PERDON, RECONCILIACIONEL PERDON Y EL PECADO

Una de las enseñanzas fundamentales de la iglesia evangelice desde la reforma es el perdón mediante el hecho de la cruz (Efesios 2:16). En el A.T. se representaba este perdón mediante una ceremonia, en la cual el culpable de pecado debía llevar al sacerdote un sacrificio de animales sobre el cual depositaba sus pecados (Levítico 5:16 Hebreos 10:11), y el animal era muerto por el culpable, y con su sangre se hacía expiación por el pecado en el lugar santísimo (Levítico 4:20-34). Esta muerte sustitutiva produjo la expiación, por  lo cual el pecador obtenía el perdón temporal, ya que estaba determinado que “la paga del pecado es muerte” (Romano 6:23). De ahí el principio bíblico que establece que “sin derramamiento de sangre no hay perdón de pecado” (Hebreos 9:22). Todo estos hechos fueron una tipología que anunciaba el sacrificio  de un cordero perfecto, sin mancha, sin pecado, el cual moriría por toda la humanidad, llevando en sí el pecado de todos los hombres (Hebreos 9:28), el cual fue Jesús. Es por ello que Juan el Bautista lo proclamó como “el cordero de Dios que quita el pecado del mundo” (Juan 1:29).

El pecado tiene tres formas de ser.

  • El pecar contra Dios que es desobedecer los primeros 4 mandamientos (Éxodo 20:3-8). Este perdón se obtiene con la simple confesión y arrepentimiento a Dios por medio de Jesús.
  • El pecado contra uno mismo, afectando y dañando el cuerpo o la salud personal, al no observar las leyes de higiene o físicas (1 Corintio 3:16-17). El perdón en este caso radica en dos acciones: reconocer que soy templo del Espíritu Santo y pedir perdón cuando descuido mi forma de comer, y no observo las leyes de higienes establecidas en la misma Palabra.
  • El pecado contra tercero, que afecta mis relaciones personales con otras personas. En ello están casi todos los pecados de la carne; adulterio, fornicación, inmundicia, borrachera, mentiras, calumnias, robo, muerte etc. En esta forma de pecar se requiere restitución del daño cuando el mismo pueda ser reparado para que el perdón tenga efecto, pero cuando el daño cometido no pueda ser reparado, entonces confiamos que el perdón se obtiene por la misericordia de Dios. Aquí puede ser que las malas acciones irreparables dejen huellas emocionales que afecten nuestra vida diaria, para lo cual tenemos la consejería espiritual, y obtener la liberación por medio del Espíritu Santo y enterrar lo irreparable, olvidando todo lo que queda atrás.

LA OBRA DEL ESPÍRITU SANTO

El Espíritu Santo es una persona procedente del Padre y del Hijo. Él nos redarguye de pecado para después de convertido ayudarnos en nuestras debilidades y guiarnos a toda verdad y justicia (Romanos 8:26 Juan 16:13). Es importante definir que su función radica en enseñar, guiar, instruir y santificar al que ha aceptado Jesús como Señor (Juan 16:7-13), una vez obtenido el perdón de pecado.

Indudablemente el perdón no elimina las otras consecuencias del pecado, tales como el daño físico y emocional que el mismo nos ha causado[3]. Perdonar es quitar la culpa, pero nosotros seguimos sujeto a este cuerpo mortal, y en el mismo hay  muchos daños psíquicos y físicos que pueden perdurar por largo tiempo. Después de la regeneración, el Espíritu Santo comienza a operar la santificación, que consiste en corregir traumas y daños emocionales y físicos que traemos del viejo hombre. Por eso se le llama el ayudador y consolador. Estas dos expresiones dictaminan su quehacer en nosotros. Cuando tratamos de operar nosotros en la mente de las personas, sin que el Espíritu Santo intervenga, estamos invadiendo un terreno peligroso, y usurpando una función que debe ser obra del Señor por medio de su Espíritu Santo.

EL ESPÍRITU SANTO Y NUESTRAS DEBILIDADES

Romano capitulo 8 describe la lucha existente entre nuestra naturaleza (la parte material, carne) y la parte espiritual (espíritu). Es por ello que el pecado de otros, y el nuestro propio, deja huellas en la mente. Esta realidad nos hace vulnerable emocionalmente a tener inclinaciones o actitudes que afectan nuestra vida emotiva o física, por lo que todos tenemos algunas debilidades, originadas por tendencias o traumas del pasado. ¿Qué hacer  en tal circunstancias? Dejar que el Espíritu nos ayude e interceda por nosotros, revelándonos esas áreas débiles para fortalecerla. Esto puede ocurrir de diversas formas, ya sea por un trato personal, o por revelación, o por la intervención de los dones espirituales, entre ellos el de discernimiento de espíritus. Una vez revelada la debilidad, podemos ir, ya sea a nuestro maestro, o consejero espiritual en busca de ayuda. Si el caso fuese muy grave podríamos buscar un especialista que nos ayude a complementar la obra del Espíritu. La liberación de las debilidades ocurrirá progresivamente tanto por el conocimiento de la Palabra, como por nuestro sometimiento voluntario a la obra del Espíritu Santo en nosotros. Recordemos que para que Dios obre en nosotros es imprescindible doblegarnos y humillarnos ante su soberanía, para que  el Espíritu Santo opere en nosotros.

EL ESPIRITU SANTO Y LA MALDICION GENERACIONAL

Todos los seres humanos arrastramos una herencia familiar que marca nuestras vidas, ya sea para bien o para mal.  Esos vicios o herencias generacionales generar diversos traumas que nos inhiben o incapacitan en algunas acciones de nuestra vida social. A esto le llaman algunas maldiciones generacionales. El apóstol San Pedro le llama “la vana manera de vivir que recibimos de nuestros padres” (1 Pedro 1:18). No heredamos el pecado, ni el juicio condenatorio de nuestros antepasados (Juan 9:2-3), pero  traemos las secuelas de sus acciones y comportamiento en complejos, temores y  actitudes que se convierten en muchos casos ataduras. Es ahí donde el Espíritu Santo, que todo lo escudriña (1 Corintio 2:10), trabaja para enseñarnos a superar estos daños, facilitándonos armas espirituales (oración, ayuno, conocimiento de la Palabra) para derribar esas fortalezas (2 Corintios 10:4-5), y traer todos esos temores, pensamientos negativos y traumas de la infancia a los pies de Jesús para, la destrucción de todas esas ataduras.

EL ESPIRITU SANTO Y LOS TRAUMAS DEL PASADO

Hablemos de los traumas del pasado. Estas son experiencias negativas que marcan nuestras vidas en el presente. Una traición, un desengaño, ser abandono,  maltrato,  abusado físico o sexual, un revés de la vida, un accidente, una perdida irreparable etc. puede causarnos depresión, angustia, inseguridad y frustración. Tales situaciones se complican cuando nuestro temperamento es vulnerable y somos aprensibles, por ejemplo; los temperamentos melancólicos y coléricos son más propensos a absorber estos problemas.

Hay personas que por naturaleza son muy sensibles, lo que puede general conflictos mayores al vivir un trauma en la etapa infantil de su vida. La función del Espíritu Santo en nuestras vidas es ayudarnos a superar las consecuencias del pecado, el cual nos deja daños emocionales, pero podemos tomar los mismo para transformarlo como una herramienta que nos ayude a comprender a otros, aunque las cicatrices que dejan estas experiencias pasadas no se podrán borrar hasta que seamos revestido de un cuerpo glorificado, porque mientras estemos sujetos a este cuerpo mortal, llevaremos en nosotros las huellas del pecado (Romano 7:17). Tristemente tratamos de manipular las emociones para producir psicológicamente un cambio de actitud en los presentes y esto es posible usando técnicas inductivas y de manipulación, pero el efecto de estas experiencias es pasajero, y como las emociones también son pasajeras, después aparecerán de nuevo los problemas y muchas veces mas acrecentados. El manipulación emocionalmente a las personas se asemeja al efecto  a la droga, dura su efecto temporalmente, pero al pasar el mismo, los conflictos vuelven a aparecer pero con mucha más fuerza.

Dios no nos quita muchas veces todos los problemas, sino que  por medio del Espíritu Santo nos da fortaleza para poderlo superar. Ni la distracción, ni la manipulación podrán cambiar lo que solo Dios puede cambiar. Es por ello que para poder sobrellevar la cruz del pasado, necesitamos la ayuda del Señor mediante la intervención del Espíritu Santo, que como hemos dicho, nos ayuda en nuestras debilidades. La solución a nuestros problemas no es huir, ni escondernos, ni evadir los problemas, ni entretenernos para disiparlos, sino prepararnos con toda la armadura de Dios para enfrentarlo (Efesios 6:13) y superarlo, peleando la buena batalla de la fe (1 Timoteo 6:12, 2 Timoteo 4:7)  y soportar las dificultades hasta el día en que seamos liberado de este cuerpo de dolor, porque indudablemente que mientras estemos en el cuerpo y en el mundo tendremos aflicción (Juan 16:33).

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[1] . Noten que aquel momento de la caída, el hombre  miraba a Dios y a su mujer, pero una vez que peco, empezó a verse a sí mismo  y descubrió que estaba desnudo, aunque siempre lo había estado. Esta acción de vernos a nosotros mismo da origen a la palabra “egoísmo”. Su definición es “El término egoísmo hace referencia al amor excesivo e inmoderado que una persona siente sobre sí misma y que le hace atender desmedidamente su propio interés. Por lo tanto, el egoísta no se interesa por el interés del prójimo, y rige sus actos de acuerdo a su absoluta conveniencia”.

[2] – La doctrina de la reencarnación procede del hinduismo y budismo. La reencarnación como creencia consistente en que la esencia individual de las personas ( mente, alma, conciencia o energía) adopta un cuerpo material no solo una vez sino varias según va muriendo hasta alcanzar el nirvana, etapa última de este proceso.

[3] – Conforme una herida deja cicatrices, de la misma forma los problemas emocionales dejan huellas psicológicas en nuestras almas.

Fuente: Unidos contra la Apostasía 

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