El legado del predicador John MacArthur


Hace dos días introdujimos una breve serie basada en 2 Timoteo 4:2 (ver artículo aquí); ayer hablamos acerca del llamado de predicar aun en tiempos peligrosos (ver artículo aquí). El día de hoy consideraremos la segunda de las razones por las que Pablo exhorta Timoteo a predicar la Palabra:

Motivación 2: Predica la Palabra
Debido a aquellos heroes de la fe que han ido por delante (2 Timoteo 3:10-14)

Una de las motivaciones para un ministro a predicar la Palabra es su amor y aprecio por aquellos creyentes que han ido delante de él. Al igual que una gran nube de testigos, los ejemplos de líderes espirituales firmes de generaciones pasadas estimulan el expositor bíblico a un mayor compromiso y ministerio eficaz.

Por esta razón, Pablo le recordó a Timoteo acerca de su propio ejemplo, y le instó a seguirlo: “Pero tú has seguido mi doctrina, conducta, propósito, fe, longanimidad, amor, paciencia, persecuciones, padecimientos, como los que me sobrevinieron en Antioquía, en Iconio,en Listra; persecuciones que he sufrido, y de todas me ha librado el Señor” (2 Timoteo 3:10-11).

El evangelio que Pablo enseñó fue el mismo que Timoteo debía seguir predicando. La conducta, la confianza y la semejanza de Cristo que marcó el ministerio del apóstol debía de caracterizar a su hijo en la fe. No sólo eso, sino que Timoteo también debía soportar el mismo sufrimiento que soportó Pablo. Timoteo, el joven pastor, tenía un llamado claro: mantener el rumbo y seguir en el mismo camino que su mentor.

La integridad del ministerio de Pablo había sida obvia a Timoteo. En sus viajes juntos, Timoteo había sido testigo de la coherencia entre la enseñanza pública de Pablo y su vida privada. El testimonio de la vida del apóstol fue uno de inquebrantable convicción, un hecho que Timoteo conocía a primera vista. A lo largo de sus viajes misioneros, Pablo había sufrido mucho por el bien del evangelio. Incluso mientras escribía esta carta, sufría por causa de Cristo. Timoteo seguramente sintió el peso de las palabras de Pablo, cuando el apóstol añade: “Y también todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús padecerán persecución;” (v. 12).

El mundo seguirá de mal en peor, y “los malos hombres y los engañadores irán de mal en peor, engañando y siendo engañados” (v. 13). No obstante, Pablo manda a Timoteo a no capitular o ser engañado. Su tarea, no fácil pero sí simple, era el ser fiel a la Palabra de Dios y predicar con cuidado y de forma coherente. Así, Pablo desafía Timoteo con estas palabras: “Pero persiste tú en lo que has aprendido y te persuadiste, sabiendo de quién has aprendido” (v. 14).

Al exhortar a Timoteo que aferrarse y mantener la fe y la pasión por la proclamación de la Palabra, Pablo le exhorta a que recuerde su propio ejemplo. La necesidad más grande de Timoteo no era una  estrategia nueva, simplemente tenía que seguir el modelo de la fidelidad que había observado en el hombre de Dios que había ido delante de él.

Lo mismo debería ser el sentir de aquellos que predican el día de hoy, pues una motivación crucial proviene de ver las vidas de aquellos heroes de la fe que han vivido antes de nuestros tiempos. El predicador fiel aprecia su legado espiritual y reconoce que su ministerio y predicación están vinculados a una larga fila de hombres piadosos. Por otra parte, un ministro fiel entiende que es su responsabilidad, como parte de la actual generación de historia de la iglesia, es el custodiar la verdad que le ha sido confiada, sabiendo que un día, él debe entregárselo a la los que vienen después de él.

Ésta era la expectativa de Pablo: “ Lo que has oído de mí ante muchos testigos, esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros.” En este versículo podemos observar cuatro generaciones de ministros del evangelio: Pablo, Timoteo, hombres fieles y los otros. De generación en generación, la verdad debía ser salvaguardada sin innovación o desviación.

Como lo demuestra la instrucción de Pablo a Timoteo, el predicador fiel está motivado por la herencia dejada por las generaciones anteriores a lo largo de la historia de la iglesia. Y al igual que los gigantes espirituales de los siglos pasados, nosotros debemos estar comprometidos con el mismo mandato en esta generación, reconociendo que es un privilegio poder pararse en los hombros de estos hombres de Dios. Nunca olvidando que es también una gran responsabilidad el continuar su legado, por lo que constantemente debemos probarnos si a través de nuestras vidas y labios predicamos la Palabra.


John MacArthur es el presidente de The Master’s Seminary y pastor de la iglesia Grace Community Church. Sus predicaciones en el programa de radio Gracia A Vosotros son escuchados alrededor del mundo. Él y su esposa Patricia tienen cuatro hijos y quince nietos.

Publicado originalmente en inglés aquí.

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