¿Lees la Biblia lo suficiente? Por Jeremy Adelman


Un pequeño cambio en la manera que vemos nuestras Biblias podría tener un enorme impacto en la forma en que leemos e invertimos tiempo en la Palabra de Dios. Según Barna, el 62% de los estadounidenses dice que les gustaría leer más las Escrituras. Esto debería generar la pregunta, ¿qué es lo que impide que la gente devore las páginas de sus Biblias?

Las posibles razones son variadas y pueden incluir agendas ocupadas o temor de no entender lo que leemos. Pero parece haber un obstáculo aún más fundamental y profundo en nuestro acercamiento a las Escrituras.  Enfrentar este impedimento no requiere simplemente agregar otra estrategia a nuestro tiempo de lectura de la Biblia, requiere un cambio en nuestra perspectiva sobre lo que es la lectura de la Biblia.

Sumergido en un mar de estándares

La pregunta planteada en la estadística de Barna apunta al problema. Parece que tenemos una concepción subyacente de que hay una cantidad subjetiva de lectura bíblica que necesitamos alcanzar cada día o semana o año con el fin de cumplir con un requisito no señalado. Si hemos alcanzado la cuota, podemos responder “no” a la pregunta de Barna; estamos satisfechos con cantidad de lectura bíblica que hacemos y sentimos que no necesitamos más. Si la cuota no ha sido alcanzada, por el contrario, respondemos que sí.

Nuestro estándar subjetivo para el volumen requerido de lectura bíblica, que por lo general se deriva de los hábitos que vemos en otros, nos lleva a ver nuestra Biblia no como un placer sino como una carga, ya que a menudo somos incapaces de igualar esos hábitos. El resultado es que para muchos, la lectura de la Biblia no es un hábito que trae gozo, sino una tarea que ha de ser completada diligentemente.

Como joven cristiano, me gustaría hacer preguntas acerca de cómo estudiar la Biblia y crecer en mi fe. ¿Qué significaba eso? ¿Qué tipo de hábitos necesitaba mantener? A unos años de haber comenzado a seguir a Jesús, ya había aprendido una variedad de hábitos para alimentarme de la Biblia y me sentí abrumado por todos ellos. Tenía todos estos estándares en mi cabeza y no estaba cumpliendo con éxito ninguno de ellos. Mi Biblia era más una carga que un deleite.

Necesitamos una perspectiva adecuada

El gran peligro de mis primeras prácticas de la lectura de la Biblia no era principalmente que no pudiera “mantenerme al día”. Era peligroso porque tenía un profundo problema de perspectiva, un problema que me temo, muchos otros comparten. Estaba minimizando mi lectura de la Biblia al estar constantemente tratando de responder: “¿Cuánta Biblia me es necesario leer o memorizar con el fin de satisfacer la cantidad requerida? “Era un enfoque de culpabilidad y del mínimo esfuerzo. Al final, realmente me llevó a leer la Biblia menos y a no deleitarme mucho en ella.

En el Salmo 1, el autor dice que el hombre bienaventurado o feliz es aquel que se deleita en la palabra de Dios. El hombre bienaventurado es descrito como un árbol plantado junto a corrientes de agua. Si somos como un árbol plantado a la orilla del río, Dios quiere que veamos Su palabra como una corriente de agua, alimentando nuestra alma.

Imagina a un hombre caminando por el desierto y con una desesperante necesidad de agua. Cuando finalmente encuentra un río, experimenta un deleite incontenible. De rodillas en la orilla del río para beber, no se está preguntando, “¿Cuál es la cantidad mínima que puedo beber para satisfacer la sed que tengo?” No, él está preguntando: “¡¿Qué tanta de esta agua puedo ingerir?!” Como mendigos hambrientos, no venimos a la Palabra de Dios como una tarea rutinaria, sino con entusiasmo, como alimento para nuestros corazones.

Dios, danos la gracia de venir y beber

En medio de nuestras oraciones y luchas en la lectura bíblica, tenemos que pedirle a Dios que cambie con Su gracia nuestra perspectiva sobre Su Palabra. Cada vez más, queremos que Dios nos libere de ver la Biblia como una carga o un deber en lugar de verla como una oportunidad y un deleite.

En lugar de preguntarnos cuál es la cantidad mínima de Biblia que podemos leer y aun así cumplir con la cantidad “necesaria”, propongo que nunca dejemos de preguntarnos, con cuánta Biblia pudiéramos llenar nuestras mentes y corazones. Con esta mentalidad, todos debemos responder sí a la pregunta de Barna — todos debemos querer leer más de la Palabra de Dios — no con un sentido de deber u obligación, sino porque son palabras de vida eterna (Juan 6:68).

Al final, es por eso que leemos la Biblia, la memorizamos y meditamos en ella: para llenarnos más de la Palabra de Dios. Porque, mientras nos deleitamos en las Escrituras, nos deleitamos en Dios mismo. A medida que utilizamos planes de lectura de la Biblia, hábitos de memorización o estrategias para la meditación de la Biblia, todos los cuales son buenos, ese es el objetivo. No es para eliminar una tarea de un deber cumplido, sino para atesorar más a Jesús a medida que lo vemos en Su palabra.


Un articulo de DesiringGod.org | Traducido con permiso por Andrés Corral Llano

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