El antídoto para la envidia Por Ajith Fernando


Muchos cristianos no se sienten aceptados por Dios, o les cuesta recibir su amor por ellos. Como resultado, se sienten inseguros y no experimentan la identidad y la relevancia de ser los hijos de Dios de los que habla la Biblia. Sin esta seguridad, los demás se convierten en una amenaza y surge la envidia. Si los cristianos entienden la identidad que Dios les da como hijos y la relevancia que tienen a través del trabajo que les llama a hacer, no tendrían la necesidad de envidiar a nadie. A partir de la fuerza que nos da nuestra identidad y relevancia, ambas regalos de Dios y recibidas por fe, podemos liberarnos de la envidia para apreciar los éxitos de los demás.

El problema al que nos enfrentamos todos es que sabemos la verdad de nuestra identidad y relevancia en nuestra mente, pero no la sentimos en nuestro corazón. El recorrido de la mente hasta el corazón puede ser largo y complejo, y tal vez tengamos que abrirnos repetidas veces a la obra sanadora del Espíritu de Dios. He visto que muchos cristianos devotos siguen batallando con una sensación de no ser merecedores. Este problema se convierte en un gran obstáculo para ejercer el amor cristiano y puede provocar envidias.

Experimentar plenamente la riqueza de nuestra identidad y relevancia en Cristo puede ser un desafío para cualquier cristiano. Para muchos esto es un proceso de descubrimiento que durará hasta que conozcan al Señor cara a cara. Únicamente en el cielo seremos totalmente libres de los estragos del pecado y del poder de los valores falsos que nos han formado y que siguen ejerciendo su poder en el mundo que nos rodea.

¿Cuál es el antídoto para la envidia? Aceptar quiénes somos. Aquí cinco claves para ayudarnos a crecer:

1. Saturémonos de la Palabra

La Biblia está llena de textos que describen nuestra rica identidad y trascendencia. Se habla a menudo de nosotros como hijos de Dios (Juan 1:12; Gálatas 4:4-5; Efesios 1:4- 5; 1 Juan 3:1). Hemos de permitir que la Palabra haga su obra en nosotros. Hay que reconocer que puede ser un proceso largo. Hemos de dedicar tiempo a leer las Escrituras, meditar en ellas, memorizarlas y animarnos a mejorar predicando a nuestras almas. Escuchar la predicación de la Palabra también puede tener un efecto provechoso sobre nuestras mentes y corazones.

2. El testimonio del Espíritu

Es posible que, aunque conozcamos la verdad de que somos hijos de nuestro Padre celestial, nos preguntemos: ¿Cómo logramos que esta verdad sea real en nuestra experiencia? Afortunadamente, el versículo siguiente sugiere la respuesta. Esto sucede a través de la obra del Espíritu: “El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios” (Romanos 8:16; véase también Gálatas 4:6). Por medio de distintas experiencias, el Espíritu Santo nos convence de que, ciertamente, somos hijos de Dios.

3. Pasar tiempo en la presencia de Dios

Cuando me siento indeciso o amenazado o estoy en un entorno hostil, me ayuda mucho escabullirme unos minutos para estar a solas con Dios, cargar las pilas y recordarme a mí mismo que estoy sirviendo bajo la autoridad de mi Señor. Si no puedo escabullirme de manera física, intento hacerlo mentalmente. Aun cuando me encuentro en medio de una situación conflictiva y estresante, intento ser más consciente de la presencia de Dios. Esto me da paz y me ayuda a no reaccionar de manera irreflexiva o airada.

4. El trabajo que Dios nos ha encomendado

Pablo nos dice que Dios dota a los miembros del cuerpo de Cristo con capacidades específicas y singulares. Cada miembro del cuerpo tiene una importante función o responsabilidad que solo él puede desarrollar. Pablo escribe: “pero todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu, distribuyendo individualmente a cada uno según la voluntad de Él” (1 Corintios 12:11). El Espíritu Santo “reparte” o “distribuye” a cada uno lo que le es más adecuado.

5. Aceptación en la comunidad de creyentes

Si como iglesia amáramos a los demás, aunque solo fuera con un poquito de este amor radical, creo que tendríamos un increíble impacto en la eternidad. Los nuevos creyentes que se acercan a Cristo con una historia de profundo dolor descubrirían trascendencia en el amor y la aceptación de otros cristianos. Empezarían a creer que son dignos de amor y esta experiencia de ser amados en la comunidad cristiana abriría sus corazones para recibir la verdad de que son personas capaces de amar y dignas de ser amadas. Esto les permitiría, a su vez, aceptar que Dios les ama. A lo largo de los siglos, millones de personas han entendido el gran amor de Dios hacia ellos por medio del amor de los cristianos.


Imagen: Lightstock
Ajith Fernando (ThM, DD) fue director nacional de Youth for Christ en Sri Lanka por 35 años y ahora sirve como su director académico, pasando mucho tiempo mentoreando y aconsejando trabajadores jóvenes cristianos. Tiene un ministerio de enseñanza bíblica a nivel mundial. Estudió en Asbury and Fuller y es profesor visitante en Colombo Theological Seminary. Sus libros han sido publicados en 20 idiomas.

Fuente: TG’C

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