Que la Biblia no se quede fuera de tu estudio bíblico por Jen Wilkin


En países de habla hispana el vocabulario de otro país puede ser confuso para los visitantes. Cuando en España te ofrecen un bocadillo, te están preguntando si quieres un sándwich en pan francés,  y cuando te ofrecen un tinto, se refieren a vino tinto en una copa. Sin embargo en Colombia un bocadillo es un dulce de guayaba y un tinto es un café. Los habitantes de cada país van a asumir que el visitante entiende los términos ya que también habla español, pero podemos afirmar que la confusión se evita si se aclaran los términos.

Usar un término de manera muy general puede causar confusiones más grandes que el simple hecho de servirle a alguien la bebida incorrecta. Toma, por ejemplo, el término «estudio bíblico» así como se usa con frecuencia en la iglesia local. En la típica página web  de una iglesia o en el boletín semanal, no es raro encontrar clases sobre matrimonio, finanzas, crianza, oración y libros de la Biblia, todas listadas como «estudios bíblicos».

En estas reuniones suceden cosas buenas. La gente se conecta en comunidad, comparte necesidades, confiesa pecados y explora temas a través del lente de la Escritura. Sin embargo, no todas estas clases son estudios bíblicos.

Con el tiempo, «estudio bíblico» se ha convertido en un término general para describir todo tipo de reuniones. En las palabras del estimado lingüista, Iñigo Montoya, de La Princesa Prometida: «Sigues usando esa palabra. No creo que signifique lo que crees que significa».

Al expandir nuestro uso del término, hemos disminuido el número de estudios bíblicos ofrecidos. Las iglesias poco a poco han dejado de ofrecer estudios bíblicos básicos en favor de estudios temáticos o devocionales, adoptando formatos que se parecen más a una discusión de un club literario que a una clase que enseña la Escritura.

La evidencia de esta tendencia está en todas partes, desde páginas web de iglesias hasta la sección de best sellers en la librería cristiana. No hay muchos cristianos clamando por la publicación de un estudio línea por línea de Deuteronomio, pero un libro acerca de cómo la Biblia habla de la imagen corporal o de algún otro tema popular desaparece de las estanterías.

Los estudios por temas, los grupos devocionales y las discusiones de libros son beneficiosos, pero no fundamentales. La iglesia sirve a sus miembros bien al ofrecer ambientes de aprendizaje dedicados a abrir la Biblia y explorarla un pasaje a la vez, un libro a la vez. Clases de este tipo desarrollan el conocimiento bíblico que los cristianos de hoy necesitan con desesperación, entregando el legado de habilidades para observar, interpretar y aplicar el texto.

La iglesia necesita anunciar la presencia y el propósito de estas clases con claridad.

Las iglesias tienen que distinguir de manera clara entre lo que es un estudio bíblico y lo que es otra cosa, porque es posible que el asistente promedio no pueda hacerlo solo. Los cristianos sinceros, porque saben que deben estudiar la Biblia, se apuntan para lo que llamamos un estudio bíblico, asumiendo que lo es.

Sin embargo, nuestras iglesias están permeadas de analfabetismo bíblico, con ayuda de la etiqueta que usamos sin intención. Muy a menudo, me dicen al final de un estudio básico, línea por línea: «He tomado estudios bíblicos por años y nunca había estudiado la Biblia así».

El difunto Howard Hendricks retó a aquellos que aspiraban a ser profesores de Biblia con este principio: Nunca hagas por tus estudiantes lo que ellos pueden hacer por sí mismos. Si se llama «estudio bíblico», debe ser un lugar donde el discípulo está aprendiendo a trabajar, donde aprende cómo ser «un obrero que no se avergüenza, que maneja con precisión la palabra de verdad».

Entonces, ¿cuál es la solución? En mi iglesia, hemos tenido cuidado de ser precisos con nuestra terminología. Aun ofrecemos clases de temas y libros, pero estas reuniones no se llaman estudios bíblicos ni dominan lo que ofrecemos. Destinamos un presupuesto y espacio en el calendario significativos para proveer ambientes de estudios bíblicos básicos y edificantes. Hablamos de manera precisa y sin reservas acerca de su propósito y valor, y creamos expectativas claras de lo que conllevan.

Nombrar las clases con nombres acertados ayuda a que los estudiantes den seguimiento a cómo distribuyen sus selecciones. Les ayuda a ver las clases que no son estudios bíblicos como un suplemento, no como sustitutos de estudios bíblicos básicos.

De manera clara y simple, si usted se apunta para un estudio bíblico, debería estudiar la Biblia. Al adoptar una definición más clara de «estudio bíblico» y ofrecer clases que cumplan con ella, las iglesias le ayudan a su gente a hacer justamente eso, estudiar la Biblia. Le ofrecen un gran trago de agua a aquellos sedientos por la Escritura; no se permite una confusión de bebidas.


Este artículo ha sido adaptado del original publicado en la revista Christianity Today. Publicado con permiso.

Jen Wilkin es esposa y madre de cuatro hijos maravillosos, y una promotora de que las mujeres amen a Dios con su mente a través del estudio fiel de su Palabra.Ella escribe, habla y enseña a las mujeres acerca de la Biblia.Vive en Flower Mound, Texas, y su familia llama casa a The Village Church.Puedes encontrarla enjenwilkin.blogspot.com.

Fuente: TG’C

 

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