¿Tiene la Biblia acceso a tí? Por Tony Segar


“La Biblia no es para la gente”. Suena como una barbaridad, pero era la postura de la iglesia Católica durante la Edad media. La Biblia, era propiedad del clero. No, mejor dicho, ¡de Roma!. No circulaba entre la gente, ‘la Vulgata -versión de entonces- estaba en Latín, inaccesible para el hombre común.

El clero mismo se veía restringido. En la misma medida que se acercaba a sus páginas estaba alejado de su significado. EL estudio y la interpretación personal era un ejercicio permitido pero inválido, sólo lo que concordaba con la interpretación oficial de Roma era autorizado.

Y para complicar las cosas, la hermenéutica medieval era ambigua. Habían cuatro lentes para enfocar-o desenfocar- la Escritura: la interpretación analítica, tropólogica, alegórica y literal. De estas, la literal era la menos utilizada. Lutero mismo, al comienzo, consideraba la interpretación alegórica superior a la literal.

La Reforma, reformó esto. Abría acceso mediante nuevas traducciones, la interpretación de sentido literal fue redescubierta, la Biblia recobró primacía y despojó a la tradición: Las Escrituras salieron de la biblioteca sagrada a los púlpitos para que: “la palabra corrierá y fuera glorificada”. Al fin, la gente tuvo acceso a la Biblia y la Biblia a ellos.

Hoy dia, la Biblia brilla como el sol, pero no sin sus eclipses, pues sería ingenuo pensar que toda clase de predicación es sol despejado. Pudiéramos clasificar la clase de predicación de hoy día en tres categorías. La primera de:

 

Predicadores que se predican asimismo con la Biblia

En los púlpitos de hoy hay proclamadores, pero ventrílocuos también. Líderes con su propia onda religiosa que no tienen otro interés más promover su rollo usando la Biblia como sus cuerdas vocales. La Biblia es su voz, pero la doctrina es propia.

Satanás es el modelo de esto. Cuando visitó a Jesús en el desierto, se le ocurrió darle una prédica: ¡increíble pero cierto!, Satanás le predicó a Jesús de la Biblia. Envolvió sus sugerencias diabólicas en papel de la Biblia. Claro, utilizando versículos desorbitados de contexto.

Los falsos profetas así también lo practicaron, comenzaban su proclamación diciendo: “Así dice el Señor”, pero al final profetizaban lo que al rey se le antojaba, y les librara el pellejo.

El apóstol Pablo se sabía ajeno a esa clase de ministerio: “Porque no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Jesucristo como Señor, y a nosotros como vuestros siervos por amor de Jesús.”  2Cor. 4:5.

La segunda esta formada de:

Predicadores que predican de la Biblia

A diferencia de los primeros, estos, no se predican a sí mismos, predican el sistema de verdad en el que fueron inculcados. Algunos sistemas cuadran con la Biblia pero su verdad abarca sólo una porción del vasto terreno de la verdad. Si la Biblia incluyera sólo las porciones de un sistema de verdad, sería muy esbelta.

Las congregaciones alimentadas por esta clase de predicación se llevan a casa Biblia, pero en pedazos. Nunca son zambullidos de lleno en la Biblia.

Las ovejas de estos ministerios tienden a desarrollar una sobredependencia en su pastor -quien controla y es el experto en el sistema. Y lo pastores bajo este sistema no se atreven explorar la Biblia sin los anteojos del sistema puestos. Todo lo que cae fuera, puede desquiciar su equilibrio espiritual.

Por último, la tercera se forma de:

 

Predicadores que predican la Biblia

Estos predicadores entienden que la Biblia viene antes que todo sistema de verdad sin importar cuan bíblico suene. Por ende, su pasión es enseñarla en su contexto original. Exponen libro tras libro de las Escrituras sin temor a que tal exposición mine sus doctrinas y con la meta de que las ovejas aprendan a estudiar la Biblia por sí solos. Su meta es que con el tiempo la Biblia crezca y el maestro mengüe.

Tanto el Apóstol Pablo como Pedro enseñaban así. En su última epístola, ambos anuncian su próxima partida con el Señor y antes de encomendar a sus lectores a sus epístolas personales los encomiendan a las Escrituras establecidas por siglos del Antiguo testamento. Las exaltan consciente de que estas son, como Pablo literalmente lo describe con la palabra θεόπνευστος, el aliento entintado de Dios.

Por otro lado, no hay nada de malo y mucho de bueno predicar un sistema de verdad, una confesión de fe, un teologia sistemática. Pero nunca debe ser superior al estudio directo inductivo de las Escrituras sin impedimento.

Los Bereanos en el libro de Hechos 17:11, modelaron el perfecto equilibro. Cuando Pablo llegó a predicarles un nuevo sistema (Pablo sistematizó muchos versículos del AT que anticiparon al Salvador y la salvación) no se rehusaron a escucharlo, pero no sin después verificar que estas verdades concordasen con las Escrituras.

Alguna vez te has preguntado ¿Qué clase de predicador es tu pastor? ¿Cómo lo clasificarías? Como uno que se predica asimismo con la Biblia, o que predica de la Biblia, o aquel que en realidad predica la Biblia. Alguien sabiamente dijo: somos lo que comimos hace 5 años. Pasa igual con el alma, somos espiritualmente lo que  consumimos en la predicación. Entre más Biblia contenga la dieta del púlpito, de mayor saludo gozará tu alma.

Fuente: Pensar Bíblico

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