Lo que NO te contaron sobre los Pentecostales – Capítulo II por Gabriel Edgardo LLugdar


Una de las acusaciones más comunes contra el Movimiento Pentecostal es que “no tiene raíces históricas”. En su panfleto titulado: Las raíces corruptas – la historia del movimiento pentecostal Gregory Alan Kedrovsky  asegura que:

El movimiento pentecostal no tiene raíces históricasEl movimiento pentecostal no existía antes de 1901 d.C.”

Bien, no creo que él haya descubierto la pólvora, pero en eso estamos de acuerdo, tan de acuerdo como que ni el Agustinianismo existía antes de Agustín, ni el Luteranismo existía antes de Lutero, ni el Calvinismo antes de Calvino, ni el Metodismo antes de Wesley… y podríamos continuar así con cada una de las denominaciones o escuelas teológicas de la cristiandad. Aparte de que basar el origen de una denominación o movimiento en la Reforma Protestante del S. XVI no es ningún mérito; recordemos que ese es un argumento que el Catolicismo Romano usó contra las enseñanzas de Lutero: “no tienen peso histórico”. Y si cualquiera de ustedes debate con un católico lo primero que oirán es que “el Protestantismo tiene sus raíces en el S. XVI, pero el Catolicismo tiene sus raíces en el S. I ” Por lo tanto, la antigüedad de un movimiento no garantiza su superioridad, exclusividad, o veracidad.

Un error que está siendo común hoy día, entre las filas evangélicas, es el énfasis por volver a la Reforma Protestante del S. XVI. Pero si el mayor énfasis de la Reforma fue volver a las Escrituras ¿Por qué no volvemos a ellas directamente, y de allí vamos subiendo progresivamente? ¿Por qué pretendemos pasar todo por el filtro de una Reforma que ya está desfasada en el tiempo? Y es en ese filtro donde muchos se quedan estancados, pues para llegar a las Escrituras primero tienen que pasar por Lutero, por Calvino, por Arminio o por el reformador o teólogo de su gusto en un proceso descendente. ¿El resultado? Que al pasar por tantas lentes la interpretación queda desfigurada. ¡Igual que los católicos! Ellos parten desde el Magisterio vivo de la Iglesia, pasando por Papas, Obispos, Concilios, Encíclicas, Doctores de la Iglesia… y cuando llegan a la Escritura la visión es deformada. Observen lo que enseña Roma:

La interpretación auténtica del depósito de la fe corresponde sólo al Magisterio vivo de la Iglesia, es decir, al Sucesor de Pedro, el Obispo de Roma, y a los obispos en comunión con él.” (Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica)

Algunos protestantes se jactan diciendo: “¡nosotros somos Sola Scriptura!… nosotros tenemos la interpretación auténtica.” Pero una vez que comienzas a hablar con ellos te salen con “Cánones“, “Instituciones“, “Confesiones de Fe“, “Salterios“… No, no, no… ¡tú lo que eres es un Museo de la Reforma!, nada más. Como dijo alguien por ahí“Unos veneran a un Papa vivo, y otros veneran a un Papa muerto”. 

Que una Denominación Evangélica tenga sus raíces en la Reforma Protestante no garantiza absolutamente nada. ¿Había alguien más orgulloso de su linaje que los judíos? Le respondieron (a Jesús): Linaje de Abraham somos. [Juan 8:33] Sin embargo un poco más adelante el Señor les responde “Vosotros sois de vuestro padre el diablo” [Juan 8:44]. ¿Y qué exhortación les hizo el Señor a esos mismos judíos?Ustedes estudian con diligencia las Escrituras porque piensan que en ellas hallan la vida eterna. ¡Y son ellas las que dan testimonio en mi favor! [Juan 5:39 NVI]

En La Reforma Protestante no se halla la vida eterna, ella nos dio testimonio diciéndonos ¡Volved a las Escrituras! El solo hecho de estudiar y conocer las Escrituras tampoco nos garantizan la Vida, ellas dan testimonio de Cristo diciéndonos ¡Volved a Cristo! Porque él es la Verdad, el Camino y la Vida. Todas las demás cosas son señales que nos indican hacia donde debemos ir, pero quedarnos abrazados a una señal, besándola y venerándola no significa nada más que estancarnos en nuestro caminar celestial.

Desearía que nadie me malinterprete en esto que acabo de decir, damos gracias a Dios por la Reforma Protestante, por los Reformadores y escuelas teológicas posteriores, pero la cosmovisión no se limita a ese período exclusivamente, debemos abarcar toda la Historia de la Iglesia, y esto incluye Padres apostólicos, de la Iglesia posterior, apologistas, etc, sin estancarnos perpetuamente en un solo periodo. Y haciendo todo esto en un sentido ascendente: debemos mirar a la Reforma con los ojos de la Escritura, y no a la Escritura con los ojos de la Reforma.

Bueno, pero vayamos al grano, una cosa que debemos tener en cuenta en relación a lo que sucedió en la calle Azusa es que los pioneros del avivamiento pentecostal no salieron de un huevo kinder, eran hermanos y líderes de iglesias metodistas, bautistas, del movimiento de la Santidad (que en aquel entonces era muy numeroso),  independientes, y de todas las denominaciones históricas que anhelaban un despertar espiritual para la nación; motivados intensamente por el Gran Avivamiento de Gales que en ese mismo entonces estaba sacudiendo Europa. El pentecostalismo no nació como una denominación sino como un movimiento de avivamiento dentro de las denominaciones históricas:

“Siguiendo la tradición de la mayoría de los movimientos de renovación o avivamiento, los primeros pentecostales no se consideraban una entidad separada. Se consideraban un movimiento “dentro” de la iglesia cristiana, que Dios había creado para dar vida nueva a un cuerpo demasiado estructurado y carente de espíritu. Los líderes nunca promovieron la formación de denominaciones pentecostales separadas. Se referían a sí mismos y a su movimiento como “no denominacionalistas”  (Vinson Synan – del libro El Siglo del Espíritu)

Si no se comienza por comprender esto llegamos a conclusiones equivocadas: el pentecostalismo no es, ni debería ser, una denominación sino un movimiento de avivamiento. Conozco metodistas-pentecostales, bautistas-pentecostales, reformados-pentecostales, etc. Entre los reformados pentecostales destaca la gran Alianza de Iglesias Cristianas Nueva Vida en Brasil, lideradas por un pastor lleno de sabiduría y piedad llamado Walter McAlister.

¿Qué es un Avivamiento? Dejemos que el gran Martyn Lloyd-Jones nos lo responda:

“Se reconoce generalmente que la mejor forma de definir un avivamiento es como una vuelta de la Iglesia al libro de Hechos, una especie de repetición de Pentecostés, el Espíritu derramándose nuevamente sobre la Iglesia. Esto, naturalmente, es una porción de doctrina imprescindible y esencial.” (Martyn Lloyd-Jones de su libro Gozo Inefable)

El Movimiento Pentecostal no debe preocuparse por tener o no raíces en la Reforma del S. XVI, porque no es allí donde debemos volver sino a la Iglesia del libro de los Hechos. La Iglesia no necesita una Reforma que la lleve 500 años hacia atrás, la Iglesia hoy necesita imperiosamente un Avivamiento que la lleve a experimentar nuevamente un Pentecostés, o solo seremos un Museo en vez de una Iglesia llena de vida.

Es evidente que los hermanos que escribieron estos panfletos anti-pentecostales se jactan de seguir uno de los baluartes de la Reforma Protestante: el de la Sola Scriptura. Sin embargo usan sin pudor este argumento:

“Hasta 1901 y Agnes Ozman no había nada en la historia de la Iglesia que se parecía al movimiento pentecostal actual. Más bien, el parecer tradicional hasta 1830 era lo que se llama “la teoría de cesación”. Según esta enseñanza las cinco señales de Apóstol que Cristo entregó a los 11 en Marcos 16.17-18 cesaron después de la época de los Apóstoles. O sea, empezando con la primera generación de creyentes después de los Apóstoles de Cristo (los 12 y Pablo), cesaron las señales de Apóstol y también la revelación directa (porque con los escritos de los Apóstoles, Dios cerró el canon de la Escritura; Apocalipsis 22.18-19).” (Las raíces corruptas – la historia del movimiento pentecostal, de Gregory Alan Kedrovsky)

La teoría que se conoce con el nombre de “cesacionismo” afirma que los dones y manifestaciones del Espíritu Santo ya no están vigentes u operativos en la Iglesia hoy.

Como se supone que uno está hablando con devotos de la Sola Scriptura, tiene que hacerles la consabida pregunta: ¿Y dónde afirma la Escritura que los dones cesaron?… Bien, si usted nunca fue al circo, esta es su oportunidad para ver a un hombre haciendo los malabarismos y acrobacias más estrambóticas que se pueda imaginar. ¿La razón? No existe ni un solo pasaje en las Escrituras que afirmen, y ni siquiera insinúen, que los dones y manifestaciones milagrosas del Espíritu Santo han cesado. ¡Ni uno solo! ¿Y no se supone que un Solo Scriptura debería poder afirmar algo solo con la Escritura? Pues como la Biblia no les respalda en su tesis cesacionista, se sacan de la manga estos argumentos:

“En los tiempos de la Reforma, la “teoría de cesación” seguía siendo la posición tradicional. Martín Lutero dijo: “Pablo testifica… 1 Corintios 14.22: ‘las lenguas son por señal, no a los creyentes, sino a los incrédulos’. Pero después, cuando la Iglesia ya se confirmó por estas señales, no fue necesario que esta manifestación visible del Espíritu Santo continuara.” (Las raíces corruptas – la historia del movimiento pentecostal, de Gregory Alan Kedrovsky)

¿Se dan cuenta del peligro de poner las raíces en la Reforma y no en la Escritura? El argumento cesacionista se basa no en lo que dice la Escritura sino en lo que dijo Lutero: “en la posición tradicional”. De un triple salto mortal pasan de la Sola Scriptura a la Sola Tradición, ¡como los católicos romanos! El mismo Martín Lutero está dando aquí su opinión y no una interpretación exegética de un versículo, es suficiente con mirar el versículo citado y la explicación dada por el Reformador para comprobar que una cosa no lleva a la conclusión de la otra. Si las lenguas son por señales a los incrédulos ¿por qué deberían de haber cesado?, ¿es que ya no hay más incrédulos en el mundo?, ¿son todos creyentes?.

En su obsesión por demostrar algo que no solo no tiene fundamento bíblico, sino que es anti-bíblico, los cesacionistas manipulan la Historia de la Iglesia como un último recurso desesperado. Observen este ejemplo:

“Aun el famoso Agustín dijo: “¿Por qué, se pregunta, no se manifiestan milagros hoy en día como sucedía en otros tiempos? Yo podría responder que eran necesarios entonces, antes de que el mundo llegara a creer, para poder ganar la creencia del mundo” (Las raíces corruptas – la historia del movimiento pentecostal, de Gregory Alan Kedrovsky)

Bien,  aquí podríamos usar el mismo argumento que en el párrafo anterior: ¿acaso todo el mundo ha llegado a escuchar el evangelio y a creer? Y si no es así, entonces ¿por qué deberían cesar los dones? Y por cierto, Agustín no da una respuesta con la Escritura, noten bien que está dando su opinión personal.  Hasta aquí todo bien si solo se trata de opiniones de hombres, pero entonces ¿en qué consiste la manipulación de la Historia por parte de los cesacionistas?

Agustín de Hipona, o San Agustín como se le conoce generalmente, vivió del 354 al 430. Pero antes que él existieron otros Padres de la Iglesia o Apologistas de gran autoridad. Tomemos el caso del obispo Ireneo.

Ireneo de Lyon: No se sabe a ciencia cierta la fecha de su nacimiento, posiblemente estaría entre los años 125 al 140 (murió en el 202 d.C.) . Sí se sabe que se convirtió al cristianismo en edad muy joven, y que vio y escuchó en primera persona al gran Policarpo, obispo de Esmirna y discípulo directo del Apóstol Juan. Es en los escritos de Ireneo, Padre de la Iglesia y precursor de la teología, donde encontramos datos de la operatividad o continuismo de los dones sobrenaturales del Espíritu durante el siglo II. Estos son los que he encontrado leyendo su magnífico tratado Contra los Herejes (Adversas Haereses)

“También nosotros hemos oído a muchos hermanos en la Iglesia, que tienen el don de la profecía, y que hablan en todas las lenguas por el Espíritu, haciendo público lo que está escondido en los hombres y manifestando los misterios de Dios, a quienes el Apóstol llama espirituales, éstos son espirituales, porque participan del Espíritu”(Ireneo de Lyon de su Tratado: Adversas Haereses – Libro V 6.1)

Comparando a los falsos milagros de los verdaderos que se seguían produciendo entre ellos, dice:

“No son capaces de dar la vista a los ciegos, ni el oído a los sordos, ni expulsar a todos los demonios -sino sólo a aquellos que ellos mismos les meten, si es verdad lo que dicen-, ni curar a los enfermos, cojos y paralíticos o dañados en cualquier otro miembro del cuerpo como efecto de alguna enfermedad, ni dar de nuevo la salud a todos aquellos que enferman por accidente. Muy lejos están de resucitar a los muertos -como lo han hecho el Señor y los Apóstoles por medio de la oración y como en algunos casos ha sucedido en la comunidad cuando ha sido necesario, cuando toda la Iglesia lo ha suplicado con ayunos y plegarias, de modo que «ha regresado al muerto el espíritu» como respuesta a las oraciones de los santos-. Ni siquiera creen que esto sea posible; porque, según ellos, incluso la resurrección de los muertos no es sino el conocimiento de lo que ellos llaman la verdad.” (Ireneo de Lyon – de su Tratado Adversas Haereses – Libro II 31.2)

“Por eso sus discípulos verdaderos en su nombre hacen tantas obras en favor de los seres humanos, según la gracia que de Él han recibido. Unos real y verdaderamente expulsan a los demonios, de modo que los mismos librados de los malos espíritus aceptan la fe y entran en la Iglesia; otros conocen lo que ha de pasar, y reciben visiones y palabras proféticas; otros curan las enfermedades por la imposición de las manos y devuelven la salud; y, como arriba hemos dicho, algunos muertos han resucitado y vivido entre nosotros por varios años.
¿Qué más podemos decir? Son incontables las gracias que la Iglesia extendida por todo el mundo recibe de Dios, para ir día tras día a los gentiles y servirlos en nombre de Jesucristo crucificado bajo Poncio Pilato. Y no lo hacen para seducir a nadie ni para ganar dinero, pues, así como ella lo ha recibido gratis de Dios, así también gratis lo distribuye.
Y no lo hace por invocación de los ángeles, ni por medio de encantamientos, ni por otros poderes malvados u otro tipo de acciones mágicas; sino que de modo limpio, puro y abierto, elevando su oración al Dios que creó todas las cosas e invocando el nombre de nuestro Señor Jesucristo, hace todas estas obras maravillosas no para seducir a nadie sino para el bien de los seres humanos. Pues si hasta hoy el nombre de nuestro Señor Jesucristo hace tantos beneficios y cura de modo seguro y verdadero a todos los que creen en él, y no pueden hacer lo mismo los seguidores de Simón, Menandro, Carpócrates o de cualquier otro, entonces es evidente que Él se hizo hombre, convivió con la obra que él mismo había plasmado, realmente todo lo llevó a cabo por el poder de Dios según la voluntad del Padre de todas las cosas, tal como los profetas habían anunciado.” (Ireneo de Lyon en su tratado Adversas Haereses – Libro II 32.3,4,5)

“… porque saben que los seres humanos no reciben de Marco (maestro gnóstico) el don de la profecía, sino que Dios concede esta gracia desde lo alto a quienes él quiere; y quienes reciben de Dios este don, hablan donde y cuando Dios quiere, no cuando Marcos ordena. Aquel que manda es más grande y soberano que quien le está subordinado; pues lo primero es propio de quien tiene el gobierno, y lo segundo del que le está sujeto.” (Ireneo de Lyon – Contra los Herejes – Libro I. 13,3 – 13,4)

La diferencia entre Agustín (S. IV-V) e Ireneo de Lyon (S.II) es que el primero da una opinión personal de por qué no están sucediendo entre ellos esos milagros; mientras que el segundo es testigo directo y autoritativo de operaciones de los dones como: milagros, sanidades, hablar en lenguas, profecías, etc., y su vigencia aún después de la muerte de los apóstoles.

También tenemos a Tertuliano quien vivió entre el 160-220. Gran apologista de la fe cristiana, él creía plenamente en la vigencia del don de profecía y fue testigo directo de su manifestación. Bien, alguno podría objetar que luego Tertuliano se radicalizó, y el abuso de las profecías lo llevaron a extremismos. Pero les recuerdo que Tertuliano escribió en su etapa más ortodoxa el magnífico tratado El Apologético, en este tratado dirigido a los magistrados que condenaban a los mártires he encontrado por lo menos cuatro importantes citas, donde afirma que los cristianos echaban fuera demonios, como parte normal de la vida cristiana y que con la expulsión de demonios había sanidad. Por cuestiones de espacio creo que con tres citas serán suficientes:

“Pues, ¿qué cabe objetar a lo que con tan desnuda sinceridad se muestra? Si por una parte son verdaderos dioses, ¿por qué mienten diciendo ser demonios? ¿Sería por obedecernos? Ved cómo está sometida a los cristianos vuestra divinidad, la que ciertamente no ha de tomarse por divinidad cuando se ve al hombre sometida y aun a sus enemigos si hacen algo en su deshonra… Pero todo el imperio y el poder que sobre ellos tenemos radican en que pronunciamos el nombre de Cristo y enumeramos todos los castigos que les amenazan y que de Dios esperan por Cristo, su Juez. Como temen a Cristo en Dios y a Dios en Cristo, se someten a los servidores de Dios y de Cristo. Por lo cual, al mero contacto de nuestras manos, al menor soplo de nuestra boca, aterrados por la imagen y el pensamiento del fuego que les aguarda, salen aun de los cuerpos de los hombres obedeciendo a nuestro mandato, bien que con desgana y dolor, avergonzados ante vuestra presencia. Creedles cuando dicen verdad de sí mismos, así como los creéis cuando mienten.” (Tertuliano – El Apologético – XXIII)

“Mas, ¿quién os arrebataría a esos enemigos ocultos que por doquier y siempre devastan vuestros espíritus y vuestra salud, o sea, esos demonios que nosotros arrojamos de vuestros cuerpos sin pedir recompensa ni salario? Nos hubiera bastado, en venganza, abandonaros a esos espíritus inmundos como a bien sin dueño.”(Tertuliano – El Apologético – XXXVII)

“Y sin embargo, cualquiera que fuere el perjuicio que nuestra “secta” pueda inferir a vuestros negocios, cabe ser compensado también con alguna ventaja. ¿Qué caso hacéis, no digo ya de los que arrojan los demonios de vuestros cuerpos, ni de los que por vosotros, como por sí mismos, ofrecen sus plegarias al verdadero Dios, pero de los que vosotros no podéis temer nada?” (Tertuliano – El Apologético – XLIII)

Lo mismo podríamos decir de Justino, del S. II, cuando en su Diálogo con el judío Trifón afirma:

“Entre nosotros, aun hasta el presente, se dan los carismas proféticos. Por donde hasta vosotros tenéis que daros cuenta de que los que en otros tiempos se daban en vuestro pueblo han pasado a nosotros”     (Dial., 82).

Tenemos entonces que la falacia que se esgrime contra el Movimiento Pentecostal es que “Si los dones cesaron con los apóstoles, entonces todo lo que hoy se pretenda presentar como un don del Espíritu no es otra cosa que obra del diablo

Hemos demostrado que los dones siempre han estado vigentes en la Iglesia, aunque no siempre en todos lados a la vez y en la misma proporción. Para terminar este capítulo permítanme dejarles las palabras de este gran maestro, al que nadie podría acusar de fanático, el Dr. Martyn Lloyd-Jones:

“Hemos visto anteriormente que ciertas personas creen que los dones se retiraron al completarse el canon del Nuevo Testamento. Algunas de ellas llegan a decir que la historia de la Iglesia demuestra claramente que tales dones fueron suprimidos, y otras afirman de un modo bastante dogmático que no han vuelto a darse desde entonces: que no ha habido milagros, literalmente, desde los días del Nuevo Testamento. Y están también aquellos que van más lejos aún -he leído recientemente algunos de sus folletos- y dicen que, incuestionablemente, lo que se reivindica como dones del Espíritu no son otra cosa que manifestaciones del “poder diabólico”. ¡Y lo escriben con letras de molde! Hay cristianos que realmente escriben y publican tales cosas…
Pero ellos basan su opinión en este argumento y parecen bastante lógicos. Dicen que todo esto fue solo para el tiempo de la Iglesia neo-testamentaria y que acabó con ella; por tanto, cualquier cosa que pueda parecer un don espiritual a partir de entonces tiene que ser necesariamente “diabólico”: una falsificación, algo que debemos evitar corno la peste misma y, ciertamente, algo extremadamente peligroso… Hemos de cuidarnos, por tanto, de una enseñanza que juzga las Escrituras y dice: “Esto tiene que ver con nosotros y esto no”… permítanme apelar a la Historia. Considera esta idea de que todas las manifestaciones y los dones milagrosos acabaron con la era apostólica. Ciertamente, esto es algo sobre lo que no tenemos derecho a dogmatizar, ya que contamos con pruebas históricas claras de que muchos de esos dones perduraron por varios siglos. Existen testimonios fidedignos de ello en las biografías y los escritos de los grandes Padres de la Iglesia -Tertuliano y otros—que no dejan lugar a dudas en cuanto a que esas cosas seguían sucediendo. Pero, sobre todo -y esto, para mí, es muy importante-, hay muchas pruebas de que estas cosas ocurrían aun en los tiempos de la Reforma protestante. ¿Has leído alguna vez la biografía de ese gran hombre y erudito llamado John Welsh, yerno de John Knox? Se cuentan cosas asombrosas, al parecer bien comprobadas, acerca de él. Existe la tradición -repetida por los historiadores más moderados- de que en cierta ocasión, cuando se hallaba exiliado en el sur de Francia, John Welsh realmente resucitó a alguien. Yo no lo sé, simplemente te presento la evidencia.
Lo único que estoy tratando de decir es que no me atrevería a asegurar que estas cosas acabaron con la era apostólica y que no ha habido ningún milagro desde entonces. ¡En realidad no lo creo! Hay evidencia procedente de muchos de esos reformadores y padres protestantes de que algunos de ellos tenían un verdadero don de profecía: me refiero a predecir acontecimientos futuros. Y encontramos, por ejemplo, entre los confederados escoceses personas, como Alexander Peden y otros, que dieron profecías precisas y literales de cosas que sucedieron a continuación.
Permíteme que te lo exprese de la manera más sencilla: creo que lo que esta generación necesita que se le diga es que “hay más cosas en el Cielo y en la Tierra, Horacio, de las que puede soñar tu filosofía”. Nuestro peligro es el de apagar al Espíritu y poner límites al poder de Dios, al Espíritu Santo.” (Martyn Lloyd-Jones de su libro Gozo Inefable)

Y termina con esta advertencia:

“Cualquiera que esté dispuesto a decir que todo esto terminó con la era apostólica, y que no ha vuelto a haber ningún milagro desde entonces, hace una afirmación de lo más atrevida. No solo no hay nada en la Escritura que diga que todos esos dones milagrosos tenían que cesar con los Apóstoles, sino que la historia subsiguiente de la Iglesia, creo yo, desmiente absolutamente semejante pretensión.” (Martyn Lloyd-Jones de su libro Gozo Inefable)

En los siguientes capítulos estaremos analizando las luces y sombras del Movimiento Pentecostal, aciertos y errores de los cuales ninguna denominación o movimiento ha estado exento, y menos en épocas de avivamientos.

 ¿No volverás a darnos vida para que tu pueblo se regocije en ti?

Salmos 85:6

Artículo de Gabriel Edgardo LLugdar para Diarios de Avivamientos

Fuente: diarios diarios avivamientos

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