Un llamado al discernimiento por Robert M. Bowman, Jr.


La Biblia frecuentemente hace referencia a falsas ense√Īanzas, en un contexto contrarrestador de herej√≠as.

El Antiguo Testamento contiene advertencias solemnes contra cualquiera que profetiza o proclama ense√Īanzas en el nombre de cualquier dios que no sea el SE√ĎOR, Jehov√° (Dt. 13:1-5;18:20-22). Este es el contexto actual en el cual las ense√Īanzas del Antiguo Testamento, sobre herej√≠as, est√°n encuadradas.

En el Nuevo Testamento encontramos advertencias sobre falsos profetas (Mt. 24:11,24; 2 P. 2:1) ‚ÄĒ esto es, aquellos que hacen predic‚Äďciones en el nombre de Dios y cuyos anuncios resultan ser falsos (cf. Dt. 18:22). Tambi√©n existe un aviso sobre los falsos ap√≥stoles (2 Co. 11:13). Vemos tambi√©n advertencias sobre aquellos que proclaman ser el Cristo o que Cristo ha venido o que el d√≠a del Se√Īor ya ha llegado, o que la resurrecci√≥n ya ha ocurrido ‚ÄĒ cuando en realidad todos estos eventos ser√°n tan obvios y notables que nadie los podr√° pasar por alto (Mt. 24:5, 23-27; 2 Ts. 2:1-2; 2 Ti. 2:16-18).

Existe tambi√©n en la Biblia un aviso contra aquellos que predican a otro Jes√ļs y otro evangelio o quienes promueven otro esp√≠ritu y no el Esp√≠ritu de Dios (1 Co. 15:3-5; 2 Co. 11:4; G√°. 1:6-9). La ense√Īanza de que la circuncisi√≥n y el guardar la ley son necesarias para la salvaci√≥n es condenada (G√°. 5:2-4; Fil. 3:2). Por otro lado, la doctrina de que la libertad en Cristo nos da una excusa para el libertinaje tambi√©n es condenada (Judas 4).

El rechazo de la venida de Jesucristo en la carne es considerada como proveniente del esp√≠ritu del antricristo (1 Jn. 4:1-6). Hay prevenciones sobre gente que causa disensiones al ense√Īar doctrina opuesta a lo que los cristianos ya sabemos que es verdad (Ro. 16:17; Tit. 3:10-11). Somos adem√°s advertidos sobre los que dicen amar a Dios pero no aman al pueblo de Dios (1 Jn. 4:20; 5:1) y quienes deliberadamente se separan de la iglesia por causa de doctrina pervertida (1 Jn. 2:19). Finalmente tenemos las advertencias contra el agregar o quitar palabras de la Escritura prof√©tica (Ap. 22:18-19) y el tergiversar las Escrituras (2 P. 3:16).

Habiendo observado estas advertencias de la Escritura podemos clasificar las herejías en seis categorías mayores:

1) Herej√≠as sobre revelaci√≥n ‚ÄĒ doctrinas que distorsionan, niegan o agregan a la Escritura en una forma que llevan a las personas a la destrucci√≥n; incluye falsos reclamos sobre autoridad apost√≥lica o prof√©tica.

2) Herej√≠as acerca de Dios ‚ÄĒ ense√Īanzas que promueven falsos dioses o distorsiones id√≥latras del verdadero Dios.
3) Herej√≠as acerca de Cristo ‚ÄĒ rechazo de su absoluto Se√Īor√≠o, su genuina humanidad y divinidad y su verdadera identidad.
4) Herej√≠as sobre la salvaci√≥n ‚ÄĒ ense√Īar legalismo, m√©ritos para ganarse la gracia y libertinaje; negar la verdad de la muerte y resurrecci√≥n de Cristo y asuntos similares.
5) Herej√≠as acerca de la iglesia ‚ÄĒ intentos deliberados de alejar a la gente del compa√Īerismo con cristianos verdaderos; rechazo radical de la iglesia.
6) Herej√≠as sobre el futuro ‚ÄĒ falsas predicciones supuestamente basadas en autoridad divina; reclamos que el retorno de Cristo ya ha ocurrido y cosas por el estilo.
N√≥tese que errores en una de estas seis categor√≠as tienden a introducir errores en las otras cinco. Tomemos por ejemplo, la perspectiva hereje en muchos grupos de que la iglesia apostat√≥ en los primeros siglos y por lo tanto debe ser ‚Äúrestaurada‚ÄĚ en los √ļltimos d√≠as. La doctrina implica (1) que la Escritura no es una revelaci√≥n suficiente sino que necesita la ense√Īanza suple‚Äďmentaria o ‚Äúexplicatoria‚ÄĚ de alg√ļn maestro o publicaci√≥n con autoridad. Esto casi siempre sirve como base para rechazar el concepto que ten√≠a la Iglesia primitiva sobre (2) Dios y (3) Cristo. Adem√°s, como la Reforma es considerada insuficiente y no constituye la tan necesitada restauraci√≥n (4), la doctrina de la salvaci√≥n por gracia por medio de la fe es tambi√©n rechazada. La doctrina de la restauraci√≥n toma entonces predominancia sobre la apreciaci√≥n del grupo sobre el futuro (6), el cual requiere que se entienda la mayor√≠a de las profec√≠as b√≠blicas sobre el futuro como que se cumplen en su propio grupo.
Por lo ya visto, encontramos que un error en cualquier √°rea de doctrina puede afectar todas las otras √°reas. Por lo tanto, no obs‚Äďtante, las herej√≠as tienden a caer directamente dentro de una o m√°s de las seis categor√≠as mayores ya citadas; las herej√≠as pueden en verdad ocurrir en cualquier tema doctrinal. Por ejemplo, si alguien ense√Īa que los √°ngeles deben ser adorados, ense√Īa una perspectiva her√©tica (Col. 2:18) aunque est√© ense√Īando el tema de los √°ngeles. Esto es porque la adoraci√≥n de cualquier criatura definitivamente resta credibilidad a cualquier confesi√≥n que dice que Dios es el √ļnico Dios.
Tampoco debe pensarse que el Nuevo Testamento nos da un cat√°logo completo de todas las posibles herej√≠as. En nuestros d√≠as hay literalmente miles de distorsiones sutiles de la teolog√≠a cristiana que merecen la etiqueta de herej√≠as y pueden ser identificadas como tales sin necesidad de que la Biblia las haya anticipado e identificado como herej√≠as. La Biblia nos ense√Īa lo que es absolutamente esencial, pronuncia principios de lo que es b√°sico para la fe cristiana sana y lo que no es esencial. Nos da una amplia variedad de ejemplos de herej√≠as, y espera que nosotros ejercitemos discernimiento al evaluar ense√Īanzas nuevas y contro‚Äď versiales cuando ellas surgen.
Aun más allá, debemos reconocer que a medida que la iglesia progresa a través de la historia y profundiza su entendimiento de la Escritura, las herejías en general se hacen más sutiles, más disimuladas, más fácilmente confundidas con la verdad del cristianismo auténtico.
Por ejemplo, herejes modernos que rechazan el Antiguo Testamento son raramente tan francos como el hereje del siglo segundo, Marci√≥n, quien simplemente negaba que el Antiguo Testa¬≠mento fuera Escritura en ning√ļn sentido (tambi√©n descart√≥ buena parte del Nuevo Testamento).
En vez de esto, ellos adoptan un m√©todo de interpretaci√≥n que, aunque for‚Äďmalmente admiten que la Biblia es la Palabra de Dios, en efecto hace que el Antiguo Testamento sea invalidado para el cristiano, lo que es contrario a la clara ense√Īanza del Nuevo Testamento (Ro. 15:4; 2 Ti. 3:16).
En breve, herej√≠a es cualquier doctrina que la Biblia expl√≠‚Äďcitamente cataloga de destructiva por su error condenatorio o cualquier doctrina que la Biblia indica que no debe ser tolerada en la iglesia o cualquier doctrina que aun sin ser mencionada por la Biblia, contradice enteramente aquellas verdades que la Biblia declara ser esenciales para la fe cristiana.
Perspectivas aberrantes pueden ser tambi√©n clasificadas de acuerdo a las seis categor√≠as previamente citadas. En cada caso, la doctrina aberrante transige seriamente las ense√Īanzas esenciales de la Biblia en una o m√°s de esas seis √°reas, sin negarlas radicalmente. Por ejemplo, la pr√°ctica de especular con la fecha precisa de la venida de Cristo puede a menudo ser una aberraci√≥n muy cerca de ser herej√≠a. La pr√°ctica es por cierto antib√≠blica, y en el contexto del sistema her√©tico doctrinal, tal estable‚Äďcimiento de fechas puede en s√≠ mismo ser considerado como her√©tico. En algunos casos, ciertos maestros han argumentado m√°s modestamente diciendo que Cristo podr√≠a retornar en cierta fecha, admitiendo que habr√≠a una posibilidad de error, y urgiendo a la gente a intensificar la obediencia a la Palabra de Dios. Si bien esta clase de ense√Īanza debe ser considerada un tanto aberrante, ya que viola las advertencias b√≠blicas contra el hacer predicciones de este tipo, no es en s√≠ misma una ense√Īanza her√©tica.
Los Nueve Enemigos de la Verdad

1. Falso evangelio
2 Co. 11:4; G√°. 1:6-9

2. Falsas doctrinas

Ro. 16:17; 1 Ti. 1:3

3. Falsos milagros

Mt. 24:24; 2 Ts. 2:9

4. Falsos dioses

Dt. 13:2; 2 Ts. 2:4

5. Falsos cristos

Mt. 24:24; 2 Co. 11:4

6. Falsos espíritus

2 Co. 11:4; 1 Jn. 4:1-2

7. Falsos profetas

Mt. 24:24; 2 P. 2:1

8. Falsos apóstoles

2 Co. 11:13; Ap. 2:2

9. Falsos maestros

1 Ti. 1:7; 2 P. 2:1

Este artículo fue originalmente publicado en el libro Orthodoxy & Heresy (Baker Book House), y traducido con permiso del autor.

Fuente: Centro de Investigaciones Religiosas
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