LA REFORMA INDISPENSABLE : LA CRISIS ESPIRITUAL : EL PAPADO


Dr. César Vidal

Las vísperas de la Reforma no sólo transcurrieron sobre un deterioro considerable de las estructuras eclesiales sino sobre un panorama de profunda crisis espiritual que ha sido negada una y otra vez por autores católicos de manera totalmente infructuosa ya que aparece, de manera insistente e innegable, en las fuentes históricas.
No se trataba s√≥lo de que la iglesia cat√≥lica hubiera pasado por episodios de terrible desuni√≥n como el papado de Avi√Ī√≥n o el Gran cisma de Occidente. La tremenda crisis institucional del papado constitu√≠a un s√≠ntoma innegable de una no menos profunda crisis espiritual. A decir verdad, la necesidad de Reforma era palpable hac√≠a al menos trescientos a√Īos como hab√≠a propuesto Inocencio III en el IV concilio de Letr√°n..

En primer lugar, se encontraba el cuestionamiento de un poder papal cuya imagen hab√≠a quedado muy erosionada como consecuencia del Cautiverio de Avi√Ī√≥n o del Gran Cisma de Occidente. Quiz√° esa imagen hubiera podido mejorar ‚Äď Mart√≠n V se esforz√≥, sin duda, por conseguirlo ‚Äď si los papas del Renacimiento se hubieran ocupado de ser pastores entregados al reba√Īo y se hubieran prodigado en los cuidados espirituales que necesitaba el pueblo de Dios. Desgraciadamente, √©sa constituy√≥, en realidad, una de las √©pocas m√°s negras del papado.

La potestas papal se dirigi√≥ de manera preeminente hacia las cuestiones temporales y, para remate, estuvo infectada por la corrupci√≥n y el nepotismo. Como ha reconocido apropiadamente el cat√≥lico Lortz, ‚Äúdesde Calixto III y, sobre todo, desde Sixto IV, los Papas son en gran medida representantes de su familia. El papado se ha convertido en una continuaci√≥n de las generaciones din√°sticas, el Patrimonium Petri es un Estado italiano; sus rentas son sacadas en gran parte de los asuntos generales de la Iglesia y entregadas a la familia o a los favoritos del portador de la tierra‚Ķ la Iglesia se ha metido en una amplia corriente de simon√≠a y, en relaci√≥n con la nueva cultura del Renacimiento, hab√≠a penetrado en ella un deseo de placer que tuvo como consecuencia las m√ļltiples faltas de espiritualidad y moralidad‚ÄĚ [1].

Por supuesto, no todo resultó negativo en los pontificados de los papas renacentistas. Sin duda, respaldaron la actividad de no pocos humanistas; se convirtieron en mecenas difícilmente superables; intentaron ocasionalmente aglutinar a los príncipes cristianos en la defensa de Occidente frente a las agresiones islámicas; aprovecharon las oportunidades de ampliar los territorios pontificios e incluso estuvieron a punto, como nunca antes, de someter bajo la sede romana a las iglesias de Oriente. Sin embargo, sus historias distaron mucho de resultar ejemplares.

Con la existencia simult√°nea de dos papas ‚Äď F√©lix V (5 de noviembre de 1439 ‚Äď 7 de abril de 1449) y Nicol√°s V (6 de marzo de 1447 ‚Äď 24 de marzo de 1455) ‚Äď se produjo un nuevo cisma que pudo ser conjurado gracias a que el primer pont√≠fice acept√≥ abandonar su trono a cambio de ser creado cardenal de Santa Sabina (un cargo notablemente lucrativo) y tambi√©n vicario y legado papal de Saboya y di√≥cesis adyacentes.

Nicol√°s V no actu√≥ corruptamente ‚Äď a decir verdad, quiz√° fue el √ļnico pont√≠fice del Renacimiento al que se puede eximir de esa acusaci√≥n ‚Äď pero ni logr√≥ convencer a los pr√≠ncipes occidentales de la necesidad de apoyar a Bizancio contra la amenaza turca ni pudo evitar sufrir durante a√Īos sus √ļltimos tiempo el temor de ser asesinado en cualquier momento.

Calixto III (8 de abril de 1455-6 de agosto de 1458), un valenciano de la familia Borja, fue acusado repetidamente de comportamiento nepotista y corrupto ya que nombr√≥ para el cardenalato y otros cargos importantes a diversos familiares. No deja de ser significativo que el mismo d√≠a de su muerte se produjera una sublevaci√≥n en Roma contra aquellos a los que la poblaci√≥n llamaba los ‚Äúodiosos catalanes‚ÄĚ, es decir, el sector m√°s odiado de las tropas y los funcionarios espa√Īoles con que el papa hab√≠a sustituido a los italianos. Llama la atenci√≥n que en las fuentes italianas de la √©poca cuando los espa√Īoles eran buenos fueran denominados ‚Äúespa√Īoles‚ÄĚ mientras que cuando eran corruptos y ladrones se les llamara ‚Äúcatalanes‚ÄĚ independientemente de su lugar de origen real.

Su sucesor P√≠o II (19 de agosto de 1458 ‚Äď 15 de agosto de 1464) era un humanista importante, el famoso Eneas Silvio Piccolomini. Aunque en el pasado hab√≠a defendido las tesis de la superioridad del concilio sobre el papa, tal y como queda reflejado en sus memorias, conden√≥ mediante la bula Execrabilis de 18 de enero de 1460 la pr√°ctica de apelar al concilio general. Al igual que Pablo II (30 de agosto de 1464 ‚Äď 26 de julio de 1471), su sucesor y que Sixto IV (9 de agosto de 1471 ‚Äď 12 de agosto de 1484), fracas√≥ en el intento de organizar una cruzada. Este √ļltimo papa fue un verdadero paradigma de la situaci√≥n de crisis por la que atravesaba la iglesia cat√≥lica. Nacido en Celle de padres pobres, fue educado por los franciscanos. En 1464, fue elegido general de esta orden gracias a los sobornos repartidos por el duque de Mil√°n. Tras el fracaso de su proyecto de cruzada contra los turcos, se volc√≥ en los asuntos italianos y en la promoci√≥n de su familia relegando los asuntos espirituales a una consideraci√≥n muy secundaria. De hecho, de los treinta y cuatro cardenales que cre√≥ la mayor√≠a carec√≠a de cualidades espirituales y, por a√Īadidura, seis eran sobrinos suyos. Su nepotismo acab√≥ creando una grave situaci√≥n financiera a la Santa Sede que se intent√≥ solucionar mediante la agravaci√≥n de la fiscalidad en el seno de la iglesia cat√≥lica y un aumento del tr√°fico de indulgencias.

Le sucedi√≥ Inocencio VIII (29 de agosto de 1484 ‚Äď 25 de julio de 1492), un papa que respald√≥ con entusiasmo la expulsi√≥n de los jud√≠os llevada a cabo en Espa√Īa por los Reyes Cat√≥licos en 1492 y que tuvo que enfrentarse a la desastrosa situaci√≥n financiera heredada de su antecesor. El m√©todo elegido al respecto ‚Äď la venta de cargos eclesi√°sticos ‚Äď resulta bien revelador de la crisis espiritual por la que atravesaba la iglesia cat√≥lica, en general, y la Santa Sede, en particular. A pesar de todo ‚Äď y, ciertamente, la situaci√≥n distaba mucho de ser aceptable ‚Äď ninguno de los papas anteriores incurri√≥ en los excesos de sus sucesores Alejandro VI ‚Äď P√≠o III rein√≥ solo diez d√≠as ‚Äď y Julio II.

Alejandro VI (11 de agosto de 1492 ‚Äď 18 de agosto de 1503) pertenec√≠a tambi√©n a la familia espa√Īola de los Borja (Borgia en italiano). Protagonista de una brillant√≠sima carrera eclesial, en 1457 comenz√≥ a desempe√Īar las funciones de vicecanciller de la Santa Sede. Aprovechando ese puesto, Rodrigo Borja reuni√≥ una fortuna extraordinaria que le convirti√≥ en el segundo cardenal m√°s acaudalado del orbe. Por a√Īadidura, esa riqueza le permiti√≥ pagar los sobornos suficientes como para lograr su elecci√≥n como papa. Con seguridad, hay que descartar los rumores de que mantuvo relaciones sexuales con su hija Lucrecia ‚Äď cuesti√≥n distinta es el hecho de que tuviera distintas amantes tanto en su etapa como cardenal como en la que fue papa ‚Äď pero s√≠ resulta innegable que su pontificado estuvo marcado por razones pol√≠ticas de car√°cter familiar entre las que descoll√≥ el deseo de favorecer a su hijo C√©sar. As√≠, el papa Borgia utiliz√≥ las cuantiosas sumas procedentes de la venta de indulgencias por el a√Īo santo (1500) para financiar las aventuras militares de C√©sar. Inmoral y nepotista, pero h√°bil pol√≠tico y generoso mecenas art√≠stico, Alejandro VI encontr√≥ la muerte de manera bien significativa. Fue envenenado por error al suministr√°rsele en el curso de una cena la ponzo√Īa que estaba destinada a un cardenal que era su invitado.

Por lo que se refiere a Giuliano della Rovere ‚Äď el futuro Julio II (1 de noviembre de 1503 ‚Äď 21 de febrero de 1513) ‚Äď proced√≠a de una familia pobre que hab√≠a pensado dedicarlo al comercio. Sin embargo, la ayuda de su t√≠o le permiti√≥ adquirir una educaci√≥n y tomar las √≥rdenes sagradas. Al convertirse su t√≠o en el papa Sixto IV, fue creado obispo de Carpentras y poco despu√©s cardenal. Al morir P√≠o III, tras un pontificado de s√≥lo veintis√©is d√≠as, consigui√≥ mediante sobornos y promesas ser elegido papa derrotando al denominado partido espa√Īol. Julio II ‚Äď y constituye uno de los grandes m√©ritos de su pontificado ‚Äď fue un mecenas de considerable importancia, que protegi√≥ a artistas como Miguel √Āngel, Bramante y Rafael, y que en 1506 coloc√≥ la primera piedra de la nueva bas√≠lica de san Pedro. Sin embargo, este papa destac√≥, por encima de todo, como un h√°bil diplom√°tico y un terrible militar ‚Äď lo que provoc√≥ las burlas m√°s aceradas de algunos de sus contempor√°neos como Erasmo ‚Äď que convirti√≥ en principal objetivo de su reinado el aumento del territorio de los Estados pontificios. Tras derrotar a la familia Borgia, en 1511 form√≥ la Santa Liga, en uni√≥n de Espa√Īa y Venecia, con la finalidad de defender el papado y logr√≥ expulsar a los franceses de Italia. Apodado ‚Äď no sin raz√≥n ‚Äď ‚ÄúIl terribile‚ÄĚ, su muerte fue recibida con pena por los italianos que lo consideraban un verdadero libertador de la opresi√≥n extranjera.

El panorama resulta ‚Äď no se insistir√° lo suficiente en ello ‚Äď obvio e imposible de discutir. Los papas eran diplom√°ticos, mecenas, incluso guerreros, pero, en el √°mbito espiritual, dejaban mucho, much√≠simo que desear. No se trataba s√≥lo de que sus vidas estuvieran manchadas por el nepotismo, la corrupci√≥n, la belicosidad, la sensualidad o la inmoralidad sexual, sino de que el enfoque de sus reinados se encontraba m√°s orientado a aumentar sus territorios y a dejar memoria propia como si fueran reyes meramente temporales que a atender las obligaciones propias de un pastor de almas. Y, sin embargo, a pesar de todo, seguramente el papado no era la parte de la iglesia cat√≥lica que sufr√≠a la crisis peor. A√ļn m√°s grave era la que atravesaban la Curia y los obispos.

CONTINUAR√Ā

Fuente: Unidos contra la Apostasía

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