Una palabra a los predicadores desalentados por Charles Spurgeon


A aquellos que están desalentados porque han tenido poco éxito…

¬ŅHay algunos entre ustedes que temen haber trabajado en vano y gastado sus fuerzas in√ļtilmente? Les exhorto, queridos amigos, que no se sientan satisfechos con solo sembrar la semilla, a menos que tengan una buena cosecha. No obstante, no se desalienten al grado de darse por vencidos debido a alguna contrariedad. Aunque no puedan conformarse si no dan fruto, no dejen de sembrar s√≥lo porque una temporada sea un fracaso. No quisiera que nuestros amigos agricultores dejaran la agricultura porque este a√Īo tuvieron una mala cosecha. Si midieran sus perspectivas futuras con su fracaso de hoy, ser√≠a lastimoso. Si ustedes han predicado, ense√Īado o trabajado para Cristo con poco √©xito hasta ahora, no deduzcan que fracasar√°n siempre. Lam√©ntense por la falta de prosperidad, pero no renuncien a la labor de buscarla. Pueden lamentarse con¬†raz√≥n, pero no tienen derecho a darse por vencidos.

El fracaso es una prueba de fe que han tenido que pasar muchos siervos fieles de Dios que han triunfado al final. ¬ŅAcaso los disc√≠pulos no trabajaron toda la noche sin pescar nada? ¬ŅAcaso no dijo nuestro Se√Īor que una semilla caer√≠a entre las piedras y algunas entre espinas y que √©stas no dar√≠an fruto? ¬ŅQu√© resultados tuvo Jerem√≠as? No dudo que haya trabajado y que Dios lo bendijera, pero el resultado de su predicaci√≥n fue como √©l mismo dijo: ‚ÄúSe quem√≥ el fuelle‚ÄĚ (Jer. 6:29). Le hab√≠a soplado tanto al fuego con el fuelle hasta quemarlo, pero ning√ļn coraz√≥n se hab√≠a derretido. Dijo: ‚Äú¬°Oh, si mi cabeza se hiciese aguas, y mis ojos fuentes de l√°grimas‚Ķ!‚ÄĚ (Jer. 9:1). No s√© cu√°l habr√° sido el resultado del ministerio de No√©, pero s√© que fue predicador de la justicia por ciento veinte a√Īos y, no obstante, nunca trajo ni un alma al arca, excepto su familia. A juzgar por la influencia que tuvo, podemos tachar su predicaci√≥n como muy deficiente. Sin embargo, sabemos que fue una gran predicaci√≥n, tal como Dios mand√≥. Entonces, no lamente el tiempo o la energ√≠a que puso en el servicio de nuestro gran Se√Īor porque no ve que sus esfuerzos prosperen, pues mejores siervos que usted han llorado su fracaso.

Recuerde tambi√©n que si usted realmente sirve al Se√Īor, de hecho y de coraz√≥n, √©l le aceptar√° y reconocer√° su servicio aunque no haya derivado ning√ļn bien de √©l. El deber de usted es echar el pan sobre las aguas. Si no vuelve despu√©s de muchos d√≠as, no es responsabilidad suya. Su responsabilidad es desparramar la semilla, pero ning√ļn agricultor le dir√≠a a su pe√≥n: ‚ÄúJuan, no me has servido bien, porque no hubo cosecha‚ÄĚ. El pe√≥n tendr√≠a raz√≥n en responder: ‚Äú¬ŅPodr√≠a yo haber producido una cosecha, se√Īor? Yo ar√© y yo plant√©. ¬ŅQu√© m√°s pod√≠a hacer?‚ÄĚ. De igual manera, nuestro buen Se√Īor no es inflexible, ni demanda de nosotros m√°s de lo que podemos hacer. Si usted ar√≥ y sembr√≥, aunque no hubo cosecha, queda exento de culpa y su esfuerzo es aceptado.

¬ŅNunca se le ha ocurrido que quiz√° puede tocarle hoy preparar el terreno y labrar la tierra de la cual, obreros despu√©s de usted, obtengan una muy abundante cosecha? Tal vez su Se√Īor sabe qu√© labrador eximio es usted. √Čl tiene un campo grande y no est√° en sus planes que sea usted el que cosecha porque sabe qu√© buen sembrador es y, como tiene sembrad√≠os que necesitan ser labrados todo el a√Īo, lo mantiene ocupado en esto. √Čl lo conoce mejor de lo que se conoce usted mismo. A lo mejor, si alguna vez le dejara subir al carro cargado de sus propios frutos, se le ir√≠a a la cabeza y¬†todo terminar√≠a en un fracaso, entonces dice: ‚ÄúSigue arando y plantando, y otro levantar√° la cosecha‚ÄĚ.

Qui√©n sabe si cuando haya terminado su carrera, pueda ver desde el cielo ‚Äďdonde no correr√° peligro verlo‚ÄĒ que no trabaj√≥ en vano ni gast√≥ in√ļtilmente sus energ√≠as. ‚ÄúUno es el que siembra, y otro es el que siega‚ÄĚ (Jn. 4:37). As√≠ es la econom√≠a divina. Creo que cada uno que ama a su Maestro dir√°: ‚ÄúSiempre que haya una cosecha, no cuestionar√© qui√©n trae los frutos. Dame suficiente fe para estar seguro de que la cosecha vendr√° y estar√© satisfecho‚ÄĚ. Considere a Guillermo Carey9, quien fue a la India con esta oraci√≥n: ‚ÄúIndia para Cristo‚ÄĚ. ¬ŅQu√© alcanz√≥ a ver Carey? Bien, vio suficiente √©xito como para regocijarse, pero, por cierto, que no vio todo el cumplimiento de su oraci√≥n. Desde entonces, han ido sucesivamente otros misioneros y han dedicado sus vidas a ese vasto campo. ¬ŅCon qu√© resultado? Un resultado m√°s que suficiente como para justificar su trabajo, pero, comparado con los millones que siguen en el paganismo, dista mucho de lo que la Iglesia ans√≠a y mucho de alcanzar la corona de Cristo. No importa c√≥mo le va a cada obrero. El poderoso imperio volver√° al Redentor y casi puedo imaginar en los registros del futuro, la frase: ‚ÄúEstos son los nombres de los valientes que tuvo David‚ÄĚ, al consignar las acciones valientes¬†de los h√©roes del Se√Īor que ser√°n descritas en sus cr√≥nicas.

Cuando la vieja catedral de San Pablo, en Londres, tuvo que ser derribada a fin de dar lugar al edificio actual, los obreros se encontraron con que algunas de las paredes eran de rocas dur√≠simas. Christopher Wren10¬†decidi√≥ tirarlas abajo con un viejo ariete romano. El ariete comenz√≥ a golpear y los obreros siguieron con el trabajo hora tras hora y d√≠a tras d√≠a, aparentemente, sin ning√ļn resultado. Daban golpe tras golpe contra las paredes, tremendos golpazos que hac√≠an temblar a los curiosos. Las paredes segu√≠an en pie al punto de que muchos llegaran a la conclusi√≥n de que todo era in√ļtil. Pero el arquitecto sab√≠a que ceder√≠an. Sigui√≥ golpeando con su ariete hasta que la √ļltima part√≠cula de las paredes sent√≠a los golpes y, por fin, ¬°se vinieron abajo con un tremendo estruendo! ¬ŅFelicit√≥ alguien a los obreros que hab√≠an causado el colapso final o les adjudicaron a ellos el √©xito? No, para nada. Fue por el esfuerzo de todos. Los que se hab√≠an tomado tiempo para comer y los que hab√≠an iniciado el trabajo a√Īos antes, merecieron tanta honra como los que hab√≠an dado el golpe de gracia.

Sucede lo mismo en la obra de Cristo. Tenemos que seguir golpeando, golpeando y golpeando hasta que, aunque no¬†suceda hasta dentro de mil a√Īos,¬†¬°el Se√Īor triunfar√°!¬†Podr√≠a ser que Cristo venga pronto, podr√≠a ser que demore diez mil a√Īos. Pero sea como sea, la idolatr√≠a tiene que morir y la verdad tiene que reinar. Las oraciones y energ√≠as a trav√©s del tiempo producir√°n el √©xito, y Dios ser√° glorificado. Perseveremos en nuestros esfuerzos santos, sabiendo que, al final, tendremos la victoria. Cuando cierto general estaba en batalla, le preguntaron: ‚Äú¬ŅQu√© hace?‚ÄĚ. Respondi√≥: ‚ÄúNo mucho, pero sigo d√°ndole duro y parejo‚ÄĚ. Eso es lo que debemos hacer nosotros. No podemos lograr mucho de una sola vez, pero tenemos que seguir insistiendo y, con el tiempo, llegar√° el fruto anhelado.

Es posible, queridos amigos, que aunque creen haber tenido poco √©xito, han tenido m√°s de lo que se imaginan. Puede haber otros que por no obtener √©xito sienten que tienen que cambiarse a otra parte o intentar alg√ļn otro m√©todo. Si no nos va bien de una manera, tenemos que probar otra. Lleve el asunto a Dios en oraci√≥n. Clame al Se√Īor con todas sus fuerzas porque √©l le dar√° la victoria y de √©l ser√° la gloria. Cuando lo haya humillado, cuando le haya ense√Īado lo ineficiente que es usted, cuando lo haya llevado al punto de desesperarse y tener que confiar impl√≠citamente en √©l, entonces puede ser que le d√© m√°s trofeos y triunfos de¬†los que jam√°s hubiera so√Īado. De cualquier manera, si yo prospero o no en la vida, no es la cuesti√≥n. Llevar almas a Cristo es mi meta principal, pero no es la prueba definitiva del √©xito en mi ministerio. Mi responsabilidad es vivir para Dios, crucificar el yo y entregarme a √©l completamente. Si eso hago, pase lo que pase ser√© aceptado.

Quisiera tener el esp√≠ritu de aquel valiente anciano condenado a la hoguera. Sab√≠a que la sentencia se llevar√≠a a cabo a la ma√Īana siguiente, pero con un alma llena de valent√≠a y con un coraz√≥n alegre, lo √ļltimo que hizo la noche anterior fue conversar con sus amigos ‚Äďa pesar de haces de le√Īa y fuego que enfrentar√≠a en la ma√Īana‚ÄĒy le dijo a uno de ellos: ‚ÄúSoy un viejo √°rbol en el huerto de mi Se√Īor. Cuando era joven, por su gracia, di pocos frutos. Eran verdes y agrios, pero √©l los toler√≥; la edad me ha suavizado y he podido, tambi√©n por su gracia, dar fruto para √©l. Ahora el √°rbol ha envejecido y mi Se√Īor va a talar y quemar el viejo tronco. Pues bien, dar√° calor al coraz√≥n de algunos de sus fieles mientras me estoy consumiendo‚ÄĚ. Hasta esboz√≥ una sonrisa por la alegr√≠a de pensar que podr√≠a cumplir un prop√≥sito tan bueno.

Quiero que usted tenga ese mismo esp√≠ritu y diga: ‚ÄúVivir√©¬†para Cristo mientras soy joven. Morir√© para √©l y dar√© calor a los corazones de mis hermanos‚ÄĚ. Sabemos que las persecuciones de aquellos d√≠as de martirio engendraron un hero√≠smo y valent√≠a entre sus disc√≠pulos que los que vivimos en tiempos de paz ni siquiera podemos imaginar. Se cuenta de la vieja iglesia bautista en Londres cuyos miembros fueron temprano una ma√Īana a Smithfield11¬†para ver morir a su pastor en la hoguera. Cuando alguien les pregunt√≥ a los j√≥venes para qu√© hab√≠an ido, respondieron: ‚ÄúPara aprender la manera de morir‚ÄĚ. ¬°Qu√© espl√©ndido! ¬°Hab√≠an ido para aprender la manera de morir!

¬°Ah, vayamos a la Cruz del Maestro para aprender la manera de vivir y de morir! Reflexionemos sobre c√≥mo se dio a s√≠ mismo por nosotros y luego, salgamos aprisa y vivamos para √©l. ‚ÄúEstimado ser√© en los ojos de Jehov√°‚ÄĚ (Is. 49:5), aunque creamos que no hayamos sido victoriosos, nuestra consagraci√≥n incondicional ser√° para nuestra honra el D√≠a del Se√Īor. Por nuestra vida santificada y nuestro servicio humilde, glorificaremos su nombre.

¬°Oh Se√Īor, determina nuestras obligaciones y an√≠manos en el servicio de tu casa! ‚ÄúSea la luz de Jehov√° nuestro Dios sobre nosotros, y la obra de nuestras manos confirma sobre¬†nosotros; s√≠, la obra de nuestras manos confirma‚ÄĚ (Sal. 90:17). Sean las bendiciones de nuestro Dios del Pacto sobre ustedes, mis hermanos, en nombre de Jes√ļs. Am√©n.

10. Christopher Wren¬†(1632-1723) ‚Äď Arquitecto ingl√©s.

11. Smithfield¬†‚Äď Un √°rea en el sector noroeste de Londres, donde ejecutaban a los reformadores y herejes religiosos.

Tomado de un serm√≥n predicado en el Tabern√°culo Metropolitano, Newington, reimpreso por Pilgrim Publications y citado en la Revista Portavoz de la Gracia No. 18 ‚ÄúConsuelo en la aflicciones‚ÄĚ, para suscripciones gratis a la revista puedes visitar este enlace

Charles H. Spurgeon¬†(1834-1892):¬† Predicador bautista ingl√©s, el predicador m√°s le√≠do de la historia, aparte de los que se encuentran en las Escrituras. En la actualidad hay m√°s material escrito por Spurgeon que ning√ļn otro autor cristiano del presente o del pasado; nacido en Kelvedon, Essex, Inglaterra.

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