R.C Sproul: Sobre la soberanía de Dios y la oración (parte 3) Por Jacobis Aldana M


Este artículo pertenece a una serie publicada sobre la Soberanía de Dios y la Oración por el Dr R. C Sproul.

Tal como lo hemos venido desarrollando; hay misterios en la forma en que la Soberanía de Dios se relaciona con nuestras oraciones. Alguien pudiera pensar que si la oración no tiene sentido, entonces ¿para qué orar? Sin embargo, la oración tiene una utilidad, no sólo en cómo nos relaciona con nuestro creador, sino en la forma en que Ese creador entra en la escena humana por medio de ellas.

Una de las objeciones mas comunes a esta verdad, gira al rededor de la creencia de que Dios no puede obrar a través de la oración porque ya todas las cosas están ordenadas naturalmente y no pueden ser alteradas.

En esta tercera entrega, el pastor R.C Sproul responde a esta objeción mostrando cómo es que Dios puede obrar milagrosamente a través de la oración, aún usando las mismas leyes naturales:

[Inicio de la cita]

Las Leyes “Naturales” de Dios

Otros han cuestionado la eficacia de la oración desde una consideración más naturalista. Ellos plantean la idea de que vivimos en un mundo que opera de acuerdo a leyes naturales fijas. Se ha puesto de moda, en el pasado siglo o dos, pensar en Dios como el mero Arquitecto y Creador del universo, quien puso el universo en movimiento y decretó cómo debía operar, luego se apartó y lo dejo andando sin involucrarse directamente. Esta idea es casi como el punto de vista Deísta que Dios hizo al mundo, así como un relojero hace un reloj, luego le dio cuerda, de manera que ahora trabaja por su propio mecanismo. Él mismo no hace interrupciones, ni interferencia, ni ninguna intrusión en el plano de la historia.

Ese no es el Dios de las Escrituras. El Dios soberano es el Señor de la providencia, quien provee diariamente a su pueblo y responde a sus clamores. Las leyes de la naturaleza no son principios fijos, inmutables, abstractos, reguladores de la naturaleza inerte. Lo que llamamos leyes se refieren simplemente a las operaciones normales y ordinarias por las cuales el soberano Dios hace funcionar este planeta. Y ese soberano Dios nunca está a merced de su propia creación. Él es el Dios soberano.

El hecho de que existen mecanismos intrincados trabajando en este mundo no significa que Dios tenga que obrar un milagro inmediato cada vez que oramos por algo. Dios está de pie sobre el mundo, orquestando cada molécula en ese mundo, todas las, así llamadas, causas naturales, normales y reguladoras. Por lo tanto, Dios es capaz de responder a la oración sin interrumpir o perturbar, en ninguna forma, el mecanismo natural del planeta.

De hecho, cuando vemos los milagros de la Biblia, vemos que algunos de ellos se efectúan inmediatamente—es decir, sin medios, directamente—mientras que otros milagros se efectúan mediatamente, es decir, en virtud de medios intermediarios. Piense en el escape de los israelitas de Egipto a través del Mar Rojo. ¿Qué tuvo de milagroso la división de las aguas del Mar Rojo? No es milagroso que sople un gran viento; eso ocurre todo el tiempo. Sin duda, es extraordinario, pero no necesariamente milagroso que el viento sople con una intensidad tal que cree una estela de agua en el mar. Se sabe que ha pasado sin que de ninguna manera ocurriera un milagro. Sí, fue extraordinario, pero no necesariamente milagroso.

Lo que fue milagroso en la división del Mar Rojo fue que pasó como resultado de una orden. Moisés extendió su vara y el viento arreció. El viento sopla cada día, pero no sopla cuando se lo ordeno. Puedo ir a la orilla del mar y ordenar al viento que sople y no pasará nada. De igual forma, puedo ordenar al viento que cese en un día borrascoso, y otra vez mis palabras no tendrán impacto alguno, pero cuando el viento arreció en el Mar de Galilea, Jesús dijo: “Calla, enmudece”, y cesó el viento ( Marcos 4:39). Eso fue un milagro. Pero en el éxodo tenemos un medio. Tenemos agua y tenemos viento. Tenemos a la naturaleza operando, pero operando bajo el poder de lo sobrenatural, bajo el mandato de Dios en un momento de crisis en la historia personal de seres humanos. Eso es lo que queremos decir cuando hablamos de la intervención providencial especial de Dios para liberar a su pueblo. Ellos oraron y Dios actuó sin romper las leyes de la naturaleza. El puede romperlas si es necesario, pero no tiene que hacerlo para responder a nuestras oraciones.

[Fin de la cita]

Publicado con permiso:
Por: R.C Sproul, © Ligonier Ministries – Website: ligonier.org. Tomado de: gospeltranslations.org – Traducido por: Joel Antonio Cáceres

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