LA VENIDA DEL HIJO DEL HOMBRE II


Un Comentario de Lucas 21:28-38

  1. ‚ÄúCuando estas cosas empiecen a suceder, ergu√≠os y levantad vuestra cabeza, porque vuestra redenci√≥n est√° cerca.‚ÄĚ

Las cosas a que se refiere el texto son las descritas en los v. 25 y 26 que preceden a la venida del Hijo del Hombre, que hemos comentado en el artículo precedente.

‚ÄúErgu√≠os y levantad vuestra cabeza‚Ä̬†porque los acontecimientos del cielo y del mar har√°n que los hombres se agachen y se escondan temerosos. Pero los creyentes no tendr√°n nada que temer. Al contrario, deber√°n alegrarse porque la redenci√≥n anunciada para el final de los tiempos estar√° a la puerta. (Rm.8:20-23)

¬ŅEn qu√© sentido los acontecimientos del a√Īo 70 fueron una liberaci√≥n para los disc√≠pulos de Jes√ļs? Porque a partir de la destrucci√≥n del templo los disc√≠pulos dejaron de ser perseguidos por las autoridades jud√≠as, tal como ocurr√≠a, seg√ļn el libro de los Hechos, en los a√Īos anteriores a la destrucci√≥n de Jerusal√©n. Esta cat√°strofe signific√≥ el final de su poder y autoridad.

Es cierto, de otro lado, que la persecuci√≥n de los cristianos por parte de los jud√≠os fue sustituida, a partir del a√Īo 64, por la persecuci√≥n desencadenada en Roma por el emperador Ner√≥n, con el pretexto de que ellos hab√≠an sido los causantes del incendio de Roma ocurrido ese a√Īo que √©l hab√≠a provocado. A partir de esa fecha los cristianos sufrieron crueles per√≠odos de persecuci√≥n por parte de los romanos hasta que, en el a√Īo 313, Constantino promulg√≥ el Edicto de Mil√°n declarando que, el cristianismo era una religi√≥n l√≠cita, es decir, permitida.

Para los que adoptan una interpretaci√≥n futurista la palabra¬†‚Äúredenci√≥n‚Ä̬†debe interpretarse a la luz de Romanos 8:23:¬†‚Äútambi√©n nosotros¬† mismos, que tenemos las primicias del Esp√≠ritu, nosotros tambi√©n gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopci√≥n, la redenci√≥n de nuestro cuerpo.‚Ä̬†La profec√≠a se refiere entonces a los √ļltimos tiempos, cuando se produzca la resurrecci√≥n de los muertos y la transformaci√≥n instant√°nea de los cuerpos de los que en ese momento est√©n en vida, seg√ļn lo que dice Pablo en 1Cor 15:51,52 (cf Hch 3:19-21; 1Ts 4:17). Esos son los tiempos que anunci√≥ Isa√≠as, en que Dios crear√≠a¬†‚Äúnuevos cielos y nueva tierra‚Ä̬†(Is 65:17; 66:22; 2P3:13; Ap 21:1).

29,30. ‚ÄúTambi√©n les dijo una par√°bola:¬†Mirad la higuera y todos los √°rboles. Cuando ya brotan, vi√©ndolo, sab√©is por vosotros mismos que el verano est√° cerca.‚ÄĚ

Aqu√≠ Lucas presenta un ejemplo tomado de la naturaleza, con el cual toda la gente en una cultura primordialmente agr√≠cola, como la de Israel, estaba perfectamente familiarizada. Los √°rboles pierden sus hojas en invierno y quedan completamente desnudos. Pero, terminando la estaci√≥n fr√≠a, empiezan a aparecer los brotes de donde surgir√°n las hojas y las nuevas ramas. El que observa la naturaleza puede concluir f√°cilmente que esos brotes son anuncio del pr√≥ximo verano:¬†‚Äúest√° cerca‚ÄĚ,¬†no ha aparecido ya, pero ya est√° a la puerta.

  1. ‚ÄúAs√≠ tambi√©n vosotros, cuando ve√°is que suceden estas cosas, sabed que est√° cerca el reino de Dios.‚ÄĚ

Eso mismo deben concluir los disc√≠pulos de Jes√ļs cuando aparezcan las se√Īales mencionadas, cuando lo anunciado se cierna sobre el panorama: la venida del reino est√° cercana.

¬°En cu√°ntas ocasiones y cu√°ntas veces nosotros vemos en la vida diaria las se√Īales de acontecimientos, o de mudanzas, que est√°n por suceder, y no nos damos cuenta! Y cuando suceden nos lamentamos de que estuvimos ciegos, o distra√≠dos, y no percibimos lo que se anunciaba claramente. Eso sucede en tantos campos de la vida ordinaria: el enfriamiento de los sentimientos, o lo contrario; o la ira acumulada y el resentimiento, que llevan a rupturas o a infidelidades. Los seres humanos emitimos signos de lo que se cocina interiormente, pero las personas que est√°n cerca muchas veces no lo advierten. Pero ¬°ojo! miradas, gestos, silencios, son a veces m√°s elocuentes que las palabras.

  1. ‚ÄúDe cierto os digo, que no pasar√° esta generaci√≥n hasta que todo esto acontezca.‚ÄĚ(Mt 24:34; Mr 13:30)

Enseguida Jes√ļs pronuncia una profec√≠a cuya interpretaci√≥n ha dado lugar a muchas discusiones, porque sus palabras, tomadas literalmente, excluyen toda posibilidad de que los acontecimientos predichos ocurran en tiempos todav√≠a lejanos.

¬ŅQu√© quiere decir aqu√≠¬†‚Äúgeneraci√≥n‚ÄĚ? Generalmente se entiende que las generaciones est√°n constituidas por hornadas de seres humanos que se suceden en per√≠odos de 40 a√Īos. Si √©ste es el caso, debe entenderse que lo anunciado por Jes√ļs ocurri√≥ en un lapso no mayor de 40 a√Īos. Si √Čl est√° hablando ah√≠ del fin de los tiempos, de los √ļltimos acontecimientos de la historia, las se√Īales ominosas en los cielos que causar√≠an pavor en las gentes, el bramido del mar y, la venida del Hijo del Hombre en las nubes, esas cosas anunciadas no han ocurrido a√ļn, aunque han pasado desde entonces 50 veces 40 a√Īos, es decir, 50 generaciones. ¬ŅTiene la palabra de Jes√ļs vigencia alguna? ¬ŅO son sus anuncios sue√Īos de un lun√°tico?

Esas especulaciones son vanas e in√ļtiles. La palabra ‚Äúgeneraci√≥n‚ÄĚ tiene aqu√≠ un sentido m√°s sencillo: ‚Äúla gente de este tiempo‚ÄĚ, nuestros contempor√°neos, semejante al que Jes√ļs le da en otras ocasiones, como en Lc 7:31; 9:41; 11: 29-32, 50,51; 17:25; o el improperio que Juan Bautista dirige a los que vienen a hacerse bautizar por √©l:¬†‚Äú¬°Oh generaci√≥n de v√≠boras!‚Ä̬†(Lc 3:7; V√©ase tambi√©n Hch 2:40)

  1. ‚ÄúEl cielo y la tierra pasar√°n, pero mis palabras no pasar√°n.‚ÄĚ

Para subrayar su anuncio √Čl a√Īade una frase concluyente: antes pasar√°n los cielos y la tierra que mis palabras. Esto es, ustedes consideran a los astros del cielo y a la tierra como lo m√°s estable e inconmovible que existe en el universo. Pues bien, quiero que sepan que mi palabra lo es a√ļn m√°s (Is 40:8; 55:10,11; 1P 1:24,25).

Sin embargo, ¬Ņqu√© pensar de su afirmaci√≥n si nada de lo anunciado se ha cumplido despu√©s de 20 siglos? Pero si lo que √Čl anunci√≥ ah√≠ es la destrucci√≥n de Jerusal√©n y de su templo (Lc 21:20-24), entonces lo predicho se cumpli√≥ efectivamente el a√Īo 70, antes de que hubiesen transcurrido 40 a√Īos de su muerte.

Nuestra dificultad estriba en que en las palabras de Jes√ļs los acontecimientos pr√≥ximos y los √ļltimos se confunden en una sola profec√≠a que alude a ambos. Y no hay duda de que este hecho confundi√≥ a muchos de su tiempo, y sigue siendo causa de discusiones y de interpretaciones encontradas de la profec√≠a.

34-36.¬†‚ÄúMirad tambi√©n por vosotros mismos, que vuestros corazones no se carguen de glotoner√≠a y embriaguez y de los afanes de esta vida, y venga de repente sobre vosotros aquel d√≠a. Porque como un lazo vendr√° sobre todos los que habitan sobre la faz de la tierra. Velad, pues, en todo tiempo orando que se√°is tenidos por dignos de escapar a todas estas cosas que vendr√°n, y de estar en pie delante del Hijo del Hombre.‚ÄĚ

Estos versículos nos invitan a permanecer preparados para los acontecimientos que sobrevengan al final de los tiempos. Estas palabras guardan relación con las advertencias hechas en algunas de sus parábolas, en especial la de las vírgenes necias.

Nos exhorta a no dejarnos enredar, o seducir, por los atractivos del mundo, y menos por los placeres de la carne, al punto que se adormezca nuestra fe y nuestra conducta se vuelva reprochable, y que de repente nos sorprenda el fin sin estar preparados para recibir al Se√Īor. Su venida ser√° como el lazo que empleaban los pastores para reducir a los animales rebeldes de su reba√Īo, que no pod√≠an escapar cuando eran enlazados. O como el rel√°mpago, que de repente brilla en el firmamento, y carboniza al que se encuentre en campo abierto.

¬ŅQu√© es lo que debe hacer el creyente? Estar alerta y en vela, para que no le sorprenda el anuncio de Jes√ļs.

El que permanece vigilante, orando, ser√° tenido por digno de escapar de los males que ocurrir√°n en el √ļltimo d√≠a. Este vers√≠culo proporciona un fuerte apoyo a los que creen que la iglesia escapar√° a la gran tribulaci√≥n, si hemos de entenderlo literalmente, en su sentido llano. Pero si se entiende por¬†‚Äúgran tribulaci√≥n‚Ä̬†(Mt 24:21) la que afligi√≥ a los habitantes de Jerusal√©n cuando la ciudad fue cercada por los ej√©rcitos romanos, √Čl est√° hablando de aquellos que mantuvieron su esp√≠ritu despierto y su fe viva, de modo que no dejaron de reconocer la aparici√≥n de las se√Īales inequ√≠vocas predichas por Jes√ļs y, advertidas por ellas, escaparon a los montes (Lc 21:20,21).

De cualquier modo que se le mire,¬†‚Äúdignos de escapar‚Ä̬†se refiere a los que no perecer√°n, sino que escapar√°n de la muerte a un lugar m√°s seguro.

‚ÄúEstar en pie delante del Hijo del Hombre‚Ä̬†es no avergonzarse cuando √Čl venga, sino estar erguido como los que, habiendo sido perdonados, se presentar√°n delante de su Se√Īor para recibir sus √≥rdenes, o su recompensa, en el d√≠a del juicio, en contraste con los que se acurrucar√°n avergonzados y temerosos delante de √Čl, conscientes de su culpa.

37,38.¬†‚ÄúY ense√Īaba de d√≠a en el templo; y de noche, saliendo, se estaba en el monte que se llama de los Olivos. Y todo el pueblo ven√≠a a √Čl por la ma√Īana para o√≠rle en el templo.‚ÄĚ

Aparte de sanar y hacer milagros, la tarea principal de Jes√ļs antes de subir a la cruz para expiar nuestros pecados, era ense√Īar, y la unci√≥n y autoridad con que realizaba esta labor hac√≠a que la gente acudiera a escucharle en gran n√ļmero. Hab√≠a entonces, como lo sigue habiendo hoy d√≠a, una gran ansia por escuchar ense√Īanzas que nos ayuden a entender y a superar las dificultades por las que atravesamos, que iluminen nuestra inteligencia, y que nos gu√≠en para llevar una vida mejor.

Por las noches Jes√ļs se retiraba a descansar en el Monte de los Olivos, al frente de la ciudad, como har√≠a despu√©s de celebrar la cena de la Pascua, y donde ser√≠a prendido por los esbirros tra√≠dos por el traidor Judas (Lc 22:39).

Amado lector: Jes√ļs dijo:¬†“¬ŅDe qu√© le sirve al hombre ganar el mundo si pierde su alma?¬†(Mt 16:26)¬†Si t√ļ no est√°s seguro de que cuando mueras vas a ir a gozar de la presencia de Dios, yo te invito a pedirle perd√≥n a Dios por tus pecados haciendo una sencilla oraci√≥n:

“Jes√ļs, t√ļ viniste al mundo a expiar en la cruz los pecados cometidos por todos los hombres, incluyendo los m√≠os. Yo s√© que no merezco tu perd√≥n, porque te he ofendido consciente y voluntariamente much√≠simas veces, pero t√ļ me lo ofreces gratuitamente y sin merecerlo. Yo quiero recibirlo. Me arrepiento sinceramente de todos mis pecados y de todo el mal que he cometido hasta hoy. Perd√≥name, Se√Īor, te lo ruego; lava mis pecados con tu sangre; entra en mi coraz√≥n y gobierna mi vida. En adelante quiero vivir para ti y servirte.”

#941 (04.09.16). Dep√≥sito Legal #2004-5581. Director: Jos√© Belaunde M. Direcci√≥n: Independencia 1231, Miraflores, Lima, Per√ļ 18. Tel 4227218. (Resoluci√≥n #003694-2004/OSD-INDECOPI).¬†

Publicado por José Belaunde

Fuente: LA VIDA Y LA PALABRA

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