Dios Todav√≠a Usa Vasijas De Barro por John MacArthur


El Nuevo Testamento no fue escrito por la √©lite de Egipto. No fue escrito por la elite de Grecia, Roma, o incluso Israel. Los m√°s grandes eruditos en el mundo en ese momento estaban abajo en Egipto; estaban en la mayor biblioteca de la antig√ľedad de Alejandr√≠a. Los fil√≥sofos m√°s distinguidos estaban en Atenas; los l√≠deres m√°s poderosos de hombres estaban en Roma; y los genios religiosos estaban en el templo de Israel. ¬°Pero Dios nunca us√≥ ninguno de ellos! √Čl s√≥lo us√≥ vasijas de barro. Pas√≥ por Her√≥doto, el historiador; S√≥crates, el fil√≥sofo; Hip√≥crates, el padre de la medicina; Euclides, el matem√°tico; Arqu√≠medes, el padre de la mec√°nica; el astr√≥nomo; Cicer√≥n, el orador; y Virgilio, el poeta. Pas√≥ por todos ellos. ¬ŅPor qu√©? Las vasijas de barro serv√≠an mejor a sus prop√≥sitos. Desde un punto de vista humano (y quiz√°s en sus propias mentes), todas esas personas prominentes eran vasijas magn√≠ficas. Pero alguien profundamente impresionado con su propio valor no va a ver valor en el evangelio. As√≠ que Dios escogi√≥ a campesinos, pescadores, individuos malolientes y recaudadores de impuestos, vasijas de barro elegidas para llevar, proclamar y escribir el tesoro inestimable que llamamos el evangelio.

Dios sigue haci√©ndolo de esa manera. √Čl todav√≠a est√° pasando por la √©lite. Sigue pasando por los intelectuales de coraz√≥n duro, que no escuchan y que son orgullosos. Pueden estar sentados en sus torres de marfil en las universidades y seminarios, o en sus obispados y sus posiciones de autoridad en las iglesias, pero Dios est√° encontrando a los humildes que llevar√°n el tesoro de la verdad salvadora.

¬ŅC√≥mo funciona eso? Funciona porque ‚Äúno nos predicamos a nosotros mismos‚ÄĚ (2 Corintios 4:5). No somos el mensaje. La iglesia que pastoreo ha sido bendecida porque Dios ha bendecido Su verdad. No soy yo. Cuando Pablo dice: ‚ÄúCuando soy d√©bil, entonces soy fuerte,‚ÄĚ no quiere decir que sea un hombre sin convicciones. Tampoco quiere decir que es un hombre indisciplinado, un hombre perezoso, un hombre irresponsable o un hombre que no puede trabajar duro. Lo que √©l quiere decir con “d√©bil” es esto: ‚ÄúMe sal√≠ de la ecuaci√≥n. Y all√≠ es cuando la fuerza se hizo evidente … cuando me sal√≠ del medio.‚ÄĚ

Si quieres ser usado poderosamente por Dios, salte de en medio. Aprende a verte como un balde de basura o, en palabras de Pedro, a revestirte de humildad (1 Pedro 5:5). No es sobre ti; no es tu personalidad, es la Palabra de Dios. Dios no necesita a los intelectuales. No necesita grandes personas, gente elegante, o personas famosas. La gente no es poder. ¬°El poder es el mensaje! El coloco el tesoro en vasijas de barro para que ‚Äúpara que la extraordinaria grandeza del poder sea de Dios y no de nosotros‚ÄĚ (2 Co. 4:7b).

Si buscas una explicaci√≥n humana para el √©xito de Pablo, no hay una. La gente me ha dicho: “Estoy estudiando la Biblia para ver por qu√© Pablo tuvo √©xito.” Te dir√© por qu√© tuvo √©xito: predic√≥ la verdad. Y la verdad es poderosa. O dir√°n: ‚ÄúQueremos venir a tu iglesia para averiguar qu√© es lo que hace que funcionen las cosas all√≠.‚ÄĚ Te dir√© lo que hace que las cosas est√©n funcionen all√≠: la verdad de Dios. La verdad de Dios y el poder de Dios; esos son los que hacen que las cosas funcionen. La inmensidad de la grandeza explica el poder trascendente del poder superlativo de Dios sobre las almas de los que oyen la verdad. Nosotros los predicadores somos vasijas de barro en el mejor de los casos! En nosotros mismos no tenemos nada que ofrecer, ni belleza ni poder. Pablo lo sab√≠a, por eso dice: ‚ÄúY estuve entre vosotros con debilidad, y con temor y mucho temblor‚ÄĚ (1 Corintios 2:3b).

Al final, est√° bien que estemos tan d√©biles y tan asustados. Nuestra fe no debe descansar en nosotros mismos, sino en el poder de Dios. No somos nada. Como dice Pablo en otra parte: ‚Äúni el que planta ni el que riega es algo, sino Dios, que da el crecimiento.‚ÄĚ (1 Co. 3:7). ¬°Dios lo es todo!

Hace a√Īos, James Denney escribi√≥: ‚ÄúCualquiera que vio el ministerio de Pablo y observe a un predicador como Pablo pod√≠a imaginar que la explicaci√≥n radicaba en √©l. No en un feo peque√Īo jud√≠o sin presencia, sin elocuencia, sin los medios para sobornar u obligar, podr√≠a ser la fuente de tal valor, y la causa de tal transformaci√≥n. En 1911, en su libro La Gloria del Ministerio, A. T. Robertson cit√≥ a Denney: ‚ÄúSiempre hubo hombres tan inteligentes en el mundo que Dios no pudo hacer uso de ellos. Nunca podr√≠an hacer Su obra; estaban tan perdidos en la admiraci√≥n de los suyos. La obra de Dios nunca dependi√≥ de ellos, y no depende de ellos ahora. El poder no es el producto del genio humano, la inteligencia, la t√©cnica o el ingenio; el poder del evangelio est√° en el evangelio.‚ÄĚ Nosotros, ministros, somos vasijas d√©biles, comunes, sencillas, fr√°giles, quebradizas, deshonrosas y desechables que deber√≠an sacar la basura, pero en vez de eso estamos trayendo la gloria de Dios a nuestra gente.

Lo sorprendente es que tal debilidad no es fatal para el evangelio. Afortunadamente, el evangelio no es de nosotros. La gran realidad es que la estrategia de Dios en la arcilla es esencial para el evangelio, porque deja muy claro dónde está el poder. Somos siervos indignos, pero Dios nos ha dado el tesoro del evangelio. ¡Qué inestimable privilegio!
Este fragmento se adapta a la contribución de John MacArthur en Feed My Sheep: A Passionate Plea for Preaching.

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